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Los martirios de hoy y la cruz de Jesús

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Por Marcelo Barros

Publicado: martes, 27 de marzo de 2018

En esos días, en Brasil, conmemoramos el martirio de Marielle Franco, consejera municipal de Rio de Janeiro y de su chofer Anderson Pedro Gomes, asesinados en el centro de la ciudad el 14 de marzo. Tres días antes, en Pará, fue asesinado el militante social Pedro Sérgio Almeida, representante de la Asociación de los Negros de la Amazonia. En ese año, son decenas de militantes sociales asesinados por su lucha en defensa de los derechos humanos.. Quien es cristiano no puede dejar de ligar esas muertes violentas al martirio de Jesús que las Iglesias celebran en esos días.

No deja de ser extraño: las Iglesias celebran el memorial de la pasión de Jesús. Sin embargo, quien parece estar siguiendo los pasos de Jesús en su testimonio de dar la vida por los demás no son los más religiosos o personas que dicen hacer eso por causa de la fe. 

En las últimas décadas, en toda América Latina, muchos hombres y mujeres dieron la vida por el pueblo y por la justicia, a causa de la fe. El 24 de marzo, celebramos el martirio del obispo Oscar Romero, asesinado en El Salvador, en el momento en que celebraba la eucaristía. Así como él, muchos hermanos y hermanas han dado la vida para realizar en el mundo el proyecto divino de justicia, paz y liberación. Sin embargo, en la mayoría de los casos, esas personas no han contado con apoyo y comprensión de los pastores de la Iglesia. ¿Por qué la Iglesia que celebra la pasión de Jesús tiene dificultad en reconocer y en vivir el martirio como Jesús vivió?

Hoy interpretar la cruz de Jesús como sacrificio oferecido a Dios para la salvación del mundo parece inadecuado. Además de presentar a Dios como una divinidad cruel que para reconciliarse con el mundo necesita la muerte de su propio Hijo, esa teología separa la muerte de Jesús de todas las otras muertes violentas, ocurridas por la justicia y la liberación. 

De hecho, la cruz era el suplicio que los romanos reservaban para los esclavos rebeldes y los que subviertían el orden imperial. Con esa acusación, hecha por las autoridades religiosas, ligadas al poder político que dominaba aquella región, Jesús fue condenado a morir en la cruz.

La muerte de Marielle, Anderson y Pedro, así como la de Oscar Romero y de tantos otros nos desafían a comprender y celebrar la memoria de la muerte de Jesús como martirio y no como sacrificio. Y ahí sí, la fe en la resurrección de Jesús nos hace ver más allá de la muerte. El martirio no es sólo una forma de morir, sino, sobre todo, una forma de vivir. Creemos en la resurrección. Por eso, a través de la continuidad de la lucha, nuestros mártires son testigos del mismo proyecto pascual de Jesús.

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