Opinión / Editorial

Bookmark and Share Bajar en formato PDFComentarios

Editorial: Nueva energía para Puerto Rico

Publicado: miércoles, 29 de noviembre de 2017

Por lo general, en Puerto Rico se aprende de la manera más dura. Y si no, que lo digan los cientos de miles de abonados de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) que aún no tienen servicio eléctrico desde que pasó el huracán María el 20 de septiembre, y antes de María, desde que el huracán Irma pasara cerca de nuestra costa noreste el día 6 de ese mismo mes. 

No es por falta de advertencias que más de la mitad del País lleva dos meses a oscuras, en este apagón monumental que nos agobia de muchas maneras, convirtiéndonos en la comidilla de la prensa y la opinión pública en distintos países. De antemano, se conocía el estado precario de nuestra infraestructura eléctrica. En septiembre del año pasado, ya habíamos tenido un ensayo general de apagón cuando una avería en la planta de Aguirre dejó a todo Puerto Rico sin servicio por cerca de una semana. Desde antes de ese evento, el sistema venía dando muestras de desgaste con un patrón constante de interrupciones del servicio, a veces más de una por día, como advirtiendo de su cansancio. A causa de una fragilidad acumulada por décadas y del deterioro, la falta de mantenimiento y la indiferencia de sus encargados, a nuestro sistema eléctrico se le estaba haciendo cada vez más difícil suplir la demanda de casi cuatro millones de personas adictas a la electricidad y a todas las conveniencias que ésta permite, como por ejemplo, los acondicionadores de aire a temperaturas heladas en medio de este ambiente tropical. 

Muchos habían advertido que nuestro sistema eléctrico no estaba preparado para resistir un huracán. Lo hizo el ex director de la AEE, Ricardo Ramos, justo antes del paso de Irma, del cual ni siquiera se esperaba un azote directo. Y antes de Ramos, por muchos años lo había advertido la UTIER, y muchos de los ingenieros expertos en estos temas, como Agustín Irizarry y tantos otros, cuyas opiniones y recomendaciones CLARIDAD ha procurado y publicado por décadas y por décadas han sido ignoradas.

Por eso, nadie en el País se sorprendió cuando nuestro sistema eléctrico, ya doblegado por Irma, cayó inerte ante el paso implacable de María. Casi podemos asegurar que nuestra gente sabía de antemano que tendríamos que estar preparados para vivir en la oscuridad por largo tiempo. Irónicamente, los que sí parecieron sorprenderse – o más bien abrumarse- fueron la plana alta del Gobierno y de la AEE, quienes, en quiebra financiera y sin materiales disponibles, y a falta de un plan establecido, se sentaron a esperar por el salvavidas del gobierno de Estados Unidos que no les llegó. Eso los obligó a ir improvisando sobre la marcha una respuesta que ha resultado desarticulada, errática y llena de errores, y ha entorpecido innecesariamente el proceso de restauración eléctrica. Lamentablemente, en este proceso el Gobierno y la AEE han preferido la ruta tortuosa del ocultamiento y la desinformación que siempre les revierte en contra. Por eso los ciudadanos tienen coraje; una preocupación y una ira contenida que traslucen tan pronto se toca el tema “de la luz.” 

Nuestro pueblo sabe que el descalabro de la AEE y del sistema eléctrico de Puerto Rico se viene gestando por décadas, sin que ninguno de sus responsables haya tenido que rendir cuentas ni pagar por sus errores o delitos. Sabe también que haber permitido el abandono, desgaste y obsolescencia de nuestra infraestructura eléctrica equivale a un acto cuasi criminal perpetrado por los encargados de protegerla y conservarla en buen estado. ¿Quiénes, cuándo y bajo qué premisa decidieron dejar al norte de la Isla sin capacidad de generación eléctrica? ¿Quién dio cuentas por los cientos de millones que se pagaron por una supuesta actualización de la planta de Palo Seco que no ocurrió y tampoco se devolvió el dinero? ¿Quién responde por los $50 millones que se pagaron de adelanto por el fallido gasoducto del Norte? ¿Quién responde por haber convertido a la AEE en un comité de los partidos, con directores ejecutivos que parecían comisarios políticos, miles de nombramientos de allegados de uno y otro bando, y un patrón de nepotismo que han minado su moral interna? ¿Quién saca la cara ahora por los Energéticos Progresistas o los Energéticos Populares y sus esquemas fraudulentos de recaudación de fondos en la AEE para las campañas políticas del PPD y el PNP entre contratistas y allegados “de la casa”? ¿Quién responde por las garras de la mafia del petróleo que malogra todo intento para desarrollar proyectos utilizando otras fuentes de energía? 

Así podríamos seguir enumerando las miles de razones por las cuales la AEE torció su rumbo y su norte. Aquellos aguaceros trajeron estos lodos y ahora nos enfrentamos a un sistema postrado que, con toda seguridad, no habría necesitado del azote de un huracán categoría 5 para eventualmente colapsar. María adelantó su colapso y así abrió la oportunidad para que nuestro pueblo impulse la transformación total de nuestro sistema energético. Para ello hay que sacudirse de la dependencia del petróleo, y mirar cómo otros países han resuelto sus problemas energéticos echando mano de sus propios recursos. Costa Rica es un ejemplo extraordinario para Puerto Rico, habiendo logrado concertar un plan de país que los hizo llegar a obtener el 100% de su energía de fuentes renovables el año pasado. 

Puerto Rico no puede volver a caer en la trampa de los supuestos proyectos energéticos grandiosos utilizando petróleo, gas natural, carbón, o cualquier otro combustible fósil que, además de afectar negativamente el ambiente, tienen que ser importados. Sería repetir el mismo error de depender de otros cuando la solución está en nosotros. Por eso, debemos estar alertas ante los intentos por seguir impulsando en Puerto Rico los mismos proyectos de energía hasta ahora fallidos.

Puerto Rico es rico en sol, y el sol es la fuente más confiable y sostenible de energía porque su durabilidad es infinita. La energía solar podría ser central a un plan de País que, en combinación con otras fuentes, resuelva de forma sostenible las necesidades energéticas de nuestra población. Contamos con los conocimientos y los expertos para educarnos y guiarnos en dicho proceso. Para ello es necesario que todos y todas nos eduquemos en las experiencias exitosas de otros países. La educación, participación y movilización de la sociedad puertorriqueña- individuos, familias y comunidades- en un esfuerzo concertado será la herramienta indispensable que impulse el desarrollo de un nuevo modelo energético para Puerto Rico. Un apagón monumental como el que estamos viviendo no debe volver a repetirse jamás en nuestro país.

  (2) Comentarios




claritienda Daniel Santos