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Huracanes dejan al descubierto décadas de negligencia gubernamental en preparación para el cambio climático en el Caribe (2)

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Por Centro de Periodismo Investigativo

Publicado: martes, 17 de abril de 2018

Por Freeman Rogers, Omaya Sosa Pascual y Emmanuel Estrada López

Centro de Periodismo Investigativo

 

El dilema político y colonial

Según Trotz, Bueno, Barretto y otros científicos, los recientes fenómenos meteorológicos ilustran claramente los efectos del calentamiento global en la región, la cual depende, en gran medida, del turismo y sufre de un bajo nivel de actividad agrícola y de sostenibilidad alimentaria.

Sin embargo, los gobiernos y organizaciones internacionales están ignorando a muchos de los países y territorios del Caribe. La investigación del CPI reveló que, de 13 países y territorios encuestados, solo tres (BVI, Cuba y México) cuentan con legislación sobre cambio climático e incluso, en estos lugares, a menudo no se respetan los códigos de construcción, la regulación ambiental y otras reglamentaciones aplicables.

También descubrió que para alrededor de la mitad de islas de la región, ni siquiera hay datos confiables, estandarizados y actualizados en las bases de datos de organizaciones internacionales dedicadas al estudio del impacto del cambio climático, como lo son el IPCC y la Iniciativa de Adaptación Global de la Universidad de Notre Dame, entre otros.

Estas islas — de las más vulnerables del mundo — tienen algo crucial en común: son los llamados territorios; colonias aún en el siglo XXI. Por tanto, no tienen participación individual en el IPCC y otras organizaciones internacionales dedicadas a monitorear el impacto del cambio climático alrededor del mundo, para proponer soluciones.

Son islas olvidadas, muchas de ellas pertenecen, pero no son parte de, los Estados Unidos, Inglaterra, Holanda y Francia.

Hay poca o ninguna información sobre sus indicadores en las bases de datos IPCC, Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el ND-Gain Index. En algunos casos, ni siquiera están sus nombres. Ese es el caso del ND-Gain Index, el cual utiliza datos de la ONU. En el caso de Puerto Rico, da la impresión errónea de que la isla está bien porque se muestran datos de Estados Unidos. En el caso de BVI, USVI, y otros territorios del Caribe, no da ninguna información.

Actualmente, 86 expertos de 39 países están trabajando en el próximo informe mundial de evaluación del cambio climático del IPCC (AR6), que se publicará en septiembre de 2018. Sólo dos de estos expertos son del Caribe, ambos de Cuba.

“Es sencillamente terrible. El abandono de toda esa parte del mundo es impactante”, dijo el Dr. Emanuel del MIT.

Puerto Rico, las BVI y las BVI ofrecen ejemplos contundentes de los problemas asociados al cambio climático y las consecuencias peligrosas para sus pueblos y sus economías. Los legisladores y gobernadores de las islas así como sus dueños imperiales, durante décadas, han sabido sobre la vulnerabilidad de su infraestructura y los peligros mayores que el cambio climático plantea para estos territorios y sus poblaciones. Durante décadas han debatido, legislado y hablado sobre ello, pero las palabras no se han traducido en acciones.

Por ejemplo, entre el 2005 y el 2018, la Legislatura de Puerto Rico ha radicado más de 45 medidas dirigidas a implementar acciones de mitigación y adaptación así como para enfrentar la urgencia de la erosión costera. Sólo una fue aprobada: la Ley de Cambio Climático 246, firmada por el gobernador Aníbal Acevedo Vilá en 2008. Sin embargo, no duró ocho meses pues fue derogada en menos de dos años por su sucesor opositor, Luis Fortuño-Burset. Sus disposiciones no habían sido puestas en vigor aún.

En el 2007, la Cámara de Representantes de Puerto Rico discutió el P. de la C. (Proyecto de la Cámara de Representantes) 3414, el cual — de aprobarse — hubiese sido la primera ley relacionada con el cambio climático. No fue aprobada en la Comisión Especial sobre Calentamiento Global y Seguridad. Sin embargo, sólo la posibilidad de que la propuesta fuese considerada a nivel legislativo fue suficiente para que los distribuidores de gasolina en Puerto Rico — la Asociación de Detallistas de Gasolina (ADG), Peerless Oil & Chemicals y Caribbean Petroleum Refining — se opusieran a la preparación gubernamental de un Plan para la Reducción de Emisiones de Gas y Control del Calentamiento Global y cuestionaran la adherencia de Puerto Rico al Acuerdo de Kyoto de 1997.

En las BVI, medidas similares estancadas incluyen una estrategia de cambio climático que fue requerida por una orden ejecutiva de 2015 pero que nunca se materializó.

Por otro lado, en papel las BVI aparentan ser un ejemplo de preparación ante el fenómeno, gracias a pasos dados en la última década. En el 2012, el Gabinete del territorio adoptó una Política de Adaptación al Cambio Climático, donde establecieron decenas de fechas límite específicas para medidas de mitigación, muchas de las cuales habían prometido durante décadas. En el 2015, las BVI se convirtieron en la primera jurisdicción en la región en adoptar un marco legal para un fondo fiduciario diseñado para recaudar dinero para prepararse para el calentamiento global.

Sin embargo, el CPI encontró que al menos dos terceras partes de las fechas límites delineadas en la plataforma del 2012 ya han pasado sin que fuesen cumplidas y el fondo fiduciario no está funcionando. Aunque los líderes de las BVI dicen que las reformas prometidas están encaminadas, muchos científicos y políticos (que recuerdan el fracaso repetido de esfuerzos similares durante el último cuarto de siglo) se preocupan de que los funcionarios electos de BVI — que son los responsables de aprobar leyes y administrar los asuntos internos del territorio — no tendrán la voluntad política para realizarlos.

Estas preocupaciones se repiten en buena parte del Caribe, a pesar de que los expertos dicen que son esenciales las medidas integrales para proteger a las islas del cambio climático y para ayudarlas a acceder a financiamiento internacional que tanto necesitan para poner los proyectos en marcha.

“Comenzamos a hablar de resiliencia solo cuando tenemos un gran evento”, dijo el Dr. Trotz. “Después del desastre, hay mucha retórica, mucha actividad y todo eso, y luego se desvanece. Entonces, hay un gran reto: no podemos avanzar significativamente si no hay voluntad política”.

Las experiencias de las BVI, las USVI y Puerto Rico muestran por qué la falta de acción decisiva podría ser catastrófica. Líderes políticos y científicos afirmaron que los huracanes del 2017 y otros fenómenos meteorológicos recientes pusieron de manifiesto décadas de carencias en los marcos de desarrollo de los territorios, reglas de construcción, leyes ambientales, prácticas energéticas y otras áreas que los han dejado cada vez más vulnerables al calentamiento global.

En Puerto Rico, María puso en riesgo la vida de sus 3.5 millones de residentes, provocó un exceso de muertes que pudiese sobrepasar las 1,000 víctimas, causó el desplazamiento de 183,000 ciudadanos quienes abandonaron la isla e impactó directamente la industria del turismo, una de las pocas apuestas que tiene el gobierno para relanzar la maltrecha economía. La red eléctrica completa colapsó, más de 472,000 casas fueron severamente destruidas y más de 90,000 familias quedaron sin techo. Casi toda la población quedó a oscuras y sin comunicación por cuatro meses, además fue expuesta a serias amenazas de salud, como agua contaminada y servicios hospitalarios deficientes. Más de seis meses después del huracán, todavía hay 50,000 hogares y negocios sin electricidad y los apagones y problemas con el agua son comunes en toda la isla.

Las BVI recibieron un golpe encima del otro. Irma devastó gran parte de St. Thomas y St. John y, unas dos semanas más tarde, María golpeó la isla de Santa Cruz. Los dos principales hospitales del territorio fueron destruidos y más de 400 pacientes fueron evacuados a los Estados Unidos continentales. Trece escuelas fueron cerradas, más de 100,000 de los 103,000 residentes del territorio perdieron energía y la mayoría de los principales centros turísticos fueron severamente dañados.

Irma había causado estragos similares, donde alrededor del 22 por ciento de las 28,000 personas que viven en las BVI fueron desplazadas y se estima que el 70 por ciento de los edificios sufrieron daños, y muchos de ellos –incluyendo algunos que albergaban oficinas gubernamentales– fueron totalmente destruidos.

Desde esta tormenta, ningún centro turístico importante ha reabierto por completo — un duro golpe a un territorio donde el turismo genera más del 30 por ciento del producto interno bruto y emplea directamente a una de cada tres personas. A partir del 1 de marzo, el número total de habitaciones de hotel disponibles en las BVI era de 336, en comparación con las 2,700 antes de Irma. La industria de alquiler de yates también fue duramente golpeada: los atracaderos marítimos disponibles a partir del 1 de marzo eran 1,584, en comparación con los 3,800 antes de la tormenta.

Otras islas en el trayecto de Irma y María sufrieron pérdidas similares, incluyendo Dominica, San Martín y Barbuda. Esta última fue golpeada tan duro que todos sus aproximadamente 1,800 residentes tuvieron que ser evacuados.

Todas estas islas están lejos de recuperarse de estos dos huracanes, y la nueva temporada de huracanes está a punto de comenzar en dos meses.

“Nuestra infraestructura de recursos naturales — elementos como manglares, humedales, drenajes naturales; los elementos claves que realmente existen para ayudar a la protección contra tormentas e inundaciones — básicamente la habíamos destruido toda antes de que esto sucediera”, dijo la Dra. Shannon Gore, bióloga de las BVI que forma parte del consejo directivo del Fondo Fiduciario para el Cambio Climático designado recientemente. “Estas tormentas básicamente expusieron el hecho de que no deberíamos haber hecho eso. Y si esta no es una llamada de alarma, nada más lo es”.

Cane Garden Bay, por ejemplo, parecía virgen antes de Irma, pero en realidad había enfrentado a presiones crecientes durante décadas que no eran obvias para las decenas de miles de turistas que anualmente visitaban su orilla arenosa flanqueada por palmeras. Los manglares y otros humedales alrededor del pueblo se han dañado o destruido por el desarrollo desorganizado, lo que agrava las inundaciones y las escorrentías de caminos y lugares de construcción poco protegidos, explicó la Dra. Gore. Esas escorrentías, a su vez, dañaron los arrecifes que podrían haber protegido mejor la costa del embate de las olas durante Irma.

Del mismo modo, las emblemáticas barras playeras –muchas de las cuales fueron construidas en violación de una guía de planificación que prohíbe la construcción a 50 pies de la marca de la marea alta– han contribuido a la erosión. Además, el sistema de alcantarillado del pueblo ha estado trabajando demasiado y funcionando mal por años.

Irma fue un claro recordatorio de cómo empeora peligrosamente la exposición de las costas por tales problemas. Todos los bares de la playa sufrieron daños severos o fueron totalmente destruidos y el gobierno tuvo que prohibir temporalmente la entrada al mar de los bañistas debido a los altos niveles de bacteria en el agua causados en parte por el sistema de alcantarillado defectuoso. Aunque algunas de las barras han reabierto desde entonces y otras se están reconstruyendo, a menudo la costa permanece vacía pues los turistas a otras playas no desarrolladas, que no estén bordeadas de edificios destruidos y otros escombros.

Puerto Rico enfrentó una situación similar. Muchas playas fueron cerradas debido a los altos niveles de bacterias y, en algunas áreas, las estructuras de cemento en la costa se derrumbaron.

 

Continuará…

 

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