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SACRIFICIO DE ABRAHAM

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Publicado: miércoles, 19 de abril de 2017

Laura Escobar

 
Había dejado de beber hacía un año. Seis meses después comenzó a escuchar La Voz. Esa mañana, mientras preparaba su café volvió a escucharla. Le dijo:

—¡Abraham!

Y él le dijo:

—Aquí estoy.

Luego La Voz dijo:

—Toma a Isaac, tu amado hijo único, ve a Lajas y ofrécelo como un sacrificio que debe quemarse completamente, en el lugar que yo te indicaré. Abraham recordó que en ese pueblo hubo avistamientos de platillos voladores cuando era niño. No relacionó una cosa con la otra. Solo recordó. Como si los OVNIs volvieran a pasar por su corazón.

A la mañana siguiente, viernes del caluroso verano, Abraham se levantó temprano, le cambió aceite y filtro a la Susuki a la que le faltaba el foco derecho delantero y se fue a la playa con su hijo Isaac y su mujer. Llegaron a unos minutos a pie de Playita Rosada. Montaron la caseta. Él cortó leña para usarla en el sacrificio y se fueron luego hacia el lugar que La Voz le indicó. 

El sábado Abraham alcanzó a ver en la distancia el lugar hacia donde iban. Entonces Abraham dijo a su mujer:

– Muchos mosquitos.

– Sí- respondió ella.

– Quédate aquí en el carro. Isaac y yo vamos allá, buscaremos otro lugar donde acampar y volveremos por ti. Así llamaba el hombre a la mujer: Mujer.

Abraham tomó la leña que tenía para el sacrificio y la puso sobre los hombros de su hijo Isaac. Tomó un cuchillo. Se fueron caminando juntos. Entonces Isaac le dijo a su papá:

—Viejo, aquí tenemos leña. ¿Vamos a sacrificar un cordero? jejejejeje.

 Abraham respondió sonreído:

—La Voz proveerá el cordero para el sacrificio, chamaquito.

Entonces ambos siguieron caminando. Cuando llegaron al lugar que La Voz le indicó, acomodaron la leña. Luego Abraham tapó la boca del hijo con un pañuelo, lo ató y lo colocó sobre la leña. Inmediatamente sacó el cuchillo para matar a su hijo. Isaac no podía gritar y sus ojos parecían a punto de salir de sus órbitas, Pero Otra Voz llamó a Abraham desde el manglar diciendo:

—¡Abraham! ¡Abraham!

Y Abraham respondió:

—Aquí estoy.

Luego La Otra Voz le dijo:

—¡Detente! No le hagas daño al muchacho. No le hagas nada, porque ahora sé que tú respetas y obedeces a La Voz. No le negaste a tu único hijo.

Sorprendido y humilde, Abraham soltó a su hijo. El niño corrió hasta la otra voz, que era su madre. Huyeron.

Luego Abraham levantó la mirada y vio una gallina de palo en un arbusto. Así que fue, la agarró y lo ofreció como sacrificio a cambio de su hijo. Esa noche los platillos voladores regresaron a Lajas. Nadie volvió a ver a Abraham.

 

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