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Claridades: Lolita

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Publicado: martes, 29 de enero de 2019

Uno de los grandes logros del Movimiento Pro-Independencia (MPI) al organizarse en 1959 fue rescatar la figura de Pedro Albizu Campos y devolver a la memoria de nuestro pueblo, incluyendo al independentismo, a los entonces prisioneros políticos nacionalistas que se encontraban en el presidio en Río Piedras, así como a Lolita, Oscar, Rafael, Irving y Andrés que estaban en cárceles federales distantes.

La represión desatada contra el independentismo bajo la Ley de la Mordaza, en vigor desde 1948 hasta 1957, y usada para llevar a prisión a Albizu y decenas de nacionalistas sembró tal temor en sectores de nuestro pueblo que solidarizarse o meramente hablar de nuestros presos políticos se entendía que podía ser causa para la persecución y acusaciones de violar la Mordaza.

El independentismo electoralista de los años cincuenta no tocaba el tema de los presos políticos ni con una vara larga. Mencionarlos a ellos y a Albizu costaba votos, según la creencia de aquel liderato independentista. Y así fueron nuestros presos relegados a un olvido imperdonable por un gran sector del independentismo hasta que el MPI bajo la dirección de Juan Mari Brás los trajo de manera prominente al debate político del país y enfrentó la infame campaña de Luis Muñoz Marín y el Partido Popular de que no eran presos políticos y meramente eran unos políticos presos.

La muerte de Albizu en 1965 y la enorme expresión de duelo de nuestro pueblo en su funeral rompió el aislamiento al que la propaganda oficialista había sometido la nueva lucha de independencia, cuyos logros no han sido reconocidos plenamente, y que marcan una época de lucha del nivel y la importancia de las que dirigieron Betances y Albizu. Esta época de la nueva lucha tuvo como su dirigente principal a Juan Mari Brás.

Fue muy poco lo que habló de aquel 1ro de marzo de 1954 cuando junto a Rafael, Irving y Andrés le comunicaron al mundo con una lluvia de tiros en el hemiciclo de la Cámara de Representantes en Washington la farsa que se había llevado a cabo en Naciones Unidas exonerando a Estados Unidos de mantener un régimen colonial en Puerto Rico.

La humildad que tanto elogió y predicó Albizu en el revolucionario fue observada plenamente por Lolita. Fue fiel al postulado albizuista de que “la gloria no se escribe con palabras, se escribe con la vida”. Siguiendo la tradición nacionalista Lolita dejó que sus actos hablaran por ella. Pareció recordar siempre aquella sentencia albizuista de que “la humildad es la grandeza y solo somos verdaderamente grandes cuando somos grandes en humildad.” 

Para Albizu la heroicidad era pilar indispensable en la construcción de la nación. Lolita cumplió a cabalidad con ese postulado del ideario albizuista. Otras mujeres nacionalistas exhibieron gran valor y realizaron del “valor y sacrificio” con que Albizu describió la patria. Fue considerada por todos como nuestra heroína nacional y emblema de la mujer puertorriqueña en la lucha de independencia.

Lolita nunca conoció a Albizu personalmente. Pero conoció y vivió su ideario desde que salió de un campo de Lares como otra emigrante mas al barrio boricua de la ciudad de Nueva York. 

Rafael Cancel me ha contado que no tenía un traje para ir a Washington y usó uno que había dejado en Nueva York Roberto Acevedo, uno de nuestros héroes muertos en el ataque a Fortaleza en la insurrección de 1950.

Decía Albizu que un pasado heroico, grandes hombres y mujeres; la gloria: “he aquí el capital sobre el cual se asienta una idea nacional…” Una nación, decía, “es una gran solidaridad, constituída por el sentimiento de los sacrificios que se han hecho y los sacrificios que todavía se está dispuesto a hacer.”

En el duelo de los héroes Elías Beauchamp e Hiram Rosado afirmaba:

“Para entrar en la inmortalidad hay una sola entrada; la puerta del valor y el sacrificio por una suprema causa.”

Lolita ha entrado en la inmortalidad. Su grandeza como patriotan o se habrá de ver en toda su dimensión en un Puerto Rico colonial. Le corresponderá a futuras generaciones en un Puerto Rico libre colocarla en el lugar prominente que le corresponde en nuestra historia y así ser recordada y venerada por todo un pueblo. 

 

Fragmento de la columna escrita por Carlos Gallisá al momento de la muerte de Lolita Lebrón, CLARIDAD 2010.

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claritienda Daniel Santos