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Granada: Un país pequeño, una gran Revolución

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Por Olga I. Sanabria Dávila

Publicado: martes, 2 de octubre de 2018

Este mes octubre se cumplen 35 años desde que una serie de acontecimientos, incluyendo el asesinato de Maurice Bishop y la invasión por una supuesta coalición de gobiernos caribeños liderada por Estados Unidos, pusieron freno a una profunda revolución que Bishop había iniciado en Granada en 1979 con su Movimiento de la Nueva Joya.

Maurice Bishop, el dirigente de aquella revolución y presidente de Granada al momento de la invasión había desatado en el pequeño país del Caribe Oriental un proceso de profunda transformación política, económica y social. Más que nada con su arrojo, su discurso anti imperialista y la movilización de su población de 100,000 empoderó y dio esperanza a un pueblo de historia colonial invisibilizado al decir de Eduardo Lalo, por las políticas de las grandes potencias.

Además de su programa de desarrollo, diversificación económica y derechos sociales para un país que incluía entre sus mayores exportaciones la nuez moscada, a nivel internacional bajo la dirección de Bishop, el gobierno de Granada articuló e implementó una política soberana y anti imperialista. En Naciones Unidas asumió posiciones propias y de avanzada en temas como Cuba y el bloqueo contra ese país, la situación en Centroamérica, la intervención foránea en la región latinoamericana toda, medio oriente y la cuestión palestina, el Aparthied en Sudáfrica y la independencia de Namibia y otros temas de la agenda internacional del momento. En esos años de revolución de 1979 a 1983 Granada se convirtió en un país miembro con activa participación en las conferencias del Movimiento de Países No Alineados.

En el plano bilateral el Gobierno de la Nueva Joya expandió en un gran abanico sus relaciones diplomáticas y de colaboración incluyendo con Cuba, los países del Campo Socialista y países en todas las regiones del mundo. Al ser la población de Granada mayormente negra, Bishop apostó a la influencia de la revolución entre los afroamericanos en Estados Unidos y en los países de Africa.

Ese tipo de cambió en un país del Caribe Oriental, un collar de países-islas de poca población y en su mayor parte recién advenidos al a independencia que baja desde el oriente de Puerto Rico hasta aproximarse a Venezuela, tuvo un gran impacto en la región. Maurice Bishop se acercó a sus vecinos inmediatos y despertó la esperanza de soberanía, desarrollo y una cultura de colaboración y solidaridad en las fuerzas de izquierda de esos países. Cuba le colaboró en diversas áreas incluyendo en la construcción de un nuevo aeropuerto cuya pista principal tendría la capacidad de aterrizaje para aviones grandes y así contribuir al mayor desarrollo del turismo en el país. 

La reacción de Gobierno washingtoniano de Ronald Reagan no se hizo esperar. De inmediato vinieron la estigmatización y las amenazas. Mientras en el seno del Partido de la Nueva Joya surgieron diferencias políticas que desembocaron en el arresto domiciliario de Bishop el 12 de octubre de 1983 por una de las facciones. Dos semanas más tarde, el 19 de octubre, Maurice Bishop y varios de sus colaboradores(as) fueron asesinados a sangre fría. Aprovechando esa situación fue que, bajo los pretextos de la “protección de vidas americanas,” (estudiantes norteamericanos que estudiaban en la Escuela de Medicina de Granada) y que “Granada se estaba inclinando al comunismo,” El 25 de octubre Estados Unidos invadió el país como parte de una supuesta coalición de países caribeños. En dos semanas la revolución había sido traicionada.

Pero en el fondo se trataba de una invasión para apagar aquella revolución increíble que Maurice Bishop y el Movimiento de la Nueva Joya habían desatado bajo sus narices y que era ejemplo para los demás países de la región. Sucedieron al gobierno de Bishop un desfile de gobiernos conservadores que volvieron a “empequeñecer” el país.

Al cabo de un tiempo después de la invasión de Granada se estableció un Comité de Organizaciones Antimperialistas del Caribe y Centroamérica para reconstruir a nivel de organizaciones la comunicación, colaboración y solidaridad que se había logrado bajo la influencia de la Revolución de la Nueva Joya. El mismo reunía organizaciones de la inmensa mayoría de los países de la región, incluyendo de Antigua y Barbuda, Barbados, Dominica, Granada, Haití, Jamaica, San Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y Granadinas, Trinidad y Tobago, Belice, Guyana, Surinam, Cuba, República Dominica, El Salvador, Nicaragua, Panamá, y Puerto Rico. 

Las tres Asambleas que se celebraron del Comité de Organizaciones del Caribe y Centro América, las reuniones del secretariado y el boletín que publicaba, sirvieron para acercar nuevamente las luchas de los pueblos de la región luego de la agresión contra Granada. Representantes de las luchas de decenas de países de nuestra región tenían la oportunidad de compartir información sobre la situación y las luchas en los respectivos países y emitir declaraciones que ponían al día la situación y brindaban solidaridad ante atropellos que ocurrían en los países y en su contra. Fue un antecedente y más radical que el Foro de Sao Paulo.

Varias de las organizaciones miembros del Comité posteriormente, en coyunturas y con posibilidades diferentes, accedieron al gobierno. Es el caso del Partido del Trabajo de Dominica, el Partido Popular del Pueblo de Guyana, el Partido de la Liberación Dominicana, y el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, entre otros.

La destrucción de la Revolución de la Nueva Joya fue ejemplo fehaciente de la prepotencia imperialista y su intolerancia al ejercicio de la soberanía de los pueblos de nuestra región y en el mundo. Es una intolerancia a que gobiernos de la región utilicen su poder para transformaciones que pongan al centro los intereses y el bienestar de sus pueblos. Es la misma intolerancia que al presente se traduce en las fórmulas desestabilizadoras desarrolladas a la medida para cada país con un empeño del llamado “cambio de régimen” que impide que se lleve a plenitud esa intención. Es la misma intolerancia que ha demostrado con Cuba, Nicaragua, y Venezuela.

Pero la realidad de aquella revolución en Granada también fue ejemplo fehaciente de la lucha, de un Caribe solidario y la posibilidad de un futuro mejor. Aunque fugaz en algunos casos, con indecibles obstáculos en otros, la historia reciente de nuestra región refleja la continuidad de esa aspiración.

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