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La nueva crisis humanitaria por el abuso y adicción a los opioides

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Por Félix I. Aponte Ortiz

Publicado: martes, 15 de enero de 2019

Aprincipios del 2018 me conmovió y sorprendió el observar, a las 3:00 pm de un viernes, cerca de ocho adultos con apariencia de “personas sin hogar”, aglomerados en la entrada del edificio en la esquina de la Avenida Universidad con la Muñoz Rivera en Río Piedras. Algunos acostados en el duro y desnudo piso o recostados en la fría pared, varios de estas personas (hombres y mujeres) se mostraban adormecidos. Deduje que todas estas personas eran adictos a drogas narcóticas pues estaban disminuidos en su condición física, desaliñados, con vestimentas algo raídas y con una proyección de poco aseo físico y abandono existencial. A pesar del continuo e intenso flujo vehicular y de muchas personas que discurren en esa intersección, a nadie parecía preocupar la situación de estos seres humanos que por meses observé ‘dormitando’ en ese lugar. Este céntrico lugar urbano donde se agrupaban los “deambulantes”, ubica frente a una de las muchas farmacias Walgreens en Puerto Rico. La farmacia, como tantas otras, es un centro (“un punto”) de distribución legal de drogas y sustancias narcóticas. Aunque no haya aparente relación entre la ubicación del establecimiento comercial con el sitio de reunión de las “personas sin hogar”, la imagen que me producía el cuadro que aquí describo, en cierta medida, paradójico, parece reflejar la prevalente y profunda nueva crisis del uso, abuso y adicción a sustancias narcóticas, particularmente las denominadas opioides, que afecta a decenas de miles de compatriotas.

Unos meses después de observar los “deambulantes” en Río Piedras, la prensa comercial incluía un reportaje bajo el título “Alerta ante aumento de muertes por sobredosis en la Isla” (Primera Hora, 10 de abril de 2018). Esa noticia daba cuenta del aumento sustancial en casos reportados por sobredosis del uso de drogas, así como de muertes relacionada a estas circunstancias. Se señalaba que muchas de las muertes ocurrieron por sobredosis con el uso del medicamento que se prescribe desde hace años por recetas médicas como fuerte analgésico para controlar dolores físicos moderados o agudos, conocido como Fentanilo. Este 7 de enero de 2019, el mismo medio comercial de noticias publicó otro artículo, “Crisis de los opioides se siente con fuerza en la Isla”. En éste reciente artículo se destaca que para la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción de Puerto Rico (ASSMCA) la incidencia de sobredosis y muertes en Puerto Rico relacionadas al abuso de los opioides ha mostrado un marcado incremento a partir del año 2016. Reconoce ASSMCA que la tendencia de incremento en estas muertes se asocia a la adulteración de heroína que circula ilegalmente en las calles, con el medicamento Fentanilo. Al leer estos partes de prensa recordé a los “de-ambulantes” que veía el pasado año en Río Piedras y me preguntaba cuántos de estos terminaron su vida intoxicados con el Fentanilo mezclado con heroína.

La situación arriba descrita que nos afecta como Pueblo, corresponde con la causa y los efectos de la que se ha tornado epidémica en los EE.UU.. En el año 2017 estiman que murieron por sobredosis de opioides más de 72,000 personas en los EE.UU.. La cifra de muertes de 2017 es superior a las 63,632 que se reportaron en el año 2016 y de las 50,000 que se estimó en el 2015. Esta alarmante creciente incidencia de muerte por sobredosis de opioides en EE.UU. está directamente vinculada a la ingesta de Fentanilo con el cual se ha estado adulterando la heroína que circula en las calles de los EE.UU.. La gravedad de esta epidemia en el abuso de los opiáceos movió al presidente Trump a declarar en octubre de 2017 un Estado de Emergencia de Salud Pública. La tendencia de las muertes por sobredosis se ha documentado en ese país desde el 2007 cuando el número de muertes por sobredosis relacionada a opioides recetados (como el Fentanilo) superó al número total de muertes por sobredosis de heroína y cocaína. En mayo de 2018 se hizo disponible un documento del Drug Enforcement Administration (DEA), con el título de “Fentanyl Remains The Most Significant Synthetic Opioid Threat and Poses The Greatest Threat to the Opioid User Market in the United States” (Intelligence Brief DEA-DCT-DIB-003-18) donde se documenta detalladamente cómo se ha manifestado este grave problema en los estados que conforman esa nación.

¿Qué son los opioides? Para el Instituto Nacional de Abuso de Drogas de los EE.UU. los opioides son sustancias que se medican para aliviar el dolor moderado y agudo que resulta de operaciones quirúrgicas o las que se producen por distintas condiciones físicas, y en particular, por las dolencias del cáncer y otras condiciones terminales. En su mecanismo de acción clínica, reducen la intensidad de las señales de dolor que llegan al cerebro y que inciden las áreas en este órgano que controlan las emociones provocando así una sensación de disminución de un estímulo doloroso. Los opioides, como grupo de sustancias incluye a los derivados del opio (morfina, codeína y otros) que se denominan opiáceos los cuales son alcaloides naturales que se obtienen de la resina que produce la planta conocida como Adormidera o Amapola, científicamente conocida como Papaver somniferum. Todos son unos analgésicos de gran utilidad y efectividad, es decir, con gran capacidad de disminuir las sensaciones dolorosas. Sin embargo, el uso continuado y descontrolado de opiáceos y de los opioides sintéticos que prescriben los médicos para manejar el dolor agudo o crónico, como el OxyContin y el Fentanilo, pueden provocar dependencia o adicción que afectan la salud mental o el equilibrio síquico de la persona. Y en parte, esta es la raíz de la actual epidemia. 

 varias epidemias por la adicción a opioides en los EE.UU.. La primera se produjo como resultado de las heridas y lesiones que afectaron a cientos de miles de soldados y civiles que participaron en la Guerra Civil norteamericana en la década de 1860. En el 1874 el químico C.R. Aldea Wright desarrolló en Londres en su laboratorio la síntesis de la heroína, mediante la alteración de la estructura molecular de la morfina. La heroína, que es un analgésico casi 10 veces más potente que la morfina, se comenzó a producir y a comercializar por la farmacéutica alemana Bayer a partir del 1897 promoviéndose como un sustituto de la morfina. La disponibilidad de la heroína producida por la farmacéutica Bayer junto a la que se producía y mercadeaba en el mercado de los opiáceos, incrementaron la cantidad de adictos en los EE.UU.. Según cifras del CDC, en el año 1900, uno de cada 200 estadounidenses era adicto a la heroína o a la morfina. Las otras epidemias por adicción a los opiáceos se produjeron después de la Primera y Segunda Guerra Mundial. En la década del 1950 y 1960 hubo también otra epidemia de adicción a opioides, que también se pueden relacionar a los conflictos bélicos en Corea y en Viet Nam.

El comienzo de la actual crisis comenzó en el 1995 con la salida al mercado del opioide OxyContin, un potente narcótico que produce la farmacéutica norteamericana Purdue Pharma. Muchas pacientes que tomaron este medicamento recetado para manejar el dolor crónico, se tornaron adictos al mismo y comenzaron a adquirir esta sustancia disponible en el mercado ilegal por la acción irresponsable de médicos y farmacias que traficaban con este medicamento. La empresa Perdue Pharma alegaba que el OxyContin no era adictivo. Como resultado de esta practica de venta ilegal y abuso adictivo, fiscales federales llevaron una causa de acción criminal contra Purdue Pharma responsabilizando la empresa por la tendencia de incremento de casos de sobredosis de este narcótico adictivo. Sin embargo, el caso contra Purdue Pharma se transó fuera de la corte en el año 2007 por $635 millones, en una transacción donde los abogados de la farmacéutica cabildearon fuertemente al nivel mas alto del Departamento de Justicia para liberar la empresa y a tres altos ejecutivos de la misma, de responsabilidad por delitos criminales. Esa batería de abogados tuvo como líder a Rudolph Giuliani, exalcalde de la ciudad de Nueva York y actual asesor legal del presidente Trump. 

No obstante, a pesar de ese proceso legal contra Purdue Pharma, la empresa prosiguió produciendo y distribuyendo el OxyContin derivando ganancias anuales de sobre $3 billones. También el abuso y uso ilegal de ese medicamento continuó por varios años adicionales aumentando el número de adictos a esa sustancia. A partir del 2010 el OxyContin que circulaba ilegalmente en las calles se tornó costoso para los usuarios (una pastilla de 30 mg. se vendía hasta en $40) lo que llevó a los adictos a la misma a regresar o moverse al consumo de heroína. Para asegurar la oferta a la creciente demanda a los opiáceos, los distribuidores de heroína en la calle comenzaron a adulterarla añadiéndole cantidades sin control del opioide Fentanilo. La ingesta de esa heroína adulterada con Fentanilo (el cual es de 50 a 100 veces más potente que la heroína) se correlaciona a la creciente y alarmante cantidad de sobredosis y muertes entre usuarios y adictos a las mismas. Mirado de esta forma, lo que ha ocurrido desde 1995 ha sido, (1) un proceso de adicción al OxyContin, (2) luego incremento en la adicción a la heroína y, (3) la adicción a heroína mezclada con Fentanilo. El Fentanilo se produce en farmacéuticas principalmente estadounidense y se distribuye por las cadenas de farmacias en toda esa nación, así como en Puerto Rico. La situación es tan grave, que en noviembre de 2018 la fiscalía del estado de la Florida inició un proceso contra las cadenas de farmacia Walgreens y CVS por negligencia en la venta de opioides, acusando a esas empresas de “contribuir a la crisis nacional y estatal con su práctica de comercialización de analgésicos de forma excesiva”.

Contrario a lo que argumenta el presidente Trump, la mayoría de la droga que entra a los EE.UU. desde Méjico y Colombia no ocurre a través de la frontera donde quiere construir el muro. Entra mediante camiones a través de los puntos de control que el gobierno federal se supone que supervisa, o a través de aviones, o por las aguas costaneras mediante embarcaciones, incluyendo submarinos. Alguna droga narcótica ha entrado a través de túneles bajo los espacios actualmente controlados pero esa operación ha sido más susceptible a control y no se considera como medio principal al tráfico de esas sustancias. No existe documentación fehaciente que relacione a los indocumentados centroamericanos que procuran asilo a los EE.UU. con el narcotráfico. En este sentido, el presidente estadounidense miente reiteradamente a su país y a la comunidad internacional al utilizar como argumento la construcción de la muralla como estrategia para el control de la entrada ilegal de heroína y otros narcóticos.

Muchos expertos y entendidos en este tema reiteran que la crisis de la epidemia de los opioides resulta del problema profundo de salud mental y emocional históricamente prevalente en la sociedad estadounidense, que se exacerba durante y posterior a eventos bélicos en los que constantemente está involucrado el imperio estadounidense. A esto se suma la continua tendencia de desigualdad social y económica que produce una población de 50 millones de habitantes empobrecidos con limitada capacidad para acceder a niveles superiores de ingreso y de calidad de vida.

Mientras estén vigentes estas condiciones objetivas, un segmento sustancial y creciente de la población estadounidense seguirá dependiente del uso y abuso de estupefacientes, sean estos producidos por las empresas farmacéuticas como las que mueven otros sectores sociales. Ambas empresas de producción y venta de opioides y otros narcóticos, “legales o ilegales”, producen ganancias multibillonarias y, tal vez, trillonarias. Ambas actividades se enlazan socialmente en sus mecanismos para mover el capital de operación y el que se genera con el negocio. Ambas empresas participan del sistema financiero que maneja y gestiona esa actividad. Y ambas empresas, farmacéuticas y narcotraficantes, requieren de usuarios que, en su adicción, perpetúan el “negocio”. En ese proceso terrible, de crisis en crisis humanitaria, se degrada la sociedad, se degrada la nación. Y así estamos como Pueblo, subordinados y sometidos a un régimen político colonial que nos destruye social y moralmente como a los “deambulantes” que observaba en Río Piedras. ¿Hasta cuándo estaremos inertes en esta ignominia?

 

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