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MISIVAS adelanto. poesía de E.S. Ortiz-González

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Publicado: martes, 15 de agosto de 2017

La casa próspera

 

En tu casa atendimos

tus desmanes, 

los atendimos.

 

En tu casa próspera

te atendimos, en silencio

te atendimos.

 

Guardamos silencio

mientras desperdiciabas trigo y vino.

 

Ahora que la desgracia te toca

abandonas aquellos

que cuidaron 

de tu casa y honor.

 

En nuestra ruina

a los dioses elevamos hecatombe

y súplica.

 

Es esta: que larga sea tu vida,

y pasto seas de Las Furias.

 

-- e.s. ortiz-gonzález

 

 

Ante el Foro, c. 500 A.C.

 

Ante este Foro comparezco

para solicitar el poner fin a mi vida.

Mi hogar disfruta de una economía

próspera. Mis bestias y esclavos

están bien cuidados.

Mi reputación no 

tiene malgasto alguno,

y este Foro ha escuchado

mi prudente consejo cuando se debate

el porqué de una ley.

Las Furias nunca han sufrido enojo por

algún impropio proceder de mi parte,

puesto que mi mano

nunca fue esquiva para

quien suplicara hospedaje.

Vivir, sin embargo, se me ha vuelto

aborrecible. He bebido

la copa de la vida, y en mi vejez

no deseo otra que no sea la de mi muerte.

Ante ustedes, con mano abierta comparezco.

Mis arreglos fúnebres

están listos.

Cubran mis cabellos

de flores.

Sea dispensada

la dulce cicuta.

 

-- e.s. ortiz-gonzález

 

 

Nero, Imperator

 

en Roma

el uso de plomo 

en la confección de utensilios

desemboca en la muerte

de Séneca, y

el incendio de los restos

de lo que una vez fue

El Gran Imperio.

 

-- e.s. ortiz-gonzález

 

 

 

La chienne troyanne

 

Perra de mí,

Ilio lleva nueve años de sitio,

 

los que llevo aquí.

A la mesa de Agamenón

 

fuiste invitado, y del tálamo

de Menelao partí

 

hacia el tuyo,

Paris arquero.

 

Nueve años en que

los argivos reclaman mi cuerpo

 

para exhibirlo de trofeo

y escarmiento.

 

Perra de mí. Nueve años

que no abandono este aposento,

 

soy el bien que ha llevado 

a esta ciudad a la ruina. 

 

Mis uñas rasgan mi rostro. 

Mis pechos.

 

Nueve años

en los que a mi pesar 

 

aún me salva la cólera

del pelida Aquiles.

 

-- e.s. ortiz-gonzález

 

 

Embajadas.

 

Bestias, pañuelos perfumados,

esclavas, especias:

 

una vez recibí tu visita.

Bajo mi orden mis esclavos 

te bajaron del caballo,

 

y aderezaron mesa, cama y mujer

para tu estadía.

 

Ese día levantamos copa y juramos

lealtad mutua. Desde ese momento

y por años

 

nuestros reinos gozaron

de auxilio mutuo.

 

Pero todo tiene su fin. 

A mis oìdos ha llegado el rumor

de que te preparas

para invadir mis tierras,

 

y que mis espías 

lograron confirmar. 

Pudo más en tí

la codicia que la palabra dada.

 

Acabo de leer

el mensaje donde aseguras la paz,

cuando ya apertrechas ejército

detrás de las montañas.

Con tu mensajero, mi respuesta.

 

Espero no sea difìcil que metas tu mano

y la saques de adentro de la garganta abierta.

 

Personalmente me esmeré

en abrir un buen tajo

con el filo de mi cuchillo.

 

Las mujeres que enviaste son pasto del rencor de mis soldados,

tus leones víctimas de los míos. 

 

Tu vino baña el filo de nuestras espadas.

Será a ustedes a quienes lo demos de beber.

 

Quiero que sepas 

que mi séquito no es grande,

 

pero hasta mi último hombre

es un dios con sed de sangre. 

Así que, ven a nosotros.

 

En mi mesa tomamos 

la Copa de la Paz,

 

recibe ahora

esta, mi Rosa de la Guerra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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