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Huevo de serpiente

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Por Marcelo Barros

Publicado: martes, 2 de octubre de 2018

En Brasil, faltan pocos días para las elecciones que serán presidenciales, así como para el Congreso y para gobiernos y asambleas provinciales. Muchos ya han llamado atención para el hecho que, en todo el país, se propaga una ola de odio y de rechazo a la izquierda (dirigida más directamente al Partido de los Trabajadores). De hecho, casi siempre, la política es más un acto de pasión que de racionalidad. Y la pasión es buena cuando va hacia el amor y la sensibilidad humana. Pero cuando se agudizan odios e intolerancias, puede convertirse en una histeria colectiva que se vuelve, en primer lugar, contra las personas que la viven. 

Si miramos la historia reciente del mundo y de nuestro continente, percibimos que la extrema derecha tiene dominada la política, sea de Estados Unidos, o de países de Europa. También en nuestro continente tienen logrado que el pueblo pobre y los trabajadores voten contra si mismos y su clase. Pronto después se preguntan: ¿Como ocurrió eso? La elección de Trump, la votación del No en los acuerdos de Paz en Colombia y algunas elecciones que tuvimos en países de la América del Sur se pueden explicar por fallas y errores de compañeros, pero las razones más importantes son la actuación agresiva de la prensa a servicio de las elites y la inversión de un capitalismo internacional que perdió la vergüenza y se impone como jamás había hecho, abandonando cualquier disfraz de democracia. Es una nueva versión del “huevo de serpiente” como se llamaba un filme de Ingmar Bergman sobre como, en la Alemana de los años 30, se crearon las condiciones que hizo posible el Nazismo.

En el contexto actual, lo más triste es percibir en las Iglesias cristianas, es fuerte la ola de odio, de intolerancia y de rechazo al nuevo. El papa Francisco ha denunciado que “¡ese sistema mata!”. Sin embargo, ese no parece ser el pensamiento de la mayoría de obispos, curas y de los grupos laicos que dominan las Iglesias. 

El próximo día 14, el papa va canonizar a Monseñor Oscar Arnulfo Romero, mártir de la justicia y de una política vivida al servicio del pueblo. En una de sus homilías, el declaró: “Mi posición de pastor me obliga a ser solidario con toda persona que sufre y a empeñar toda mi vida en la defensa de la dignidad de todo ser humano” (07/01/1979).

Sería bueno que, ahora, pastores y creyentes tengan en su actuación ese mismo criterio espiritual. El proceso social y político debe ser laico y pluralista. Sin embargo, como decía Che Guevara, sin un ser humano nuevo y ético, no habrá jamás una sociedad nueva y transformadora.

 

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

 

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