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Perdone, Hostos, usted sabe que la ignorancia es atrevida*

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Por Rafah Acevedo

Publicado: jueves, 10 de enero de 2019

Cuando uno es joven come fuego. Y sin embargo, es difícil ver el pan en el horno, haciéndose lento, llenando todo de su aroma alimentario. A muchos nos pasó que, de cabeza en el mar de la historia, nos llenó Betances el imaginario, con su afán armado de independencia. Y pensamos que Hostos, cuyos abuelo le añadió una H a su apellido para desligarse un poco de lo peninsular, pensamos, decía, que Hostos pensó demasiado. Como si pensar no fuera necesario. Como si fuera secundario. ¡Qué disparate!

Hostos, peregrino, salió de Mayagüez muy joven y en España estudió y fue madurando su razón de lucha. Paso a paso, metódico, su radical espíritu científico y racional le valió el deseo de la autonomía, la educación, la independencia.

Como Martí y tantos, en Nueva York se unió a la revolución Cubana por la independencia. Y, como programa, también luchó por la independencia de Puerto Rico. Peregrino, Eugenio María de Hostos pasó a Cartagena enamorado de una muchacha y de América Latina. De Cartagena se fue a Perú. En Lima, fundó el periódico La Patria; defendió a los chinos explotados; combatió una concesión y rechazó un donativo “para la lucha por la independencia de Cuba” del ferrocarrilero, Meiggs, formidable estafador que huyó de San Francisco y en Perú y Chile se hizo rico par de veces negociando con el dinero público. No, Hostos no negociaba con esos triunfantes capitalistas ni aunque necesitaran el dinero, él y su causa .

Del Perú el educador pasó a Chile donde publicó la segunda edición de La Peregrinación de Bayoán y la Biografía crítica de Plácido, el poeta negro cubano, romántico difusor del criollismo, fusilado en Matanzas, Cuba, en 1842. De sus dos años en Chile son también sus conferencias sobre La enseñanzas científica de la mujer, y su Ensayo crítico sobre Hamlet. 

A su labor pedagógica y ensayística hay que añadir sus esfuerzos por la independencia de Cuba, causa que lleva a todo rincón en el que trabaje. Y trabaja incansablemente. En 1873  está en Argentina donde abogó por la construcción del ferrocarril trasandino, y rechazó la cátedra de Filosofía que le ofreció la Universidad en Buenos Aires, diciendo que su deber le imponía ir a “ser brazo de una idea de la que he sido cabeza y corazón”. Regresa  a Nueva York en abril de 1874. 

Justo un año después, en abril de 1875, embarca en Boston en el “Charles Miller” con el General Francisco V. Aguilera, proa hacia la guerra cubana. Es una locura: “He dicho que sí. Voy preparándome para salir pasado mañana. Será un locura, pero es preferible ser loco a vivir entre esta gente”, escribe en su Diario. Aguilera era “el hombre más rico de Oriente”.  Dueño de ingenios y tierras de cultivo, de teatros y ganado,  de quinientos esclavos y fincas rústicas, entrego todo a la guerra por la independencia. Con él se embarca Eugenio María de Hostos. Sin embargo, tuvo la mala suerte (¿la buena suerte?) de que el mal tiempo obligó a la embarcación a recalar en la costa de Rhode Island.

Entonces, regresa a Nueva York, donde recibe honores de Chile y sigue su lucha entre los revolucionarios cubanos y puertorriqueños. Ya en el verano de ese año viaja a República Dominicana. Desde allí le escribe al general Aguilera. Le invita a organizarse y participar en un desembarco en Cuba. Los revolucionaros partirían de Panamá. No se concreta ese plan.

No hay más aventuras revolucionarias. Mientras tanto ¿qué hace Hostos en República Dominicana? En 1879 funda la Escuela Normal dé Santo Domingo. A partir de 1880 es catedrático de Derecho Constitucional, Internacional y Penal y de Economía Política en el Instituto Profesional. En 1881 publica Los frutos de la Normal, dicta conferencias sobre el Manejo de globos y mapas, la Historia de la pedagogía, las Nociones de la ciencia de la pedagogía y las Nociones de Prehistoria. 

Un año después imparte un curso de  Derecho Constitucional, conferencias de Nociones de Economía Política, las de Derecho Penal y los Comentarios de Derecho Constitucional. A eso siguen su Tratado de moral, sus Vidas ejemplares y Nociones de Crítica General. Es solo un ejemplo.  En 1898, pobre, relativamente solo en su lucha por la libertad de sus países, que incluyen a Puerto Rico, Hostos se enfrentó a la invasión con igual afán. Pero esa es otra historia.

El asunto es que Hostos, ese formidable intelectual, filósofo, educador, político, considerado como un “reformista” por aquellos jóvenes ilusos que éramos, trabajó tanto por el bienestar de las mujeres y los hombres, tanto por la independencia de Cuba y Puerto Rico, por la modernización de Perú, Chile y Argentina, que no tenía necesidad alguna de aquellas “locuras”, como las llama él mismo, para ser digno de una total admiración. 

Entonces, ahora, cuando ya no somos unos muchachos, vuelvo a rendir mis honores y respetos a ese gran ser humano. 

 

*Bibliografía disponible

 

Nacimiento del nuevo mundo 

E.M.H.

 

A cada paso que la nave avanza,

más fulgurantes muéstranse los astros,

más plácido y vivifico el ambiente,

más solemne el silencio, más augusto

el misterio que a todas las Edades

atrajo hacia occidente...

Allí del sol cuando la luz primera

las sombras disipó, reconquistado

por él para los hombres, pareciera

el Edén: pureza tanta

en aquel suelo, el corazón encanta.

Frente a las naves cual si Edades muertas

dejado hubieran del edén soñado

copia felices cuantos sueños fueron,

de las antes desiertas

olas sobre la cima, aparecieron

uno tras otro paraíso, el índico

el risueño jardín de las Hespérides

y el edén semítico.

Colón embelesado, se encamina,

de aquellas islas a la más cercana;

horizonte risueño y transparente;

una mar hasta el fondo cristalina;

una estrella luciente

cada copa de palma en los palmares;

urente foco el sol, un sol de llamas;

ustorio espejo el cielo;

intolerable reflector el suelo;

cascada de colores el espacio;

la Isla una esmeralda

sobre un manto cubierto de diamantes,

Piedras preciosas por el aire errantes

los pájaros del bosque y la enramada;

Templo solemne la floresta umbría,

fuste sublime de columna trunca,

la ceiba por el rayo destocada;

árboles vistos por el hombre nunca

que ofrecen a la vista en su ramaje

hojas y flores de plural linaje.

Alma de aquel paisaje el ser humano,

lo sublima su aspecto soberano.

Del edén en la playa,

al borde mismo donde rompe la ola,

Adanes se ven mil; Eva, una sola...

 

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