Opinión / Editorial

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Oscar, en casa para quedarse

Publicado: martes, 23 de mayo de 2017

Esta edición especial de CLARIDAD rinde tributo y celebra la excarcelación del patriota puertorriqueño Oscar López Rivera, puesto en libertad el pasado 17 de mayo tras más de 35 años prisionero en cárceles de Estados Unidos. Oscar es ya un hombre completamente libre. Con eso significamos que, por fin, dejó la cárcel atrás, porque libre lo era ya, aún tras los barrotes de la prisión o en el infame “hoyo” donde estuvo en solitario por 12 años, o bajo el arresto domiciliario de los pasados meses, porque Oscar posee la libertad de la consciencia y del espíritu, que es la más completa y absoluta de las libertades.

 Pero, sin duda, los últimos días deben haber sido majestuosos para él, al poder desplazarse libremente por las calles de su Patria y regresar a su barrio de Chicago que había dejado atrás hace casi 36 años. Seguramente, majestuoso fue también poder fundirse con su pueblo, a través de las miles de personas que lo aman y respetan, y han acudido masivamente a las diversas actividades que se han celebrado con motivo de su excarcelación. 

Para la familia de Oscar, para sus compueblanos de San Sebastián del Pepino, para la comunidad del Barrio Boricua de Chicago, para el Movimiento Patriótico Puertorriqueño, y para todos los hombres y mujeres de buena voluntad que, a lo largo y ancho de nuestro país y desde la diáspora, hicieron causa común en la lucha por su excarcelación, también estos días han sido majestuosos. Ver salir de la cárcel a este hombre de una sola pieza, con su dignidad intacta, y reiterando, con la misma firmeza de siempre, su compromiso de lucha y resistencia por la independencia de Puerto Rico, es un triunfo enorme y un gran ejemplo, que debe servirnos de motivación para la lucha que queda por librar hasta lograr que la nación puertorriqueña dé el paso definitivo a su plena soberanía política y económica, y a su transformación en una sociedad de justicia social y verdadera democracia. 

El más resonante mensaje de Oscar es su ejemplo; un ejemplo perfecto en estos momentos en que los problemas del País pesan tanto, y hay cinismo y desesperanza entre importantes sectores de nuestro pueblo. Es el ejemplo de un hombre que, luego de 35 años ininterrumpidos de cárcel, donde sufrió tortura y las peores vejaciones y maltratos, se nos presenta ligero de cargas, sin odios ni amargura, mirando con amor y respeto a sus semejantes, y con optimismo hacia el futuro. Su vida es también un ejemplo de lucha, de una lucha constante que se intensificó a su regreso de la injusta guerra de Vietnam y que no se ha detenido nunca, ni en la comunidad, ni en el destierro, ni en la clandestinidad, ni en la cárcel, y mucho menos se detiene ahora, cuando tanto se necesitan ejemplos como el suyo.

Oscar López Rivera es miembro de la cepa ilustre de luchadores y luchadoras independentistas que se han jugado el todo por el todo, en un combate desigual con el imperio más poderoso del mundo, Estados Unidos de Norteamérica. Lo han hecho para que Puerto Rico pueda dejar atrás el repudiado coloniaje. Para que el pueblo puertorriqueño, al igual que todas las naciones soberanas del mundo, pueda ejercer su derecho inalienable a la autodeterminación e independencia, el cual le ha sido vedado, primero por España y, desde hace 119 años, por Estados Unidos.

Hoy, Oscar está de nuevo entre los suyos y por eso celebramos. Y agradecemos a todas las personas, grupos e instituciones –pequeñas y grandes, gubernamentales y no gubernamentales, privadas y cooperativas, religiosas y laicas, de todo tipo y quehacer– que, a lo largo de las décadas que duró su encierro, respondieron al llamado de la solidaridad humana para contribuir a la lucha por su excarcelación, movilizándose de una y mil maneras. 

Reconocemos, también, a los y las indispensables. A todos esos extraordinarios seres humanos que, por conciencia y compromiso, desinteresadamente hicieron suya la causa de la liberación de Oscar y, cada cual desde su trinchera y a su modo, movieron cielo y tierra hasta lograrlo. Agradecemos también la solidaridad expresada por grandes personalidades de Puerto Rico, Estados Unidos, y el mundo –entre los que se cuentan reconocidos políticos, grandes artistas, profesionales distinguidos, varios premios Nobel, exjefes de Estado y prominentes figuras religiosas– quienes en diferentes momentos clamaron por su liberación. Muy importantes también fueron los pronunciamientos a favor de la excarcelación de Oscar acordados en cónclaves de organismos regionales de los países de América Latina y El Caribe, y que fueron promovidos por los gobiernos de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Ecuador, entre otros. Por último, pero no menos importante, agradecemos al ex presidente de Estados Unidos, Barack Obama, la conmutación de la sentencia que ha permitido que Oscar esté hoy entre nosotros.

Hoy, Puerto Rico vive un nuevo e ignominioso capítulo de su historia colonial, por la intervención del Congreso de Estados Unidos y su ley PROMESA, que ha impuesto al gobierno de Puerto Rico una Junta de Control Fiscal y una jueza del Tribunal de Quiebras Federal. Junto a las medidas de austeridad y sacrificio que se avecinan, seguramente también crecerá la lucha del pueblo. En esa coyuntura, vendrá como anillo al dedo la lección de lucha y resistencia que nos ha dado Oscar. Para fortalecer el espíritu y la voluntad, vivamos a plenitud este gran momento y abracemos al patriota que vuelve a casa para quedarse.

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