Fest 45

Opinión / Editorial

Bookmark and Share Bajar en formato PDFComentarios

Editorial:Hamilton, la política y Puerto Rico

Publicado: martes, 15 de enero de 2019

Desde el azote del Huracán María, Puerto Rico ha cobrado un interés político y mediático inusitado en Estados Unidos y otras partes del mundo. El desastre provocado por el huracán, y la responsabilidad que el mundo entero sabe que el gobierno de Estados Unidos tiene con Puerto Rico; además de las noticias que han recorrido el mundo sobre la crisis económica y fiscal que la Isla ha sufrido por más de una década, han atraído la atención de toda suerte de personas. Muchas han sido generosas y bien intencionadas. Han venido genuinamente a ayudar y a compartir el compromiso con nuestra reconstrucción. También han llegado aventureros, especuladores y truhanes de todo tipo, además de políticos de variadas calañas.

Cuando el gran dramaturgo, actor, y músico puertorriqueño Lin-Manuel Miranda ofreció reconstruir el maltrecho teatro de la Universidad de Puerto Rico (UPR) y traer allí su laureada obra musical Hamilton, basada en la vida del patriota, independentista y revolucionario estadounidense Alexander Hamilton, se acogió su propuesta con beneplácito. 

Sin embargo, con el devenir de los meses, las actividades en torno a la puesta en escena de Hamilton en Puerto Rico se tornaron eminentemente políticas. Esto surge ante la realidad inescapable de que nuestro país ha sido por 120 años una colonia de Estados Unidos; a nuestras circunstancias particulares como nación intervenida; a que nuestro país tiene un perfil e identidad propios y separados de los de Estados Unidos, y que los líderes políticos estadounidenses –tanto del Partido Republicano como Demócrata– nunca se han decidido a resolver, con seriedad y respeto por todos los concernidos, el problema colonial de Puerto Rico. 

En tiempos recientes, al recrudecerse la crisis de la deuda de Puerto Rico, el gobierno de Estados Unidos, en ese entonces liderado por la administración de Barack Obama, intervino para proteger sus intereses y los de sus bonistas, imponiéndonos la Ley PROMESA y una Junta de Control Fiscal (JCF) que, hasta ahora, ha cargado su mano contra las grandes mayorías de nuestro pueblo. Todas las instituciones públicas de Puerto Rico están afectadas, muy principalmente la UPR, sede original del musical Hamilton, donde la JCF ha concentrado sus medidas draconianas en estudiantes, profesores y empleados no docentes.  

 Por eso, cuando los productores del musical decidieron mudar el espectáculo del Teatro de la UPR al Centro de Bellas Artes, aduciendo razones de falta de seguridad en el recinto de Río Piedras, muchos en Puerto Rico le echaron la culpa por dicha decisión a la Hermandad de Empleados No Docentes (HEEND). Dijeron que, con su actitud adversativa hacia la administración universitaria, la sindical había tronchado una “oportunidad histórica” para el Teatro de la UPR. 

Ahora, ya sabemos que la verdad no es esa. Hay señales que apuntan a otras razones para dicho cambio de escenario. Y también es cierto que nunca la HEEND, ni los estudiantes de la UPR representaron riesgo alguno de seguridad para la puesta exitosa de la obra. Fueron el chivo expiatorio perfecto para una decisión que nada tuvo que ver con ellos. 

La clave para dicho cambio fue nuevamente la política. No la alta política de la que probablemente participó el famoso hombre de estado, escritor político prolífico y fundador de la nación estadounidense, sino el fragor politiquero barato que contamina la vida de ambos pueblos, el de Puerto Rico y el de Estados Unidos, generando confusión, controversia y resentimiento mutuo.

Por eso –y no es culpa de Hamilton– durante el fin de semana descendieron sobre Puerto Rico 30 congresistas del Partido Demócrata de Estados Unidos, y 109 firmas comerciales y de cabildeo de aquel país, sesionando en San Juan en su llamado “retiro de invierno”, que incluyó asistir a una función de la obra musical y a una recepción privada con el elenco. 

Para esta semana, se anuncia además, una reunión de 3 días de organizaciones afiliadas a la Fundación Open Society, del multimillonario liberal George Soros, también casi todas lideradas por activistas cercanos al Partido Demócrata, y que también incluye la asistencia a una función de Hamilton. Casualmente, el eslabón común entre estas visitas y actividades en Puerto Rico es el Latino Victory Fund, un grupo de acción política con sede en Estados Unidos, cuyo propósito es apoyar a candidatos del Partido Demócrata. 

En su columna en esta edición de CLARIDAD, el compañero Manuel de J. González ironiza sobre los motivos tras la visita de los 30 congresistas, y cuestiona el saldo de su gestión en cuanto a significar una verdadera ayuda u oportunidad para Puerto Rico. 

Por su parte, en Estados Unidos está encendido el debate político y mediático por el viaje a Puerto Rico de los congresistas Demócratas. El Presidente, Donald Trump, y otros líderes del Partido Republicano lo han denunciado como un gasto innecesario y alegre en medio del cierre del gobierno allá. Y los medios de prensa simpatizantes de dicho partido han cuestionado el por qué de la visita congresional a Puerto Rico precisamente ahora.

En este momento frágil, cuando el País está asediado por la violencia criminal, por un gobierno colonial debilitado e inepto, por las medidas abusivas de la Junta de Control Fiscal y por la amenaza de privatización de importantes activos públicos, es imprescindible preguntarnos: ¿Qué gana Puerto Rico con ser el eje de una controversia mediática en Estados Unidos? ¿Cómo se beneficia al ser insertado, como balón político, en medio de conflictos ajenos que se desatan en Washington entre Republicanos y Demócratas sedientos por el poder? ¿Hasta cuándo les vamos a permitir que nos usen de escudo para su sucio juego político interno, mientras se unen para darle largas indefinidamente a la resolución de nuestro estatus colonial?  

 

  (0) Comentarios




claritienda Coabey