Opinión / Editorial

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Nuevo asalto a la cultura puertorriqueña

Publicado: martes, 17 de abril de 2018

La cultura es un pilar de la identidad de nuestro pueblo. En el caso de Puerto Rico, y por nuestra condición de colonia perenne bajo dos imperios, ha sido también uno de los principales bastiones de la resistencia de nuestro pueblo, principalmente desde que el gobierno de Estados Unidos nos invadió en 1898 y nos convirtió en ficha de su plan hegemónico de expansión, conquista y asimilación. Los yanquis llegaron a nuestro país con la idea preconcebida de que, en el espacio de solo unos años, la fuerza de su poderío se impondría sobre el carácter distintivo que nuestro pueblo había amasado por cuatrocientos años, y de que al cabo de un tiempo lograrían la transformación anímica y cultural de nuestro pueblo hacia la “americanización”. Para ello contaban con una casta de anexionistas criollos que se han esforzado siempre por tratar de demostrarle al “gringo” cuán dispuestos están a doblegarse, y a entregarlo todo, con tal de que algún día nos acepten como sus iguales y Puerto Rico pase a formar parte de la poderosa unión de estados.

Principalmente desde 1968, cuando comenzó la alternancia en la gobernanza de la colonia entre el Partido Popular Democrático (PPD) y el Partido Nuevo Progresista (PNP), los anexionistas del patio capitaneados por el PNP han sido una punta de lanza en la ofensiva contra la cultura puertorriqueña. Primero, por su ignorancia. La inmensa mayoría de los líderes de ese partido desconocen nuestra historia y nuestra cultura, y por lo tanto, no la aprecian. Segundo, piensan que debilitar la cultura nos acercará más a Estados Unidos, objetivo ideológico que les da razón de ser, y que, a la luz de las señales cada vez más fuertes que llegan desde Washington, no parece que vayan a alcanzar.

Desde el 2017, y con la llegada de la administración de Ricardo Rosselló y el PNP, la ofensiva contra todo lo puertorriqueño se ha profundizado, utilizando como excusa la crisis fiscal, económica y política que atraviesa Puerto Rico. Desde su juramentación, toda la energía del actual gobierno está centrada en demostrarle a la Junta de Control Fiscal (JCF), al Congreso de Estados Unidos y a la administración Trump que están capacitados para gobernar la colonia, y que trabajan en serio para poder pagar la deuda con los conglomerados financieros, objetivo primario del Congreso, de la ley PROMESA y de la Junta de Control Fiscal.

Así, la educación, la cultura y todas las manifestaciones de identidad de nuestro pueblo son el chivo expiatorio perfecto para su desmantelamiento. La cultura no figura entre los llamados “servicios esenciales” que se supone que el gobierno salvaguarde para nuestra gente. Por eso, la tienen en la mirilla como uno de los medios con que atraer los recursos para pagar la deuda de más de $70 mil millones. Así matan dos pájaros de un tiro: venden y privatizan todo lo que puedan para hacerlo líquido, y de paso, golpean y debilitan la educación, la cultura, las organizaciones sindicales, o cualquiera otra manifestación de nuestro pueblo que visualizan como un obstáculo en su obsesión anexionista y de entrega del País.

Ya empezó el desmantelamiento del sistema educativo, justificado bajo una llamada ley de Reforma Educativa, que culminará con el cierre de cerca de 300 escuelas públicas. La entrega de la primera escuela cerrada fue a un amigo de la casa: el “pastor” Otoniel Font, de la Iglesia Fuente de Agua Viva. Se le “alquiló” por $1, o más bien se le cedió, la escuela Julia de Burgos de Carolina, nombrada así en honor a nuestra insigne poeta. La escuela fue rebautizada por Font como la “Fountain Bilingual Christian School”, un nombre muy a tono con la ideología prevaleciente en el gobierno de Estados Unidos hoy. No conforme a lo anterior, de la escuela se borró el mural Río Grande de Loíza que había realizado el gran artista puertorriqueño, José A. Torres Martino, en homenaje a la poeta y su emblemático poema. Con este único ejemplo queda palpablemente demostrado, no sólo que Font y compañía desconocen y desdeñan el valor histórico, artístico y cultural de este regalo que inmerecidamente recibieron, sino que el gobierno de Ricardo Rosselló y el PNP, en su obsesión anexionista, no tiene empacho en regalar por un mísero y simbólico dólar una escuela muy especial y una pieza de valor incalculable del patrimonio artístico de nuestro pueblo. 

Quien alertó sobre este crimen cultural fue la profesora Margarita Fernández Zavala, y quien lo denunció fue el Representante Dennis Márquez Lebrón, del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP). Éste radicó de inmediato una resolución para que la Comisión de Arte y Cultura de la Cámara de Representantes investigue sobre la destrucción del mural realizado hace 52 años. Igualmente, el Representante por el PIP radicó una segunda resolución ordenando al Departamento de Educación que lleve a cabo el inventario de todas las obras de arte- murales, pinturas, y esculturas- que estén bajo su custodia, y que junto al Instituto de Cultura Puertorriqueña garanticen su custodia, permanencia y protección. 

Estemos atentos y listos porque en los próximos meses ocurrirán otros sucesos similares. Un medio de prensa ya publicó una lista secreta y que fue confeccionada por funcionarios de la administración Roselló durante el mes de octubre de 2017. Ahí están los nombres de todas las dependencias del gobierno que serán cerradas, vendidas, o cedida su administración a entes privados, como parte de la llamada reorganización gubernamental que exige la Junta de Control Fiscal. Entre las que se proponen para cierre está la Oficina Estatal de Conservación Histórica, y entre aquellas a las que se les busca comprador figuran algunas entidades culturales seminales como la Corporación para la Difusión Pública (WIPR Radio y Televisión), el Centro de Bellas Artes, el Conservatorio de Música y la Escuela de Artes Plásticas. Esto, sin contar el asalto pendiente a la Universidad de Puerto Rico, el principal centro de producción académica y cultural del País.

Junto al Movimiento Patriótico, los trabajadores y trabajadoras de la cultura, y todo nuestro pueblo, desde CLARIDAD no bajaremos la guardia. Estaremos listos y listas para defender la cultura puertorriqueña y nuestro patrimonio artístico y cultural, de este nuevo asalto de sus enemigos.

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