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Vivir es cuidar

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Por Marcelo Barros

Publicado: martes, 24 de julio de 2018

Somos todos hijos e hijas del cuidado. Nadie sobrevive sin tener, al menos en los primeros días, a una persona que le garantice los cuidados necesarios. En la India del siglo V antes de nuestra era, Sidharta Guatama, el Buda, afirmaba: “Todos / as estamos llamados a mirar a otra persona como una madre cariñosa mira al hijo que está en su útero”.

Filósofos de tiempos antiguos hasta los del siglo XX, como Heidegger, comprendieron que lo que más define al ser humano no es la capacidad de pensar, sino la vocación de cuidar. Lo que nos hace ser personas es la relación del cuidado, recibido y compartido. 

Es urgente recordar eso para comprender mejor las raíces de la crisis social y política en que estamos sumidos. La sociedad contemporánea se desarrolló mucho en el plano técnico y científico. Aunque ha mejorado la comunicación virtual, ni la comodidad ni las facilidades de la tecnología llenan el inmenso vacío que las personas sienten.

En el siglo IV, San Agustín oraba a Dios: “El corazón humano nunca se saciará mientras no reposa en Ti”. Sin embargo, actualmente, parece que la mayoría de la gente no se muestra tan interesada en esa relación. A lo largo de la historia, muchas veces las religiones presentaron a Dios como un ser distante de nuestra vida, todopoderoso, amigo de sus amigos y cruel con los que no lo conocen. Esas imágenes mezquinas de Dios alejaron de él a gran parte de la humanidad. Y eso continúa con hambre y sed de amor. Todo el mundo quiere ser feliz, pero busca la felicidad en el consumo y la ambición del poseer. 

El sistema dominante exiló la ética de las discusiones sobre la vida social. Al hacer eso, la sociedad humana desertó su vocación fundamental de cuidar la vida y las relaciones sociales y amenaza la continuidad de la vida en el planeta.

Quien cree en Dios sabe que su Espíritu se manifiesta en todo acto de cuidado y solidaridad. Muchas veces, las Iglesias tienen la pretensión de decirles a los cristianos y al mundo cómo deben comportarse en la totalidad de sus vidas. Sin embargo, lo hacen en el plano de la moral personal. En el ámbito social y político, los que se dicen creyentes se preocupan más por la moralidad de las relaciones personales que por la ética de la justicia y de la paz. Actualmente, el papa Francisco ha insistido: la ética de Jesús se fundamenta en el amor y la misericordia. 

Las sociedades indígenas de América Latina proponen como criterio de nuevas relaciones sociales el Bien-vivir. Es un camino de cuidado con todo ser vivo y en él podemos contemplar el Espíritu, presente en todo el universo. 

 

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