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Cuando llega el 30 de octubre corro al huerto de la UPR

Facultad Ciencias Naturales después de MAría
Foto por: Eduardo Meléndez/CLARIDAD
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Por Rafah Acevedo

Publicado: martes, 24 de octubre de 2017

 

El primer semestre del año académico 2017-2018 continúa el 30 de octubre.  El rector, doctor Luis A. Ferrao afirmó que "Estamos conscientes de que tenemos retos que enfrentar a diario en medio de la situación que nos ha tocado vivir como país, sin embargo, es nuestro deber ministerial continuar con nuestra misión de educar y ofrecer a nuestros estudiantes la oportunidad de seguir su carrera universitaria y mostrarle nuestra solidaridad”.

El deseo de cumplir con el deber ministerial levanta varias preguntas y dudas. ¿Hay agua? Una pregunta de necesidad básica. Más de la mitad de la población carece de agua potable. Sin embargo, aparentemente, el servicio del “preciado líquido” ya se restableció en el recinto de Río Piedras.  No sabemos hoy si ocurre lo mismo en los restantes diez recintos.  Además, el rector, Luis Ferrao “a tenor con la situación que enfrenta el País, y por ende, el Recinto de Río Piedras”, notificó a la Comunidad Universitaria que se permitirá la venta y consumo de agua embotellada en el Recinto hasta tanto se normalice la situación en la que nos encontramos. 
 
¿Hay luz? Es obvio que la mayoría de los estudiantes que aún no se han dado de baja, y los profesores, desean regresar a la universidad y a los cursos, en resumen, a la vida académica. Sin embargo, al día de hoy, mientras los trabajadores de la Autoridad de Energía Eléctrica carecen de materiales y equipo para levantar la infraestructura necesaria de generación y distribución de electricidad, el gobierno ha otorgado más de 300 millones de dólares en contratos a empresas privadas con dos empleados y con alegados vínculos al director ejecutivo de la AEE y hasta al secretario del Departamento del Interior. El dato concreto: más del 80% de la población carece de energía eléctrica.  Es decir, probablemente el 80 por ciento del estudiantado reside en lugares sin luz y sus hospedajes deben estar en igual situación. La mayoría de los profesores que conozco tienen situaciones similares.
 
Por otro lado, ¿cuáles son las condiciones de salones, laboratorios, y bibliotecas en el Recinto? Se ha dicho que algunos edificios operarán con generadores (plantas eléctricas). ¿Cuáles? ¿Por cuántas horas? Recuérdese aquí que los edificios de la UPRRP, otrora obras de ingenio arquitectónico que permitían la ventilación cruzada, han sido convertidos en cajas sin ventanas. Los edificios construidos más recientemente están diseñados con acondicionadores de aire y para iluminarse con luz eléctrica. Se ha sugerido impartir clases con linternas de ser necesario. Se propone que las clases nocturnas, de 5:30 pm en adelante, pueden ofrecerse sábados y domingos. Es una idea que, en principio, no parece mal porque los sábados y domingos tienen luz natural en horarios diurnos…lo que no resuelve ningún problema en salones sin ventilación y escasa entrada de luz solar. Tampoco hay internet los sábados y domingos. Ni días laborables. En casi todo el país. Y resulta que la internet se usa como recurso en la universidad de este siglo. Lo cierto es que hay muchas preguntas y dudas sobre el regreso a la vida académica. Nadie duda que la administración universitaria debe estar haciendo lo posible dentro de las circunstancias para el  retorno a clases. Lo que sucede es que las circunstancias actuales no se parecen a ninguna otra situación por la que haya atravesado la institución o el país en más de un siglo. Sabemos que tanto los empleados no docentes, como profesoras y profesoras están dispuestos a hacer sacrificios y a ser creativos de modo que podamos retornar a clases y el funcionamiento de la universidad con, al menos, la intención de culminar el primer semestre del año académico. Los estudiantes, como lo han demostrado a lo largo de los años, están dispuestos a todo. Incluso los que se han marchado del país y los que hoy están tratando de sobrevivir en medio de la crisis. 
Muy probablemente, en la continuación del semestre, el primer semestre del año 2017-2018, verá la reducción de secciones debido al gran número de estudiantes que ya se dieron de baja y aquellos que no podrán asistir con regularidad. El semestre debería terminar el 20 de febrero de 2018.
 
La terrible situación en la que se encuentra el sistema universitario a partir del fenómeno natural ha hecho olvidar a muchos la precaria situación en la que ya se encontraba la UPR. Tan cerca como abril del año en curso el plan fiscal de la UPR incluía una congelación de la fórmula de financiamiento hasta el 2026 y un recorte que alcanzaba los $512 millones al año 2025. Apenas en marzo se exigió informar e identificar el 50% de los programas “bajo el nivel de efectividad” que no serán incluidos en la oferta académica del 2018-2019. El concepto de “bajo nivel de efectividad” es similar al lenguaje que el profesor André Spicer comenta en su libro Business Bullshit, del que podríamos parafrasear que “that meaningless corporate jargon is killing our University”. Es decir, el lenguaje frío del neoliberalismo, con su jerga corporativa, pretende usar los criterios de cualquier negocio cuando propone ideas sobre la educación pública. Cosas como que la UPR puede sostenerse a base de patentes y licencias derivadas de sus investigaciones se esgrimen tranquilamente. Ahora, María se ha encargado de reducir a escombros edificios y vida académica. Seguimos en reconstrucción. El huracán del plan fiscal todavía tiene su ojo encima de la torre.
 
El día 30 de octubre iremos a nuestro centro de trabajo con la intención de buscar respuestas junto a colegas y estudiantes. 
 
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