Carlos Muñiz
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Barea es como Puerto Rico

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Por Elliott Castro Tirado

Publicado: miércoles, 19 de abril de 2017

A José Juan Barea le tienen que haber dicho montones de veces que jamás llegaría a la NBA, que fue la meta final que se impuso desde que comenzó a jugar baloncesto. Me imagino que los menos bruscos le deben haber recomendado que dedicara tiempo y esfuerzo a otro deporte, en el que la estatura no fuera tan determinante como en el basket y más aún en una liga como la NBA.

Aunque “oficialmente” aparece con seis pies, sus compañeros de equipo y sus allegados dicen que mide par de pulgadas menos. Sin embargo, para sus rivales, es a la inversa, pues en cancha se comporta como un verdadero gigante.

Al igual que a Barea, encuentro similitudes con lo que desde niño me dijeron y repitieron respecto a Puerto Rico –“la independencia es un ideal muy noble, pero nos moriríamos de hambre”. Afortunadamente, aunque no coincidían con mis incipientes ideales, en mi familia prevaleció el respeto y la tolerancia lo que me ha permitido dedicar mi vida a luchar por lo que creo correcto.

 

Ser talentoso no es suficiente 

Desde muy niño José Juan comprendió que además de mucho talento era necesario trabajar más fuerte que todos los demás, para compensar -en algo-, la ventaja que regalaba en estatura. Una cosa era dominar sus categorías, pero llegar a la NBA era otra.

El haberse criado en el seno de una familia en la que el deporte era el pan de cada día, le ayudó a valorar aún más la importancia del trabajo diario y el entrenamiento duro para pulir sus destrezas al máximo.

Del mismo modo con asombrosa facilidad demostró una inteligencia deportiva superior, que le permitía aprender jugadas, así como dirigir en cancha esquemas ofensivos y defensivos sin importar lo complicados que fueran.

Aquí surge una vez más el apoyo decidido de sus padres, Marta y José, que le facilitaron las condiciones para terminar su escuela superior en el estado de la Florida y de ahí su paso a la Universidad Miami Christian School. En sus cuatro años de participación universitaria, tuvo excelente promedio de 20.3 puntos, 3.9 rebotes y 6.4 asistencias por juego. Sin embargo …

 

“El draft” es ruta directa a la NBA

La inmensa mayoría de los jugadores que han jugado en la NBA han entrado por la ruta del Sorteo Mundial de Jugadores de Nuevo Ingreso, conocido simplemente como “el draft”.

La minoría ínfima lo ha hecho por otras rutas alternas, como son la llamada Liga de Verano (mayormente para veteranos) y la Liga de Desarrollo, en la que los equipos mantienen bajo contrato bien barato a jugadores en continuo proceso de preparación.

El otro camino es lograr atraer la atención de algún funcionario de equipo hacia canasteros que participan en otras ligas profesionales alrededor del mundo, sean estadounidenses o no.

Ese sistema es contrario al que utiliza el béisbol de las Grandes Ligas, en el cual los peloteros de Estados Unidos, Canadá y Puerto Rico solamente pueden ingresar por medio del “draft”. Los nacionales de los restantes países del mundo pueden firmar con el equipo de su preferencia en las Mayores, lo que generalmente les genera mayores ingresos. Gajes de la colonia.

 

Barea de los mejores que no entraron por el “draft”

Si utilizamos cualquier sistema de evaluación de rendimiento para buscar los mejores jugadores activos de la NBA que no fueron seleccionados en el “draft”, el nombre de José Juan Barea siempre aparece entre los primeros o sea, que es uno de los mejores que llegó por “vías alternas”.

Otros canasteros activos en la NBA que no fueron “drafteados”, incluyen a sus compañeros en Dallas, Wesley Matthews y Seth Curry (mejor conocido como “el hermano de Stephen”), el español José Calderón y el australiano Matthew Dellavedova. Ninguno de ellos ha tenido una carrera tan sólida como la del boricua.

Lejos de frustrarse por no haber sido seleccionado por ningún equipo en el sorteo de 2006, Barea trabajó más duro todavía y con esfuerzo extra se ganó un contrato de salario mínimo con los Mavericks de Dallas, que le dieron muy poco tiempo de juego.

El año siguiente, lo comenzó en la Liga de Desarrollo, donde en vez de deprimirse, tras ocho encuentros acabó con la oposición con 27.3 puntos, cinco rebotes y 7.8 asistencias por juego, incluyendo dos seguidos con más de cuarenta tantos.

El primero de febrero de 2007 Barea regresó a la NBA y desde entonces forma parte de la Mejor Liga de Baloncesto del Mundo. No fue que creció más, ni que la liga bajó sus estándares, sino que en corto tiempo se adaptó a su condición de “sexto hombre” y así pasó a formar parte de la rotación con unos veinte minutos de acción por encuentro.

Además, desde su debut, el boricua ha demostrado ser un jugador de “clásicos”, lo que le ha permido a sus dirigentes asignarle mayores responsabilidades en esos encuentros de mayor importancia.

Precisamente por eso, desde bien temprano en su carrera, su tiempo en cancha se duplicaba al llegar la postemporada y en el título que obtuvo Dallas en el 2010-11 recibió aignaciones de importancia y las cumplió con notas sobresalientes.

Posteriormente y en una movida que nunca he entendido a cabalidad, Dallas lo dejó ir a la agencia libre y firmó con Minnesota, equipo al que luego le compró su contrato para regresar con los Mavericks, que realmente ha sido su “casa” en la NBA.

Aunque su estilo de juego es muy arriesgado, durante sus primeros años Barea perdió muy pocos encuentros por lesiones, las que este año limitaron su acción a solo 35 partidos. Aun así, acumuló los mejores números de su carrera.

 

Once años y $25 millones más tarde

Así las cosas, con 32 años y once después de haber debutado en la NBA, José Juan Barea puede afirmar que no solo llegó a la NBA, sino que se estableció en la Mejor Liga de Baloncesto del Mundo. Y en el proceso se ha ganado casi $25 millones de dólares y tiene garantizados otros ocho por los próximos dos años.

Además, es nuestro orgullo como pueblo, pues en todo ese tiempo NUNCA ha puesto condiciones para jugar de nuestro Equipo Nacional y hoy encabeza una fundación que trabaja en la remodelación de canchas en escuelas de los sectores que más lo necesitan.

Por todo lo anterior, podemos mirarnos en el espejo de José Juan Barea, quien ante las adversidades, en vez de amilanarse, ha trabajado más fuerte para alcanzar sus metas. Confiamos que Puerto Rico pueda hacer lo mismo.

 

 

 

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