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Confrontación irreconciliable

No hay duda de que el presidente del PPD, Alejandro García Padilla, expresó gran preocupación ante los repetidos llamados al diálogo y a la búsqueda de consensos dentro del partido en su discurso durante la celebración del 62 aniversario del ela en Guayama.
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Por Carlos Gallisá

Publicado: martes, 29 de julio de 2014

n amigo, que por muchos años estuvo en la dirección del Partido Popular Democrático (PPD), me decía que cada vez que se presentaba en el PPD un debate ideológico los gritos de UNIDAD enterraban la discusión. En estos momentos el PPD se encuentra en uno de los muchos debates que ha tenido sobre la definición del ELA. Los debates anteriores eran entre bandos reformistas dentro del proyecto colonial. El de ahora, sin embargo, se distingue de los pasados en que existe una facción soberanista que impulsa un proyecto descolonizador, que se le llama indistintamente ela soberano o libre asociación.

Los bandos de ahora se distinguen claramente. En un lado están los colonialistas defendiendo el ela como está, con la coletilla de siempre de "con el máximo desarrollo dentro de la unión permanente y el lazo indisoluble de la ciudadanía americana."Al otro lado, los soberanistas, que por primera vez en un debate interno impugnan el ela actual, señalan que ya no le sirve al país, reclaman soberanía y un ela no colonial ni territorial.

El PPD, en esta confrontación, se encuentra en una coyuntura política en que le va la vida como partido. No creo que la dirección y la mayoría de la base partidaria vean la confrontación en esa dimensión, pero no hay duda de que el presidente de la colectividad, Alejandro García Padilla, expresa gran preocupación ante los repetidos llamados al diálogo y a la búsqueda de consensos dentro del partido en su discurso durante la celebración del 62 aniversario del ela.

Casi nunca en la historia de los partidos estos reconocen su desgaste y el peligro de colapsar y se anticipan tomando medidas para evitar su desaparición. La mayoría de las veces se ignora la gravedad de la situación porque la solución al problema requiere tomar decisiones radicales como la ruptura con el discurso de muchos años y no hay el valor político para hacerlo.

En el caso del PPD el momento demanda que retome la postura anticolonial que abandonó a mediados de los años cuarenta en aras de una industrialización del país para lo cual sus promotores entendían como imprescindible el libre acceso al mercado estadounidense que la colonia garantizaba en aquel entonces. Ése es el origen del ela colonial. Con el proyecto de industrialización el PPD se convirtió en otro partido, muy distinto al que se fundara en 1938 y gobernara en el cuatrienio 1940-44. El nuevo PPD se subordinó al capital yanqui e hizo de éste la base económica de su poder político.

En el nuevo camino escogido se enterró el discurso de justicia social, la identificación con la clase trabajadora y el reclamo de independencia. Mantener un atractivo clima de inversión y la paz industrial eran ahora las prioridades. Al principio el nuevo PPD jugó el papel de intermediario entre el capital y el trabajo. Pero no tardó mucho en asumir la representación de los intereses del capital.

Los tiempos son otros y las realidades de hoy son muy distintas a las de los años cuarenta. La crisis económica que vive el país, cuya gravedad es reconocida por todos, habla por sí misma.

La rectificación que tiene que hacer el PPD no es poca cosa. Aceptar que el ela es colonial y la urgente necesidad de soberanía en el Puerto Rico de hoy es un bocado muy grande para tragar los Hernández y los García Padilla. Ambos se han definido por lo fracasado en los 62 años del ela: enumerar áreas de crecimiento del ela y aspirar a ser oídos en Washington. Como si desde 1952 no hubiéramos tenido el proyecto Fernós-Murray, las cartas Kennedy-Muñoz, el Nuevo Pacto, el Pronunciamiento de Aguas Buenas y decenas de resoluciones y acuerdos sobre el crecimiento del ela. Todos fracasados. Y ése es el camino que una vez mas los colonialistas convocan a recorrer con la pretensión de que ése sea el punto de encuentro o consenso en sus filas.

A este momento tanto los colonialistas como los soberanistas no dan señales de entender que sus posturas son irreconciliables. Ese entendimiento le es más urgente alcanzarlo a los soberanistas cuya organización y formación ideológica, en términos generales, es embrionaria y, por lo tanto, débil, lo que los hace más susceptibles a ser vencidos.

Si las posturas son irreconciliables, como lo son, entonces no hay otra salida que medir fuerzas y la confrontación es inevitable.

Una mirada a la historia de los partidos políticos nos dice que la dirección de los partidos, en momentos en que se exigen definiciones y hay que tomar nuevos rumbos, asume la línea conservadora e insiste en que sólo hacen falta unos ajustes menores para superar la crisis. Además, es la vía para mantener sus puestos en la dirección partidaria. Esa historia también nos dice que los cambios y la renovación de los partidos los hace una nueva dirección.

¿Están los soberanistas concientes y preparados para una batalla en que no hay espacio para llegar a un consenso? ¿Que es todo o nada? ¿O veremos una vez más lo que mi amigo me decía, que los gritos de UNIDAD y que lo importante es ganar las elecciones del 2016, enterrarán una vez más el debate en el PPD?

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