Opinión / Editorial

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Preparación, civismo y solidaridad ante el huracán

Publicado: martes, 5 de septiembre de 2017

Al cierre de esta edición de CLARIDAD, Puerto Rico se encuentra bajo vigilancia por el paso de un intenso huracán por nuestra región, con un alto potencial de vientos y lluvias fuertes.  A tan pocos días desde la devastación provocada por el huracán Harvey en el estado de Texas, que ha recibido tanto despliegue mediático, es lógico que nuestro pueblo se encuentre ansioso ante la posibilidad de que enfrentemos un poderoso fenómeno del cual se pronostica que pasará a relativamente poca distancia de nuestra costa norte. Sobre todo, causa preocupación el evento  porque enfrentamos la peor debilidad de nuestra infraestructura eléctrica y de agua en la historia moderna del País. 

Pero estos fenómenos son parte de la realidad de vida en nuestra región, y septiembre es el mes pico de nuestra larga temporada de huracanes. Por eso, ya nuestro pueblo debía haber aprendido de la experiencia y estar acostumbrado a prepararse con lo básico y esencial para estas contingencias: suficientes abastos de agua potable, baterías y alimentos no perecederos para al menos una semana, tras la cual generalmente las cosas comienzan a enderezarse. Pero siempre hay mercaderes y especuladores que se aprovechan de estos fenómenos para provocar la histeria y el consumo desmedido, actitudes nefastas que siempre terminan creándonos mayores problemas.

La mejor respuesta a un evento de esta índole es un pueblo educado, preparado y presto a cooperar con las autoridades, sus familias, vecinos y comunidades para lograr el regreso a la calma y la normalidad lo antes posible. Igualmente, exhortamos a nuestros compatriotas que viven en áreas que ya se sabe que son inundables, o en estructuras propensas al embate de los vientos, a no esperar al último momento para trasladarse a un lugar seguro y proteger sus vidas y las de sus familiares, y sus pertenencias más urgentes. 

Los huracanes forman parte del imaginario y la vida de nuestro pueblo desde los tiempos prehistóricos, cuando nuestros taínos le daban como nombre “Juracán” al poderoso dios de los vientos que habitaba en las montañas y cuyo paso provocaba pavor entre los originarios habitantes de nuestra tierra. Hoy, con el auxilio de la tecnología y de una ciencia meteorológica cada vez más precisa, no es necesario atemorizarse ante la naturaleza, sino aprender y practicar las destrezas que nos permitan enfrentar estos fenómenos al menor costo individual y colectivo posible.  Nuestra mejor arma para enfrentar la destrucción que trae un huracán es la preparación cautelosa y el comportamiento cívico que nos conduzca, como sociedad, a renovar nuestra convivencia y a reconstruir nuestra querida patria desde la solidaridad. 

 

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