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‘Brotes’ de Esperanza

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Por Félix I. Aponte Ortiz

Publicado: miércoles, 29 de noviembre de 2017

Félix Aponte Ortiz /Especial Para CLARIDAD

 

Apoco más de dos meses del impacto del huracán María, y cerca de tres meses desde el huracán Irma, el País continúa profundamente limitado en su funcionamiento social y económico. Más de la mitad de los habitantes no poseemos aún el servicio del sistema eléctrico y todavía muchas decenas de miles tampoco cuentan con servicio de agua potable y tratamiento de aguas residuales. La capacidad de acceder a alimentos de forma continua y segura es todavía muy limitada para una parte significativa de la población. El servicio de salud pública sigue manejándose de forma precaria. La movilidad por el sistema vial, particularmente en horas nocturnas, carente de controles en las intersecciones y falta de señales de tránsito, hacen inseguro el desplazamiento de vehículos de motor y de los peatones. Éstos y otros factores han generado el cierre temporal y permanente de miles de centros de trabajo que, en conjunto con el desasosiego e indignación que produce la pobre y en algunos casos predeciblemente corrupta gestión gubernamental, está auspiciando la emigración masiva de decenas de miles de compatriotas. El panorama social y económico del País se muestra inseguro y con gran incertidumbre sobre cómo, cuándo y a base de qué gestión política se encaminará un proceso de recuperación sostenida hacia el desarrollo del País.

Siento que en algunos sectores de la sociedad se adjudica como factor principal de la precariedad de las circunstancias de vida en las que actualmente nos desenvolvemos al resultado natural del impacto de los dos huracanes. Sin embargo, entiendo que el escenario de desasosiego en el que actualmente se desenvuelve nuestra vida es un producto de nuestra prevalente realidad política y social. En otras ocasiones hemos señalada en este espacio en Claridad que los desastres no son naturales, sino que son construcciones sociales que se van gestando durante generaciones hasta que hacen expresión súbita por el efecto de un factor o evento de peligro que produce la naturaleza o por la misma actividad humana (conflictos bélicos, accidentes tecnológicos, actos de terrorismo). La fragilidad en la que se desenvuelve nuestro País, subordinado al poder político, económico y militar del gobierno de los EE.UU., y, en consecuencia, la incapacidad de ejercer nuestra soberanía como Pueblo en la comunidad internacional, producto de esta relación colonial, hace muy vulnerable a Puerto Rico a fenómenos naturales como lo han demostrado los huracanes Irma y María. 

La vulnerabilidad de Puerto Rico se tornará más compleja y más profunda en los años venideros puesto que la incidencia de huracanes intensos pasando cerca o sobre Puerto Rico irá en aumento en las próximas décadas como resultado del calentamiento global y el cambio climático que éste genera. La realidad política de dependencia y subordinación a los EE.UU., profundizará nuestra fragilidad, vulnerabilidad social y económica a eventos climáticos intensos y de mayor recurrencia (huracanes, sequías, inundaciones, erosión costera, alza en el nivel del mar y otras expresiones de anomalías ambientales), comprometiendo nuestro futuro hasta tanto efectuemos un giro significativo en la manera en que organizamos los procesos de vida y de desarrollo del País en un derrotero político soberano y no colonial. La subordinación política exacerba la inseguridad alimentaria, la inseguridad a fuentes de energía, la inseguridad a fuentes de agua potable, la inseguridad a un ecosistema estable. Este cambio hacia un derrotero no colonial, de menos vulnerabilidad social y económica es indispensable para la construcción de una sociedad libre y democrática, que no esté subordinada a élites corporativos multinacionales, ni al capital financiero internacional y sus agentes en Wall Street o sus agentes políticos (electos y no electos), o de ejecutivos, algunos corruptos, de la metrópoli como de la colonia, que operan en acuerdo con las claques capitalistas que controlan nuestro quehacer cotidiano.

A diario realizo distintas observaciones de las precariedades que han resultado de los efectos de los huracanes. Me llama mucho la atención dos circunstancias que discurren paralelas, pero sin relacionarse de forma directa dentro de la crisis que algunos han denominado ‘humanitaria’, y que aún nos abruma. Veamos. Durante las primeras horas de la mañana es notable en la atmósfera sobre el área metropolitana de San Juan una especie de nube o bruma con un color tenue anaranjado. El color que muestra esa bruma es el resultado de la concentración de óxidos de azufre, óxidos de nitrógeno, material particulado ‘fino y grueso’ (PM2.5 y PM10, refiriéndose a la medida de cada partícula en unidades de millonésimas de metro, es decir, muy pequeñas) y otras sustancias contaminantes que resultan del uso masivo de plantas de generación de electricidad que usan gasolina o diésel como combustible. La necesidad de generación de electricidad usando estas plantas, tanto en residencias individuales, en condominios, en instalaciones gubernamentales (como el sistema de suplido de agua potable y tratamiento de aguas residuales) y en comercios, ha incrementado las concentraciones de estas sustancias tóxicas en el aire que respira más de un millón de habitantes en esta región. Sospecho que es probable que esta situación de potencial contaminación se haya incrementado con la autorización de la Agencia de Protección Ambiental federal (EPA, por sus siglas en inglés) que ha permitido el uso de diésel y otros combustibles con concentraciones de azufre más altas de las reguladas ordinariamente por la Ley de Aire Limpio y el Reglamento de Estándares de Calidad de Aire de Puerto Rico. Es decir, que como resultado de la crisis en la operación de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) se ha tenido que recurrir, como respuesta a la emergencia, al uso de combustibles fósiles en equipo e instalaciones con poco o ningún dispositivo de control de contaminación atmosférica. 

Tengo curiosidad por saber si en la importación de gasolina y diésel para operar las “plantas” de generación eléctrica, tanto privadas como las que opera la AEE y otras entidades gubernamentales, se ha favorecido al mercado que maneja combustible con altas concentraciones de azufre y otras sustancias que ordinariamente están prohibidas o muy limitadas para su uso en Puerto Rico. Me pregunto si algún actor gubernamental (federal o nacional) está supervisando y auditando estos procesos. Como sea, el huracán ha suprimido por meses el acceso al servicio de energía eléctrica producida con ciertos niveles de control de contaminación atmosférica a todo el País, y en aquellos que han contado con medios para autoabastecerse de energía con generadores individuales, se ha tolerado este uso sin ningún control de contaminación ambiental. Esta situación de potencial contaminación, plantea un potencial problema, no sólo de salud ambiental sino de salud pública a la crisis humanitaria que han producido los huracanes. Todo lo arriba mencionado dramatiza nuestra inseguridad de fuentes de energía para una eficaz operación social y la carencia de fuentes de energía renovable no contaminantes, como las solares y eólicas, para estos propósitos. 

La segunda observación, que imagino la lleva a cabo y disfruta cada lector, tiene que ver con la recuperación de la flora afectada durante los huracanes. A pocos días de la masiva defoliación y caída de árboles producida por los vientos huracanados, prácticamente todos los troncos que quedaron en pie comenzaron un hermoso proceso de producción de brotes de hojas que comenzó a decorar el paisaje, tanto urbano como de la ruralía, con el verdor que caracteriza nuestro entorno tropical. Los brotes, renuevos para el desarrollo de las plantas, ha continuado de forma acelerada y al momento que escribimos, ya se ha disimulado o cubierto el panorama de desolación que produce la pérdida de la hojas y flores en la cubierta forestal. Este proceso de recuperación de hojas y flores a través de brotes en los tallos defoliados, está vinculado a la actividad fundamental de las plantas en su capacidad casi exclusiva de convertir la energía de la luz del sol en energía química estable que a su vez es materia prima para la producción de alimento que forman la estructura de ese reino vegetal y del cual depende todo el reino animal para su subsistencia. Cada una de los trillones de hojas que han surgido de brotes de los árboles defoliados, funcionan como si cada una fuera un “panel solar”. Este aprovechamiento natural de la energía de sol que hace cada hoja de cada planta, asegura el funcionamiento de todo el sistema ecológico en su proceso de recuperación de los efectos de los huracanes.

¿Cuál es el proceso que ocurre en cada hoja de cada planta, de cada árbol, de todas las especies de la flora que observamos en el paisaje natural? De forma continua, en cada individuo de la flora, se desarrolla un proceso de absorción, conducción, fotosíntesis y procesamiento de sustancias en el suelo y en el aire para producir el alimento que nutre y forma las raíces, los tallos, las hojas, las flores y las semillas de cada planta que observamos a nuestro alrededor. Las plantas producen sus propios alimentos a partir de la savia bruta (agua y sales minerales en el suelo, dióxido de carbono y luz solar de la atmósfera) con la fotosíntesis, en cada hoja se inicia el proceso de formación de savia elaborada, compuestos de biomoléculas conteniendo azúcares con la que se construyen hidratos de carbono y otros materiales que dan forma y contenido a toda la estructura de cada planta. El proceso de producción y distribución de esa savia elaborada es similar al proceso sanguíneo en nuestro cuerpo. Siempre he mirado con asombro la similitud estructural y funcional entre el rol que desempeña la clorofila (responsable del verdor de las plantas) en el tejido de las hojas y la hemoglobina en la sangre. En la clorofila está presente un mineral, magnesio (Mg) al cual están adheridos cuatro átomos de nitrógeno (N) conectados a moléculas más complejas que incluyen hidrógeno (H), oxígeno (O) y carbono (C). En la hemoglobina tenemos un átomo de hierro (Fe) igualmente conectado con cuatro enlaces de nitrógeno que a su vez se enlazan a moléculas complejas conteniendo hidrógeno, oxígeno y carbono. La fuente de energía de este proceso en el reino vegetal la suple el sol, continuamente, de forma silenciosa y ‘gratuita’. Este proceso es la fuente de vida de todos los seres vivos que habitamos el planeta, incluyendo nuestra especie.

Contrasta el eficiente proceso de fotosíntesis que llevan a cabo todas las plantas en nuestro alrededor, proveyendo para el sostenimiento y la reproducción de todas las formas de vida, con el ineficiente proceso que llevamos los humanos para producir la energía que utilizamos en nuestras actividades sociales y económicas. Este contraste entre el sistema natural y el sistema que hemos construido (y sustancialmente destruido por los huracanes) se hace dramáticamente marcado al mantenerse los procedimientos de quema de combustible fósil importado al País. La manera como venimos operando durante este estado de emergencia es completamente insostenible. Valida los reclamos históricos sobre la urgencia de un cambio profundo del paradigma del sistema político y económico, colonial y dependiente de la metrópolis extranjera. Los “brotes” en nuestra flora muestran la viabilidad y la esperanza de la reconstrucción de una sociedad más digna y menos vulnerable ante las circunstancias políticas y naturales que nos afectan. Cada hoja que crece en el tallo de una planta, nos enseña una lección magistral sobre la manera más eficiente de llevar a cabo los procesos de vida de forma permanente para nuestro atribulado Pueblo. Observemos y aprendamos esa lección pues cada hoja es un “brote de esperanza”.

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