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CLARIDADES: El diario del Almirante Leahy

Publicado: martes, 15 de agosto de 2017

Leahy sentencia que para España el único valor de Puerto Rico “was its strategic geographical position, and that seems to be its only asset value to the United States at the present time”. Es decir, Puerto Rico es un “lugar geográfico” de valor estratégico, y su población un “problema” que es el costo que hay que pagar por su posesión. La “historia” concluye recalcando la importancia militar de Puerto Rico para Estados Unidos en ese momento: “The high strategic value of Puerto Rico in an American defense against aggression from overseas is a result of its being the most easterly land under American sovereignty”.  La aviación ha servido para incrementarla. Tan importante se ha tornado el Caribe que llega a surgir la adquisición de posesiones coloniales adicionales, entonces bajo control europeo, una idea favorecida por sectores militares a fines de los treinta pero resistida por Roosevelt.

Según Leahy, el Presidente le dio instrucciones verbales para su misión en Puerto Rico (luego las pediría por escrito para su encomienda en Francia). La primera le instaba a atender las “horrorosas” condiciones sociales prevalecientes y mejorar la desesperante situación de la gente menos privilegiada. El desempleo, la sobrepoblación, la pobreza extrema (“abject poverty”), el analfabetismo y los “increíblemente miserables” arrabales configuraban esa situación social. Para enfrenarla se deberían usar todos los recursos gubernamentales y los fondos de la Works Progress Administration (WPA).

La otra misión era militar. Consistía en supervisar la construcción de bases e instalaciones y asistir con las medidas de defensa en el Caribe. Debemos señalar que Leahy había negado vehemente y públicamente en 1939 que su encomienda en Puerto Rico tuviera un componente militar.

A pesar de tener acceso directo a Roosevelt, Leahy le reportaba al Secretario del Interior, Harold Ickes. Antes de venir a Puerto Rico se había reunido con Ickes, Gruening y Winship. Gruening y Winship estaban de salida. Sólo hay una breve referencia a la reunión con Winship relativa a la amenaza del Partido Nacionalista. No revela las instrucciones, si alguna, que recibiera de Ickes. Sin embargo, la descripción que hace de la situación política y social en Puerto Rico es muy cercana a la perspectiva del Secretario; así como la evidente hostilidad hacia la Coalición y, particularmente, su líder máximo Rafael Martínez Nadal. Ickes vio en Leahy la posibilidad de recobrar su autoridad sobre la formulación de la política hacia Puerto Rico, la cual le había sido socavada por la alianza Gruening-Winship-Coalición con la anuencia de Roosevelt.

La visión de Leahy del liderato político puertorriqueño no es nada halagadora. Rafael Martínez Nadal era un “caudillo” que pretendía controlar los nombramientos y se resistía a entender que el Gobernador los hiciera por mérito sin tomar en cuenta las afiliaciones políticas. El “caudillo” había tenido “exclusive influence with preceding governors”, una elite a la cual Leahy describe en forma ambivalente pero con pocas simpatías. El entierro de Santiago Iglesias Pantín se narra como un carnaval ridículo y agotador, y se resiste a considerar que se le honre con un nuevo día oficial. El autor llega a sugerir que Bolívar Pagán, sobre quien no se le escapa mencionar que era yerno de Santiago Iglesias, fue el responsable de una amenaza de muerte contra el Secretario de Hacienda Sancho Bonet que le obligó a renunciar.

Por otro lado, Luis Muñoz Marín era el “brillante y agresivo hijo” de Muñoz Rivera y un “liberal de extrema izquierda”, calificativo sumamente negativo viniendo de un acendrado conservador como Leahy que en otro punto se refiere despectivamente a los liberales en Estados Unidos como “Do Gooders”. Hacia el final del texto Leahy indica que las elecciones convirtieron a Muñoz en el reemplazo de Martínez Nadal y en un “practical dictator”, como si el balance del proceso hubiera sido un cambio de “caudillo”.

Solamente se salva Miguel Ángel García Méndez, a quien exonera completamente de un grave incidente en Utuado, aunque señala los decepcionantes resultados obtenidos en las elecciones. Él era el máximo líder de la Unificación Tripartita Puertorriqueña, lo cual nos indica por dónde andaban las simpatías del autor. Esta valoración generalmente negativa del liderato puertorriqueño, a veces expresada en términos más cautelosos, se recoge también en la versión posterior de las memorias donde afirma categóricamente: “Politics were my first problem in Puerto Rico. They remained with me to the end of my stay”.

 

Fuente: Las Memorias de Leahy Gobernador de Puerto Rico (1939-1940)

 

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claritienda Daniel Santos