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Javier, cumpliste con la Patria

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Por Víctor López

Publicado: martes, 10 de julio de 2018

El pasado jueves 5 de julio fue un día histórico para el deporte puertorriqueño, pues se acogió al retiro el mejor deportista de atletismo que ha producido nuestra Patria, Javier Culson. Lamentablemente, no pudimos estar en el conversatorio que Javier y su entrenador, el profesor Héctor “Kno” Amill, sostuvieron con la prensa en el COPUR, debido a que estaba fuera de Puerto Rico. De hecho, estoy escribiendo estas notas desde Ottawa, Canadá, donde me encuentro asistiendo a una competencia del deporte al que tanto Javier y yo le debemos lo que somos hoy día. 

La presidenta del COPUR, la compañera Sara Rosario, me llamó el día anterior para decirme que Javier y Kno querían que yo estuviera presente en su conversatorio con la prensa del País, donde anunciaría su retiro como atleta activo. 

Luego recibí un correo de Javier Gorbea solicitándome que escribiera unas notas sobre Javier para CLARIDAD, lo que acepté con mucho orgullo, pues escribir para el periódico nacional y sobre Javier Culson es un honor que acepto humildemente.

Podemos comenzar a hablar de Javier primeramente expresando una vez más que este gran puertorriqueño ha sido hasta el momento el mejor atleta del deporte rey, el atletismo, que ha producido nuestra patria. Quizás, incluso es el atleta puertorriqueño más conocido alrededor del mundo, ya que el atletismo es practicado en todos los países del globo terrestre y lo practican todo tipo de seres humanos, la gran mayoría de extracción humilde. Y como Javier compitió al nivel más elevado por diez años a través de todos los continentes, es por eso que nos atrevemos a decir que es el atleta puertorriqueño más conocido internacionalmente alrededor del mundo. Es cierto que tenemos grandes atletas que nos han representado y nos representan internacionalmente; pero como el atletismo es un deporte de masas y se practica en todos los países del mundo y hay competencias del más alto nivel en todos los continentes, nos reafirmamos que nuestro Javier Culson es el más conocido internacionalmente.

Lo más importante de Javier y de su carrera como atleta es el legado que le ha dejado a nuestro país, pues podríamos dividir la historia de nuestro atletismo como, “antes de Javier” y “después de Javier”. Definitivamente, el giro que dio nuestro deporte a nivel nacional e internacional desde que él comenzó a dominar su evento internacionalmente, del 2007 para acá, fue de 180 grados. No es pura casualidad que de Javier en adelante, la mayoría de atletas que nos representan en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, los Juegos Panamericanos y los Juegos Olímpicos son del deporte de atletismo. Estamos hablando de deportes individuales y no de deportes colectivos. Me atrevo a decir que al Javier convertirse en un héroe de nuestra patria y demostrar que era por muchos años el mejor del mundo en su evento, estimuló a muchos y muchas atletas jóvenes a incursionar en el deporte de atletismo y practicarlo y a estar convencidos de que se podía y se puede llegar al podio. Este legado es innegable y sabemos que muchos jóvenes que practican el deporte de atletismo en nuestro suelo patrio han sido inspirados por Javier y muchos ya están como él, llegando también al podio.

Nuestra relación con Javier y su entrenador Kno Amill ha sido muy estrecha. A principios del 2007 o antes, ellos me fueron a visitar a mi oficina en Carolina para solicitar mi ayuda. Creo que fue después del Campeonato Iberoamericano en Ponce, en el 2006 donde él ganó. Me puse a su disposición, como lo he hecho con muchos atletas nuestros. 

El Kno me solicitó que le ayudara a conseguirle competencias internacionales a Javier y que los asesorara en el entrenamiento y en lo que yo entendiera pudiera llevar a Javier a un nivel más elevado. En lo del entrenamiento fue muy poco lo que tuvimos que aportar, pues Kno es de esos entrenadores innatos y de un nivel intelectual elevado que ya estaba utilizando la metodología correcta en el entrenamiento que preparaba para Javier. Por eso, le aconsejé que no cambiara nada, pues lo que entendíamos ambos era que lo que necesitaba Javier era competencias internacionales de alto nivel y alguien que lo manejara como agente y lo representara en el aspecto del mercadeo y auspicios. Me comprometí con ellos a utilizar todos mis contactos a nivel internacional para lograr la meta deseada.

Tan pronto ellos se fueron, me comuniqué con Michael Johnson, amigo nuestro desde que era atleta juvenil, y le dije que había un atleta de Puerto Rico que podía ser el mejor del mundo en los 400 con vallas y que hasta podría romper el récord mundial. Michael me manifestó que él solamente representaba a un atleta, Jeremy Wariner, que el ser agente de atletas no era su negocio; pero que por la amistad que teníamos estaba dispuesto a evaluar a Javier y me informaría si decidía representarlo. Ese año logré conseguirle un carril a Javier en el Gran Prix de Nueva York y se lo informé a Michael para que lo fuera a ver. Aunque Michael no pudo ir personalmente, envió a Deon Minor, su asistente y gran amigo nuestro también, que era esposo de una de mis exatletas de la Universidad de Rice, así que éramos como familia. Javier corrió una gran carrera en Nueva York y dejó boquiabiertos a todos, incluyendo a Deon, que rápido se comunicó conmigo y con Michael y nos dijo “He is for Real”; en arroz y habichuelas, nos decía que Javier era un fenómeno de verdad. 

Al rato, Michael se comunicó conmigo y me pidió que fuéramos la semana siguiente a Dallas a visitarlo para que Javier firmara un contrato con él y para hacerle unas evaluaciones físicas en el centro de entrenamiento que tiene en Dallas. Así lo hicimos y de ahí comenzó el estrellato de Javier. Solamente faltaba conseguir un contrato con una firma de zapatos de correr y, aunque Michael había competido toda su vida bajo contrato con la firma Nike, le estaba haciendo una propuesta a la firma Adidas para Javier. Estos todavía no se convencían de su gran talento, y no querían firmarlo hasta que no vieran su actuación en el Mundial de Berlín en 2007. Así que se enfilaron todos los cañones para que Javier tuviera una gran actuación en Berlín, lo que cumplió llegando segundo. Inmediatamente, el representante de Adidas llamó a Michael para que llevara a Javier a la Casa Adidas en Berlín para firmar el contrato. Al día siguiente, fuimos a la Casa Adidas. Al principio, Adidas no quería firmar la propuesta hecha por Michael, pues era una muy jugosa, pero Michael siguió negociando hasta que Adidas aceptó y se firmó un contrato por cuatro años, que se fue renegociando cada cuatro años. Después de la firma, nos fuimos a celebrar Javier, Kno, Deon, Evelyn y yo a un restaurant cubano que habíamos encontrado muy cerquita de la Casa Adidas. Lo demás es historia y pudiéramos hablar de las estadísticas de Javier, que son impresionantes. A aquellos que estén interesados, les recomiendo la página sueca de internet Tilastopaja donde las encontrarán, desde sus comienzos. Verán lo impresionantes que son. 

Quisiéramos seguir escribiendo muchas cosas de Javier, como son su humildad, que es un hombre de familia, orgulloso de su Ponce y su Patria, amante de los seres humanos, especialmente de los niños y niñas, de su ejemplo para los demás atletas y de que logró que el Ponce Grand Prix, competencia que nosotros fundamos con la ayuda de la organización Voluntarios Por Ponce y el Municipio de Ponce, se convirtiera en una de las mejores competencias de ese nivel en el mundo. 

Gracias Javier por lo grande que has sido como atleta activo, por tu amistad sincera conmigo y con Evelyn, por el legado que le dejas al País, por ser ejemplo para toda la juventud puertorriqueña y por enaltecer el atletismo boricua a nivel mundial. Y a ti Kno, que te mereces todo el respeto y admiración de la Patria que tú amas, gracias a nombre de todos los entrenadores del País y del mundo, pues eres respetado por todos los que le hemos dedicado toda una vida a esta profesión, tan sacrificada, pero gratificante, cuando las cosas se logran como tú y Javier lo han hecho. Nuestra solidaridad patriótica con los dos, y no puedo cerrar este escrito sin la frase del hermano Elliott: “¡Qué buenos son!”

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