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Las filas nuestras de cada día

Fila para la gasolina en Hatillo
Foto por: Eduardo Meléndez/CLARIDAD
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Por Gabriela Ortiz Díaz

Publicado: jueves, 5 de octubre de 2017

 

En Rojo

A dos semanas del paso de María por el país, el diario vivir de una gran mayoría de puertorriqueños(as) se debate entre hacer la fila del supermercado, la de la ATH, la de la gasolinera, la de la panadería, la de comprar hielo o la de cualquier oasis de agua potable. La cotidianidad de esa gran mayoría – de clase trabajadora – se basa en permanecer en las filas extensas para obtener las provisiones con las que ¿aseguran? que continuarán sobrepasando la devastación que dejaron los vientos del huracán y que ha acentuado la falta de un plan gubernamental.

Ahora es la norma esperar y mientras, ¿desarrollamos paciencia?, ¿nos acostumbramos a un país más incierto? En la largas colas se atestigua el pulso del pueblo: “la cosa está mala”, “la luz llegará en seis meses”, “no es justo utilizar el carnet de impedido; estamos todos en una situación de emergencia”, dirán los que se ven forzados a permanecer horas bajo el sol o dentro del carro.

Los tapones a horas inusuales en el expreso Las Américas y en las calles principales de la zona metropolitana, por ejemplo, confirman otras de las filas diarias tras el paso del temporal. De igual forma, los carros aglutinados en las marginales o en los paseos de las avenidas son la radiografía de un país que se acomoda en búsqueda de comunicación telefónica, de acceso a Internet, de contacto con los más queridos dentro y fuera de la isla.

Es que se ha suscitado un caos. Aclarando, el huracán María ha develado por completo la crisis que venimos enfrentando por años.

Aunque algunos consideren que tenemos que esforzarnos más, hace 14 días un gran porciento de la población del país pasa trabajo a diario para al menos acariciar la normalidad deseada y necesaria.

Bien es cierto que la falta de energía eléctrica impide que muchas personas vuelvan a sus trabajos, lo que mantiene a la gente en las calles, ya sea recargándose de abastos o botando la angustia que provoca el estancamiento del restablecimiento del país. Mientras permanezca la paralización que percibimos, las filas serán el pan nuestro de cada día. 

 

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