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La fragilidad de un Papa

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Por Marcelo Barros

Publicado: martes, 10 de octubre de 2017

 

 

Cada vez más grupos católicos tradicionales y miembros de la jerarquía se han posicionado contra las posturas, palabras y propuestas del papa Francisco. Esos católicos tradicionalistas proclaman la fidelidad al Papa como sucesor de Pedro, cuando se trata de un papa con el cual ideológicamente están de acuerdo. En el caso de Francisco, que asume posiciones que interpelan al mundo y a la Iglesia, expresan su descontento al criticarlo abiertamente. Es un grupo minoritario. Sin embargo, existe un grupo más numeroso de eclesiásticos que no hablan el mismo idioma del obispo de Roma.

Esas críticas al Papa se deben a que él insiste en renovar la Iglesia según el evangelio de Jesús. Su visión revela una distancia entre la tradición de la jerarquía y la propuesta del reino de Dios, y la bienaventuranza de los pobres. Sin embargo, lo más grave es que esa división debilita la lucha por otro mundo posible. Tenemos que ser solidarios con las propuestas por las cuales el Papa está luchando. Por otro lado, al responder de forma pacífica, sin tomar ninguna posición represiva con relación a sus críticos y detractores, el papa Francisco hace un gran bien a la Iglesia. En los años 60, Juan XXIII y Pablo VI afirmaron que nunca más la jerarquía usaría los medios de represión, sino el lenguaje del amor. Sin embargo, dos de sus sucesores retomaron la práctica de la represión. Ahora, al aceptar críticas y disensiones, el papa Francisco da un paso fundamental: ayuda a la Iglesia de Roma y a las iglesias locales de la comunión católica a vivir la catolicidad de forma nueva en un mundo plural.

Los católicos y creyentes de iglesias históricas reconocen el primado del obispo de Roma. Desde siglos antiguos, la tradición atribuye al obispo de Roma una misión especial con relación a todas las Iglesias. En cuanto a la forma y al estilo del papado, el propio Juan Pablo II pidió a los cristianos de otras Iglesias que le ayudaran a descubrir cómo transformar (Ut unun sint, 96). Actualmente, el papa Francisco ha retomado la importancia de las Iglesias locales y propone la descentralización. Él necesita de nuestra oración y apoyo para que sus propuestas puedan llegar a las bases y, de hecho, poner a la Iglesia a servicio de la humanidad. No podemos dejarlo aislado. Él nos llama a la profecía. Todos sabemos que la profecía nunca convivió bien con la unanimidad. Todos los profetas y profetizas sufrieron marginación. Lo que es nuevo ahora es que eso sucede hasta cuando el profeta, por casualidad, es un papa.

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