
Las Caras Lindas: Intervenciones actuales en el Fortín de Vieques
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Publicado: lunes, 17 de junio de 2013 |
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Abierta al público hasta el 1ro de julio en el Fuerte Conde de Mirasol, esta exposición innovadora de máscaras transformadas del vejigante de Loíza estrenó, por primera vez, hace seis meses en la galería C787 en la Calle Cerra, en Santurce. Sin embargo, y a pesar de un acto de apertura exitosa, no quedó expuesta por espacios y horarios suficientes para facilitar la recepción crítica y popular que merecía.
Organizada por el artista Juan Pablo Vizcaíno Cortijo (quien ahora reside en Estados Unidos) y la artista-productora Rubi Ramírez, la idea básica fue entregar cáscaras (o caras) y pencas (hechas cuernos) de coco a más de veinte artistas locales conocidos y que, con la excepción de Vizcaíno Cortijo, no estuvieran relacionados directamente con la tradición artesanal de confeccionar caretas del vejigante loiceño.
La propuesta resalta las características estéticas formales de la máscara y el arte afroboricua para, primero, subrayar la transcendencia del vejigante como ícono folclórico local al plano artístico global, segundo, mostrar el material del coco como medio creativo de las artes plásticas formales de pintura y escultura, y tercero, pautar la variabilidad y el carácter polisémico de la máscara del vejigante como manera de representar la complejidad de la experiencia puertorriqueña.
Caras lindas re-estrenó en el Museo Conde de Mirasol de Vieques el 1ro de mayo como actividad de la Conmemoración de los diez años del cese del bombardeo en Vieques. Es el momento propicio porque artistas participantes como Rafi Trelles, Consuelo Gotay, Elizam Escobar, Nelson Sambolín y otros habían trabajado anteriormente en proyectos de Paz para Vieques y la salida de la Marina de Guerra de Estados Unidos. Aún más, al nivel estético, el espacio abierto de la galería del Fortín de Vieques provee un ambiente acogedor para esta exposición donde se puede indagar y apreciar las máscaras de manera pausada de posiciones, distancias y puntos de vista variados.
Además de los artistas ya mencionados también participan: Migdalia Luz Barens Vera, Jeanette Betancourt, Alexis Bousquet, Abey Charrón, Jorge Díaz (Cano Cangrejo), Carlos Gil Rivera, Fernando Montes Rosa, Fernando Mora, Arceli Pino, Sugeily Rodríguez Lebrón, Adrián Román, Angelilah Rosa, Aby Ruiz, Javier y Jaime Suárez, Admín Torres, Zinthia Vázquez Riera, Giovanna Verni, Rubi Ramírez y el mismo Juan Pablo Vizcaíno Cortijo. Por razones de espacio no puedo comentar de todas sus máscaras.
La primera máscara, de Vizcaíno Cortijo, presenta la cara más tradicional del vejigante de Loíza y que titula Hard to Let Go. Pero si el estribillo nos dice que “El vejigante está pintao verde, amarillo y colorao”, los colores aquí son rojo, blanco y negro, que también son los colores y tonos de la gran mayoría de las máscaras africanas. Para mí, –la máscara y su título– pide una contestación clave a nuestra apreciación del arte de las máscaras. Aludiré a esto con la pregunta Why Let Go? en mi comentario final.
Queda mirando desde la pared opuesta al vejigante “típico” de Vizcaíno el vejigante “Loiceño-Ponceño” de Elizam Escobar. La base negra, la coloración de detalles en rojo, amarillo y violeta y los ojos cilíndricos hacen lucir esta máscara como una variante radical, o no típica, pero todavía dentro del marco tradicional. Tiene un aspecto menos festivo y más pensativo, más marcado por la experiencia y la cotidianidad.
Otra máscara negra y todavía tradicional en su forma de vejigante es Las lagrimas de un opresor de Alex Bousquet. En ésta el artista puntualiza en letras doradas su mensaje sobre la violencia social actual y los ojos están enmarcados por semicírculos hechos de siete casquillos de bala.
La noción turístico-folclórica del vejigante siempre ha sido una tergiversación de esta máscara-personaje de resistencia social, política y cultural y varias de las otras máscaras también captan esta temática de manera destacada. La máscara “Ramonita” de Carlos Gil Rivera, encapuchada en un tejido de blanco y azul, nos proyecta la identidad encubierta de, tal vez, l@s comandantes de Chiapas o hasta los mismos rescatadores de la playa de Yayí y los demás terrenos antes ocupados de Vieques.
La máscara de Jorge Díaz (“Cano Cangrejo”) se refiere más directamente a la política local de Loíza. Titulada “Eddie Manso dice que los vejigantes son del Diablo”, esta máscara doble, o de transformación, muestra una máscara exterior de un diablo satánico y estereotipado que se abre para revelar por dentro la cara del vejigante que es, obviamente, otro tipo de “diablo”, en este caso el burlador, payaso sagrado, transgresor cultural y símbolo africano, no de Satanás sino de la sanación espiritual y la preservación y resistencia cultural.
Ese sentido de raíces africanas está captado en KOKABOLA de Adrián Román (El Viajero). Los colores blanco, rojo y negro medio despintados, el sargazo alrededor de la máscara y su pedestal y la incorporación de caracoles cauri proyectan una máscara que existía anteriormente como la memoria interoceánica del vejigante actual de colores más brillantes pero, tal vez, menos penetrantes.
El vejigante de Admín Torres bajo el título de Capitalismo Cultura trae el otro lado de la moneda. En contraste a la memoria ancestral, las lentejuelas que decoran esta máscara muestran la capacidad del vejigante de asumir muchos disfraces –aun el comercial– sin perderse totalmente dentro del ámbito de consumo y explotación cultural.
Hay máscaras que casi no cambian la forma básica del vejigante de coco pero sí reflejan una estética nueva a través de su uso del exterior liso de la cáscara del coco como un lienzo para esbozar y pintar nuevos diseños, patrones y símbolos. Pienso específicamente en la máscara Sin título de Rafi Trelles que propone nuevas dimensiones visuales al dibujar en blanco y negro la transposición de rasgos comunes como los ojos, la boca y la nariz dentro de una complejidad, por ejemplo: los ojos en la boca y las bocas en los cachetes y de imágenes precisas de la naturaleza: hojas, plumaje, vainas.
Los diseños en la máscara amarilla sin cuernos de Fernando Montes Rosa comparte mucho de esta estética de reimaginar la superficie de la cara del vejigante como espacio de expresión.
Tal vez la máscara mejor trabajada es Mickey de Javier y Jaime Suárez. La arena de la cara, el diseño en acrílico de los ojos y la boca, especialmente los clavos de acero, los tornillos, los clavos comunes doblados, los anzuelos (podrían ser los elementos de las estatuas chamánicas yorubas), chapas de coco para crear, en vez de cuernos, orejas. Todo este manejo magistral de materiales y precisión de diseño y escultura nos presenta el vejigante Mickey Mouse, una “Disney-ficción” que podría ser un comentario absolutamente cínico con detalles profundamente enraizados. Por el otro lado, un análisis político de la cultura puertorriqueña actual que demanda nuestra indagación inmediata. Para mí es una máscara que debe asombrar y despertarnos. El dominio de los materiales y medios estéticos enfrentan al observador, ya participante, con un diálogo con posibles conclusiones desagradables.
La máscara blanca de múltiples cuernos de Nelson Sambolín es la última que discutiré (de nuevo, mis excusas a los otros artistas). Titulada El último que ríe, ésta es la máscara detrás de la máscara; es el “doble” de la imagen (de Antonin Artaud) que siempre existe pero solamente notamos en breves vistazos; es la ferocidad y el valor ancestral que informan al vejigante más festivo actual; es la memoria con sus múltiples cuernos-leyendas-sufrimientos; es lo que queda grabado después del baile y la irrupción de celebración lúdica y sensual de las procesiones.
Hard to Let Go? No es posible. Lo único que hace falta aquí es un reflejo del arte actual loiceño y las nuevas máscaras de la calle que cada año cumplen con la misma noción de transformación que guía esta impactante exposición. Caras Lindas. El Fuerte Conde de Mirasol, Vieques. Hasta el 1ro de julio.
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