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The Post: El deber de la prensa con sus lectores y su país

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Por María Cristina

Publicado: miércoles, 21 de febrero de 2018

(director Steven Spielberg; guionistas Liz Hannah y Josh Singer; cinematógrafo Janusz Kaminski; elenco Meryl Streep, Tom Hanks, Sarah Paulson, Bob Odenkirk, Tracy Letts, Bradley Whitford, Bruce Greenwood, Mathew Rhys, Alison Brie, Michael Stuhlbarg, Justin Swain, Jesse Plemons)

 

El periodismo investigativo ha sido, es y seguirá siendo el pilar en que se basa el buen periodismo. Toma tiempo encontrar datos, componer todas las piezas, conseguir fuentes confiables para verificar la información y convencer a los administradores (director, editor, propietario) que su publicación se justifica no importa las consecuencias. Recientemente tanto el New York Times como el Washington Post se han posicionado a la cabeza con sus publicaciones de los vericuetos (ilegalidades por probar) de la Casa Blanca bajo Trump y el caso de Harvey Weinstein. Y son estos mismos rotativos los que encabezan el caso de los Pentagon Papers en 1971.

Steven Spielberg decidió enfocar el caso no en el whistleblower, Daniel Ellsberg, sino en las decisiones legales y administrativas a la cabeza del Washington Post. Al decidir en este enfoque queda abierta la posibilidad de hacer historias fílmicas de Ellsberg (el documental The Most Dangerous Man in America: Daniel Ellsberg and the Pentagon Papers de Judith Ehrlich y Rick Goldsmith de 2009 sería un comienzo) y de lxs jóvenes y adultos, conocidos o anónimos, profesionales y estudiantes (auto-apodados “Lavender Hill Mob”), que circularon los 47 volúmenes y 7,000 páginas de los documentos que Ellsberg copió de la corporación Rand donde trabajaba como analista militar.

Los protagonistas de The Post, Katherine Meyer Graham y Benjamin Bradlee, son tomados de la vida real y lo presentado es casi 100% correcto. Esto ocurre porque Spielberg se toma su tiempo en investigar lo que va a desarrollar en pantalla y porque respeta los hechos y vuelve a su equipo de escritores en periodistas investigativos que tienen que verificar sus fuentes. No es solamente utilizar las autobiografías (Personal History de Graham de 1997 y A Good Life: Newspapering and Other Adventures de Bradlee de 1995) de los protagonistas de la publicación de The Pentagon Papers pero poder consultar y verificar datos con Ellsberg, su grupo de apoyo y los periodistas que fueron testigos del suceso. El resultado es la relevancia que tiene el escrito de la historia de la guerra de Vietnam y sus vínculos con cinco presidencias que le mintieron al pueblo estadounidense. Escuchar la voz del Presidente Richard Nixon (1968-1974 cuando fue forzado a dimitir)—real por ser las grabaciones que luego probaron su culpabilidad—es afirmar que la historia sí se repite con la presidencia actual y que no parece haber memoria histórica en este país.

El encuadre de la historia es esa guerra lejana en Vietnam donde el aparato militar estadounidense sigue enviando soldados con la presunción de que la nación americana, en su compromiso de defender países aliados, defiende la democracia y detiene el comunismo. Y desde que EU ayudó y luego heredó la lucha de los pueblos de Indochina le ha comunicado a su población cómo la guerra se está ganando y pronto declararán su victoria. Mientras tanto diariamente llegan los ataúdes de los hijos, hermanos, esposos, padres, novios y amigos de familias comunes y corrientes que se enorgullecen de haber servido a su país. Y también llegan los heridos, mutilados, desintegrados mental y emocionalmente que muchas veces no quieren recordar los meses y años en la selva, valles y poblados donde se libraron las batallas que afectaron a las mujeres, niños, viejos y jóvenes que vivían en esas aldeas. Es esto lo que ve Daniel Ellsberg tanto como miembro de las Fuerzas Armadas y luego como testigo para sus estudios del conflicto que nadie quería definir como una guerra perdida. Robert McNamara, el secretario de defensa tanto bajo las administraciones de Kennedy como de Johnson, coincide con Ellsberg de que la guerra está perdida pero, por razones políticas, ratifica lo que Johnson quiere oír y declarar: el triunfo está a la vuelta de la esquina y solamente necesita más tropas para su final. Ese estudio y análisis que encomienda McNamara es la base de los Pentagon Papers.

Katherine Graham es el personaje principal del filme y del suceso de 1971 ya que es el momento clave para ella tomar una decisión que pudiera destruir la empresa del periódico al enfrentarse a una orden dictada por la Casa Blanca y luego llevada a la Corte Suprema. No solamente Graham es la única mujer en la Junta de Directores de la empresa sino también en la sala de redacción del Washington Post y Newsweek. Vemos cómo los miembros del directorio la toleran porque es la dueña y administradora en derecho después de la muerte por suicidio de su marido, a quien el padre de Graham le había dejado la dirección a pesar de la excelente preparación en los medios que ella tenía. La vemos sentirse muy cómoda en su rol tradicional de anfitriona de personas influyentes en su casa de Washington, D.C. para luego verla titubear, ensayar su discurso, sentirse abrumada cuando tiene que tomar decisiones que pueden afectar las vidas de tantas personas (si el periódico cierra cientos de personas quedan en la calle, los accionistas y ella pueden perder su capital y su reputación queda manchada). Estará rodeada de personas que la asesoran según sus propios intereses (Arthur Parsons representando a la Junta y Roger Clark como abogado cauteloso), o pensando como amigo de muchos años (Fritz Beebe, su abogado y asesor de confianza) o la misión periodística (Ben Bradlee, editor del periódico).

Desde que Ellsberg le entrega los documentos a Neil Sheehan del New York Times

pasan casi tres meses en que los editores y el dueño del periódico debaten si los publican o no. Ante esta tardanza Ellsberg entrega otra copia a Ben Bagdikian del Washington Post y a 17 rotativos adicionales. El Times decide comenzar la publicación de los documentos el 13 de junio y ya el 15 la Casa Blanca ha conseguido una orden judicial para detener cualquier publicación futura. Graham y Bradlee tienen que tomar la decisión de publicar su propia copia a sabiendas que se arriesgan a ser demandados por el gobierno. Su primera publicación será el 18 de junio. Toda publicación futura queda suspendida hasta que el caso se vea en la Corte Suprema. El 30 de este mes la Corte toma su decisión a favor de los periódicos (la libertad de prensa) en una decisión de 6 a 3. El juez Hugo L. Black emite su decisión argumentando: Far from deserving condemnation for their courageous reporting, The New York Times, The Washington Post and other newspapers should be commended for serving the purpose that the Founding Fathers saw so clearly…. Only a free and unrestrained press can effectively expose deception in government.”

Cada una de las interpretaciones de lxs actores es sorprendente por la profundidad que le dan a sus personajes. Y dentro de los momentos críticos que se vive en estas decisiones hay humor, candidez, valentía y un sentido colectivo de enfrentar a los enemigos de los que quieren mentir y esconder la verdad.

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