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¿Quién defiende al pueblo de Quebradillas?

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Por Elliott Castro Tirado

Publicado: lunes, 15 de diciembre de 2014

Felo Rivera es un deportista que puso por delante sus intereses personales, o mejor dicho económicos, al llevarse la franquicia de los Piratas de Quebradillas a Manatí. Es probable que en términos estrictamente de dólares y centavos, a corto plazo haya sido una decisión sabia para su bolsillo. Es importante recordar que Felo no es un millonario de recursos ilimitados.

Pero lo que es bueno para el bolsillo de Felo, no necesariamente es beneficioso para el deporte puertorriqueño, y mucho menos para el pueblo de Quebradillas y por eso reclamo acción a todos los que pueden hacer algo al respecto.

Ésta no es la primera vez que Felo carga con un equipo en el baúl de su auto para otra comunidad. Se lo hizo antes a su propio pueblo natal de Caguas. De hecho, son historias aparentemente similares, aunque con profundas diferencias.

Nadie puede discutir que Felo es un conocedor profundo del basket boricua y lo ha probado, al menos en dos ocasiones. Con movidas arriesgadas, cambios precisos y refuerzos matadores, aunque no de juego espectacular, en el 2006 guió a los Criollos al campeonato, bajo la dirección del jovencito Leonel Arill.

En el 2008, supuestamente dejó el equipo y fue electo mandamás del BSN, cuyo breve mandato estuvo salpicado de controversias y demandas.

Un año más tarde (2009), detuvo su auto en el Guajataca y del baúl sacó un equipo que la gente bautizó como los Pira-Guas, por aquello de haberse llevado el grueso de los Criollos. Una vez más, con buen ojo para contratar refuerzos y realizar cambios arriesgados, ese mismo año llegó a la final, la que perdió con Bayamón.

Con básicamente el mismo personal, dos años más tarde volvió a la final, pero perdió con Arecibo, enemigo eterno de los Piratas.

Finalmente en el 2013, dio el trastazo cuando los Piratas vencieron a los poderosos y favoritos Leones de Ponce en la final y se coronaron campeones. La celebración fue tumultuosa y retumbó a todo lo largo y ancho de la Isla, pues décadas antes, Quebradillas había sembrado fanáticos regados por todo el País. De hecho, ese fue el primer campeonato de los Piratas desde 1979.

Indiscutiblemente, ese título fue un homenaje adicional a la sagacidad de Felo en la construcción de equipos de baloncesto ganadores.

Lesiones de todo tipo impidieron que el equipo pudiera siquiera acercarse a repetir en el 2014, aunque un aleteo permitió eliminar a Bayamón en cuartos de finales, tras haber tomado la polémica decisión de sustituir al respetado técnico Carlos Calcaño y asumir la dirección.

Pero la realidad no le permitió otro cuento de hadas y en semi cayó una vez más antes Arecibo.

 

La venta de Huertas desbordó la copa

En el proceso, su relación con la exigente fanaticada de Quebradillas se fue deteriorando a pasos agigantados, al extremo de perderse el respeto mínimo necesario para seguir juntos. La “venta-cambio” del jugador franquicia David Huertas, nada menos que a Arecibo, en la que es dudoso que los Piratas reciban algo, aparte de $$$, fue una gestión poco prudente, que desbordó la copa de la paciencia del pueblo que es conocedor del baloncesto.

Luego, Felo intentó presionar a la fanaticada, citando a una asamblea “de pueblo”, cuyo verdadero propósito era vender abonos para la próxima temporada. Solo tres personas se comprometieron, mientras lo que predominó fueron las muestras inequívocas de rechazo de un pueblo, algunos de cuyos componentes recurrieron a insultos y ataques personales de todo tipo.

En ese ambiente, era imposible que Felo y Quebradillas continuaran juntos una temporada más. Aun así, es injustificable que Felo volviera a montarse en su carro y esta vez llegara a Manatí para entregarle al alcalde de ese pueblo la franquicia de los Piratas… sin Huertas.

Peor aún fue que con votación de 7-2, la Junta de Directores del BSN, compuesta por los dueños de los equipos, aprobara el “traspaso por un año”, sin brindarles la oportunidad de expresarse a los representantes del pueblo de Quebradillas y sin el análisis a fondo de la situación y sus consecuencias.

 

Los Piratas son la razón de ser del pueblo

Por si alguien no lo sabe o se le ha olvidado, se trata de una comunidad pequeña y gente de limitados recursos económicos, que ahora mismo está duramente golpeada por la situación económica por la que atraviesa todo el País. Quebradillas es un pueblo que vive para y por los Piratas. Además, el torneo representa una fuente importante de ingresos para mucha gente en la comunidad y sus alrededores.

Durante décadas, Quebradillas fue un equipo malo, hasta que a mediados de los sesenta, llegó procedente de Nueva York un boricua sambo que encabezó una verdadera revolución. Con voluntad férrea, Raymond Dalmau lo mismo anotaba a distancia, que penetraba, dribleaba, reboteaba y gardeaba a los mejores rivales. Luego vino otro de sus panas, también de Nueva York… y poco después se integró otro, hasta que en el ‘69 llegó Neftalí Rivera.

Encabezados por Dalmau y Neftalí, Quebradillas tomó por asalto el baloncesto en Puerto Rico. Cuando derrotaron a Bayamón en una serie final para la historia en 1970, ya los Piratas se habían transformado en leyenda viviente, con un apoyo gigantesco en toda la Isla, que no tenía precedentes. Antes que terminara la década, Quebradillas celebró otros tres campeonatos (77, 78 y 79)… los últimos hasta el del 2013.

Los cambios profundos sufridos por el deporte en general y el baloncesto en particular, hundieron el barco Pirata, al extremo de tener que recesar desde el 2005 hasta el 2008. En el 2009 llegó Felo y el resto es historia hasta ahora.

 

¿Quién protege a Quebradillas?

Entiendo que los restantes apoderados del BSN protejan los intereses de Felo, quien es uno de sus miembros. Pero, ¿quién defiende los derechos del pueblo de Quebradillas?

Para garantizar la reintegración de los Piratas al BSN hace apenas seis años, se construyó un enorme coliseo, que obviamente lleva el nombre de Raymond Dalmau, quien no solamente siempre jugó con Quebradillas, sino que allí se casó y tuvo tres hijos, que al igual que él, vistieron el uniforme Pirata.

Ese coliseo se levantó para que jugaran los Piratas y punto, pues allí no se celebrarán conciertos u otros espectáculos. Si el equipo no juega, se convertirá en un “elefante blanco” y se deteriorará de aburrimiento y tristeza.

Si no existiera ningún otro argumento, ése sería suficiente para exigirles a todos los que tienen algún poder, que no permitan que se deje a esa comunidad sin su equipo de baloncesto.

No se trata de chantaje o reclamar intervención indebida, pero tiene que haber algún grado de responsabilidad social de parte de los que se benefician de las aportaciones gubernamentales, ya sea municipal o “estatal”. No me digan que haberlo usado durante seis años para el BSN ha sido “pago” suficiente.

Del mismo modo que les exigimos acción a las autoridades gubernamentales, lo menos que esperamos es que la Junta de Gobierno de la Federación de Baloncesto intervenga inmediatamente.

Como custodios del baloncesto en el País, los directivos de la Federación deben asumir jurisdicción en el asunto y proteger los intereses del deporte en general, y de la comunidad de Quebradillas en específico.

Lo menos que pueden hacer es exigir al BSN a comprometerse a devolverle la franquicia de los Piratas a Quebradillas para el 2016.

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