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CLARIDADES: Carta de Rockwell Kent

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Publicado: martes, 17 de abril de 2018

Cuando se celebra el primer juicio contra Albizu Campos yo estaba en San Juan y fui invitado por el gobernador Winship a una fiesta que se celebró en la terraza de su residencia pocas horas después que terminó ese primer juicio en que el jurado no pudo ponerse de acuerdo. Era una fiesta muy concurrida, y los invitados eran norteamericanos —en su mayoría turistas y residentes de San Juan— y puertorriqueños de clase alta. Naturalmente, se habló bastante acerca del juicio, y muchos de los comentarios se centraron en el juez Cooper, quien lo había presidido. Los comentarios eran acalorados en pro del Gobierno y, según escuché, se expresaban repetidas condolencias al Juez porque no se logró hacer justicia. Estas aceptaban sin protesta. En esa fiesta un amigo puertorriqueño me presentó a un tal Sr. Cecil Snyder, el fiscal que actuó en el caso de Albizu Campos. Los tres nos fuimos a una esquina de la terraza a continuar la charla. Mi amigo felicitó al Sr. Snyder por la brillantez con que resumió el caso, y deploró que el jurado no hubiera logrado un veredicto de culpabilidad. El Sr. Snyder le aseguró que ya había recibido un mensaje de Washington diciéndole que prosiguiera con el nuevo juicio, y que el Departamento de Justicia lo respaldaría hasta lograr el veredicto de culpabilidad.

El Sr. Snyder sacó un papel de su bolsillo, se lo mostró a mi amigo y le dijo: “Este va a ser mi próximo jurado. ¿Qué te parece?”. Recuerdo que mi amigo estaba al tanto de los nombres y los puestos de todos excepto de uno de los enumerados en la lista, y que le aseguró al Sr. Snyder que podía contar con ellos para el veredicto de culpabilidad. Esto parecía estar de acuerdo con lo que el Sr. Snyder ya sabía. El jurado del segundo juicio de Albizu Campos incluía varios nombres cuyas conexiones eran idénticas a los de la lista presentada a mi amigo por el Sr. Snyder. Cómo podía el fiscal determinar de antemano quiénes iban a componer su próximo jurado, yo no sé. Sólo declaro lo que el Sr. Snyder dijo: “Este va a ser mi próximo jurado”. Desde entonces le he dado la mayor publicidad posible a esta información. El abogado defensor en los juicios de Ponce me pidió que fuera a testificar acerca de la evidencia de prejuicio federal que yo pudiera tener. El alguacil federal de San Juan me acompañó en el avión. Durante el vuelo trató de convencerme de que no fuera a Ponce. Insistió en que me pusiera bajo su protección, que me quedara con él en el Hotel Condado, que conociera a sus amigos que, según él, era la gente que yo debía conocer en Puerto Rico, y que evitara asociarme a los amigos de los acusados. Me previno que mi vida estaba en peligro desde el momento en que pusiera los pies en Puerto Rico. Desde que llegué a la Isla, fui atacado viciosamente en el diario de la tarde, controlado por el Gobierno. Antes de mi comparecencia a la silla de los testigos, se publicó que Cecil Snyder y el fiscal de Ponce habían estado reunidos varias horas de la noche anterior y habían acordado que no se me permitiría testificar. Se rumoró en Puerto Rico que si yo testificaba, me arrestarían inmediatamente.

Una declaración atribuída a Cecil Snyder, puede arrojar luz sobre el origen de esos rumores. No se me permitió declarar, aunque el abogado defensor incluyó en el expediente del caso todo lo relacionado con mi testimonio. Ustedes recordarán que los juicios de Ponce resultaron en la absolución de los acusados. Como consecuencia de todas estas experiencias, mi actitud es, naturalmente, de seria desconfianza en cuanto a la forma de hacer cumplir las leyes federales en Puerto Rico. Sabemos que esta desconfianza es compartida por miles de puertorriqueños. Como ciudadano norteamericano, hondamente preocupado por el bienestar de los ciudadanos norteamericanos de todas las clases y de todas las razas, y particularmente preocupado en este momento por promover la lealtad incuestionable de todo el pueblo norteamericano y los principios del gobierno democrático, le solicito reflexionar seriamente sobre el nombramiento para un nuevo término del juez Cooper, así como de cualquier otro oficial federal en Puerto Rico cuyo término de incumbencia haya contribuido a promover la creciente desconfianza que prevalece en Puerto Rico hacia nuestro Gobierno federal. La situación que existe allí debe cambiar. El paso más sabio sería limpiar la casa y comenzar de nuevo.

 

Fuente: Libro Cecil Snyder de Luis Rafael Rivera, Carta al Senador Henry F. Ashurst

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