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Simone y Lalo

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Publicado: martes, 5 de septiembre de 2017

Juan Negrón Ocasio / Especial para En Rojo

 

Simone existe solamente para quien pudiera interpretar una obra literaria puertorriqueña como algo que traspasa más allá de una realidad, que aunque idolatremos articularla, lamentablemente, tampoco existe. A él lo conocí en unas de esas tertulias en ensueños de lectura llena de un aburrimiento interesante, pero interminable. Aburrida sí, de principio a fin, no. Pude en ocasiones apreciar sus idoneidades literarias, pero en otras tuve que convencerme. Leer, analizar más, quizá saberlo leer y entenderlo desde un punto de vista peculiar fantasioso real. Una ilusa realidad que se vive desapercibida. 

Nadie dude, en mi tablillero están los grandes: Abelardo Díaz Alfaro, René Márquez, José Luis González, Manuel Zeno Gandía, Pedro Juan; El Gabo, Sabato, Bolaño, Hemingway, Sandra Cisneros, Nicholasa Mohr, Olga Wagenheim y numerosos otros; y por esas curiosidades se arrimó por una esquina Eduardo Lalo. Confieso que fue un encuentro casi inoportuno por pura casualidad de dos razones principales por las cuales nunca quise conocer sus técnicas literarias ni me interesaba si usaba el tun o el tan de tantos otros. Después de tanto destiempo me arriesgué hasta que llegó Simone a mi ocupado escritorio donde ya no cabe ni un lápiz. Me miraron de reojo con profunda tristeza Saramago, Clarín, Vargas Llosa y Piri Thomas, ¡ah!, también ‘The Ugly American’ de Lederer & Burdick libro original de 1958 (un verdadero clásico). 

Pero llegó el tiempo de Simone con algo más que una pena. Con su realidad escondida más allá de lo que se nos hace difícil creer.

En realidad bastante aburrida la tertulia aislada, momentos para divorciarse de todo, si querréis apreciarla, poco decir que semanas antes estuve de mano a mano con José Saramago y por poco pierdo la lucidez en su ensayo sobre la misma. De camino a la tercera página iba camino al mismo infierno. Su técnica literaria sarcásticamente hablando me sacó de quicio y de mis más profundos pensamientos y análisis. No existe nada más aburrido para leer que ‘Ensayo sobre la lucidez’, esencialmente es lo irónico para terminar leyéndola hasta el final. Ese es el enorme reto que nos proponen los grandes literatos. José Saramago, como si hubiera presagiado a perfección lo que ocurriría 60 años después en Puerto Rico (junio, 2017) y lo que ocurrió en Argentina (1957): un boicot.

Con Lalo, no sé por qué, tuve que soportar el enlace de una literatura grotesca de aburrimiento, tuve que mantenerme a la orilla del risco de la silla para finalmente descubrir su trama. La síntesis de una realidad desatada del silencio de una ciudad taciturna. Nada risible, sólo antítesis de la naturalidad en una isla donde pudiera encontrarse los más increíbles acontecimientos. El ambiente sombrío de su realidad existencial colorea el panorama. Burlona presencia de nuestro diario vivir inapreciable, no, mejor recóndito. Mientras me explicaba su complicada vida, de profesor y desvalido en amores, más complicada realmente que la de Li, que en ocasiones yo no sabía cuál de los dos estaba más enredao’ en sus vidas, no me dio tiempo para hacer mis apuntes acostumbrados, habitual en mí cuando interpreto literatura de alta profundidad escrita en una forma que parece tan simplista y autobiográfica. Si leyera El coronel no tiene quien le escriba otra vez quizá me toma un par de sentadas. A Simone quise apreciarla y hasta cierto punto me cautivó con un poco de pena, la falta de escrúpulos que en ocasiones los más vulnerables pagan el precio de la esclavitud laboral y el abuso sexual, quizá abuso doméstico hacia la mujer.

Después de tres días agónicos quería irme a pasear por esos lugares descriptivos en que, en la realidad, define al país en su alboroto, vida diaria insoportable y tapones, la repugnancia a lo antihigiénico; quería visitar algunos de estos lugares de antaño que se han ido por la borda por culpa de un gobierno que le importa sólo el engaño y el letargo. El desinterés literario que mostramos en numerosas ocasiones por lo verdaderamente nuestro. Contradicciones del insularismo rapaz. Se siente tener en las manos la parálisis social vivida. Habría que entender la relatividad de una existencia oculta que ni en los libros podría expresarse acertadamente y de hacerlo está el riesgo del obscurantismo editorial. Somos aunque no lo aceptemos una isla oculta en nosotros mismos. Vivimos sin ver ni sentir lo que somos.

Simone y Lalo, entrelazados en un amor destemplado, en que no dependen el uno del otro sin que pudiera ninguno de los dos desligarse de sus propias realidades, pero intensamente necesarias para su existencia. En incontables ocasiones en el diario vivir de seres humanos inverosímiles, análoga a una utopía que concuerda demasiado con nuestra realidad, y que en pocas ocasiones podrían diferenciarse. Dos personajes inexistentes que invocan a la comprensión de una consternada realidad. Simone es una joya literaria puertorriqueña que augura lo esotérico. Vale la pena aventurarse a sumergirse en su lectura.

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