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EDITORIAL: Un llamado al civismo y la colaboración

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Por Dirección de CLARIDAD

Publicado: martes, 29 de julio de 2014

Además de los males fiscales y económicos que afectan a Puerto Rico, hay otros eventos que también comienzan a tener un impacto considerable sobre nuestra vida cotidiana y la convivencia colectiva, los cuales somos llamados a enfrentar juntos y en actitud de civismo y colaboración.

Por un lado, la sequía que amenaza nuestros abastos de agua potable y de cultivo, que empieza a tener un efecto negativo en la agricultura y otros renglones económicos, amén del impacto en la ciudadanía, que ya comienza a inquietarse por una posible escasez de agua, con la que se atienden tantas necesidades individuales y familiares. Por otro lado, se extiende a través de Puerto Rico la epidemia del virus de “chikungunya”, un nuevo patógeno ajeno a nosotros que, sin embargo, ya está golpeando con fuerza en diversas áreas geográficas de nuestro país, provocando la incapacidad física, la pérdida de ingresos laborales y otros gastos extraordinarios a los individuos y familias afectadas por la enfermedad.

Aunque se trata de dos eventos sobre los cuales nadie tiene control, es importante que la respuesta conjunta del Gobierno, la ciudadanía y todos los sectores sociales y económicos sea dirigida a contrarrestar sus peores efectos para evitar tener que enfrentar un desastre de graves consecuencias, tanto por su impacto humano como por el efecto negativo en la productividad del País.

Expertos como el planificador profesional y columnista de este semanario, Félix Aponte Ortiz, han advertido acerca de la necesidad de la acción concertada para prevenir que la sequía desemboque en desastre ambiental y económico, haciéndose ya evidente la escasez de agua en los ríos, quebradas, acuíferos y sobre todo, en los embalses que almacenan y suplen el agua potable a las distintas regiones del País. Independientemente de las medidas que tome o deje de tomar la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) ante la emergencia provocada por la sequía, a las personas, como ciudadanos responsables, les compete hacer su parte, tomando acciones proactivas para no desperdiciar el preciado recurso del agua, sobre todo ahora que escasea. Tanto en las casas, como en los comercios y las industrias, a las personas encargadas les toca implantar y poner en vigor medidas prudentes de conservación de agua, para así evitar tener que enfrentar un racionamiento masivo más adelante. Una acción tan simple como cerrar el grifo mientras nos cepillamos los dientes, puede representar el ahorro de cuatro galones de agua cada vez que se realiza dicha actividad.

La misma actitud ciudadana vigilante y de prudencia debe aplicarse ante la emergencia sanitaria por el virus de “chikungunya”, la cual ha sido atendida con diligencia por la secretaria de Salud, Ana Rius, y las autoridades del Departamento de Salud. Éstas, además de tomar medidas proactivas para identificar las personas afectadas, realizar y financiar las correspondientes pruebas clínicas, y atender a la población en las áreas geográficas de donde provienen el mayor número de casos, también han desarrollado numerosos esfuerzos de orientación e información ciudadana, no sólo sobre las medidas para atender los síntomas de la enfermedad, sino sobre cómo prevenir el contagio y diseminación del virus.

Si ya se sabe que el virus es transmitido por el mosquito que también transmite el dengue, es responsabilidad de cada persona velar porque no haya posibles criaderos de mosquitos en sus casas, calles, barrios, comunidades y urbanizaciones; por avisar al Departamento de Salud sobre la existencia de estructuras abandonadas que puedan representar un riesgo para el vecindario; por prevenir las picadas de mosquito utilizando repelente y la ropa adecuada. Todas éstas son medidas sencillas que pueden hacer una gran diferencia para detener la marcha de un virus que causa mucho dolor e incapacita temporalmente al que lo sufre, y para el cual los puertorriqueños aún no hemos desarrollado inmunidad.

Juntos, los puertorriqueños y puertorriqueñas de buena voluntad, en actitud de civismo y colaboración, podemos contribuir a evitar que la sequía y la escasez de agua se conviertan en un desastre público mayor, así como también el impacto del nuevo virus de “chikungunya”.

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