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Para Myrna Báez “pintar era vivir y respirar”

Manglar, 1977
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Por Norma Valle Ferrer

Publicado: martes, 2 de octubre de 2018

Para Myrna Báez, una de las artistas plásticas más importantes de Puerto Rico en el Siglo XX, “pintar era vivir y respirar”, afirma Margarita Fernández Zavala, quien escribió un importante ensayo sobre su obra. La profesora también fue editora del libro fundamental “Myrna Báez, una artista ante su espejo”, cuyo texto fue realizado con motivo de la magna exhibición que se realizó sobre su obra en el Museo de Arte de Puerto Rico, en el 2001. 

Ese año, yo también tuve el privilegio de conocerla y entrevistarla para Radio Universidad de Puerto Rico. Myrna no era de fácil sonrisa, parecía adusta, seria… Y sin embargo, para las 18 o 19 mujeres, amigas y compañeras, que hoy gestionan sus exequias fúnebres era una amiga entrañable.  “Era también dulce e increíblemente leal,” dice Fernández Zavala, quien la consideraba su “amiga y mentora”, una segunda madre, con quien conversó largo y tendido. “Myrna fue un pilar de mi formación. Entré a su casa y a su vida en 1980, joven y con dos críos, para escribir un artículo, que deseaba leer en el I Congreso de creación femenina en el mundo hispánico, convocado por la Universidad de Puerto Rico en Mayaguez”, explica la catedrática. 

Con mucha generosidad, Myrna le dio acceso a Margarita a todos sus papeles, y así comenzó a organizar su bibliografía, de forma que registraron y retrataron toda su obra. “Ella me abrió su casa y me acogió bajo su brazo. Me gané una mentora, de ahí en adelante le dijo a todo el mundo que yo era su hija mayor,” dice Fernández Zavala; y añade que más adelante le dijo, “Margarita ya no eres mi hija mayor, eres como mi madre”, en alusión a que en esos momentos, Fernández Zavala formaba parte del grupo de amigas que estaban pendientes de ella.

“En un país cada vez más asediado, los artistas deben usar su voz para construir, para defender causas fundamentales sobre todo de la cultura. Esa voz tendrá cada día, más fuerza, a partir de la seriedad de su obra y del reconocimiento que ésta alcance”, decía. Myrna siempre estuvo dispuesta a prestar su prestigio a causas importantes. “Su obra es muy profunda, no solamente en términos de contenido, lo es también porque no jugó al esconder sino que fue sincera en sus búsquedas”, dijo Fernández Zavala.

Sobre la obra artística de Báez, opina que “desde el principio se observa un estilo muy propio, una personalidad propia”. Se formó en España, dónde estudió arte y ciencias, también en Estados Unidos, principalmente en Nueva York. Trabajó en el taller fundado por Lorenzo Homar en los inicios del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP).

En el 2014, la Campechada, que organizaba anualmente el ICP, le fue dedicada a Myrna. “Ella la disfrutó muchísimo”, recuerda Margarita Fernández Zavala, quien la acompañó ese día.  “Pudo sentir el cariño de su pueblo, la gente La detenía y la felicitaban y ella estaba muy contenta”.

A partir de los años 70, Myrna Báez se reconstruye nuevamente . Se obliga a desarrollar toda una línea nueva de pensamiento artístico y feminista. En el 1983 es una de las fundadoras, tal vez el motor, de la Asociación de Mujeres Artistas, en la que fue muy importante. Ella opinaba que los/las artistas tenían que tener comportamiento de artista, por eso visitaba museos en Estados Unidos, Madrid, Alemania, Francia. También opinaba que los artistas debían desarrollar su independencia económica.

“Con el tiempo, su pintura se volvía menos patriarcal, porque ella hacía dibujos desnudos sensuales, que es la mirada masculina. Por su sinceridad fue desarrollando un discurso de género”, dice Margarita Fernández, profesora de la Universidad de Puerto Rico. “Aprendí mucho con ella del color, fue una extraordinaria colorista, cuando ella hacía una serigrafía ella hacía múltiples pruebas de color. Era meticulosa, cuidadosa con el detalle”, apunta Fernández Zavala.

En el 2001, luego de conocer y entrevistar a Myrna Báez le pregunté, con un poco de timidez,  y con el apoyo de Margarita Fernández, si podría concedernos el uso de una de sus obras para ilustrar la Agenda de Nosotras, proyecto feminista que hacía con las compañeras Alana Álvarez Valle y Rosa Mari Pesquera. Accedió con mucha generosidad. Así es como la Agenda de Nosotras 2003, tiene en su portada una obra de Myrna y todo la agenda está inspirada en su obra Mujer ante el espejo. Fue un buen año, en el que cientos de mujeres tuvieron durante todo un año una obra de Myrna Báez entre sus manos para anotar su vida. Este es sólo una pequeña muestra de su compromiso feminista.

Sus amigas y familiares organizan varias actividades de recordación de la importante artista Myrna Báez, que serán anunciadas próximamente. 

Por mi parte, pienso que la mejor forma de recordarla es observando y aprendiendo de su obra, plasmada en catálogos y libros y compartirla ahora y con las futuras generaciones.

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