Opinión / Editorial

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Un 1ro.de mayo de indignación

Publicado: miércoles, 2 de mayo de 2018

El 1ero. de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, se da en una encrucijada crucial para el pueblo puertorriqueño. Ha llegado la hora en que todos y todas deberemos apurar la medicina amarga que nos tienen preparada nuestros verdugos: el Congreso de Estados Unidos y su criatura, la Junta de Control Fiscal (JCF), y el gobierno colonial de Ricardo Rosselló y el Partido Nuevo Progresista (PNP). 

Desde que fuimos invadidos por Estados Unidos hace 120 años, el gobierno de ese país ha sido el responsable último sobre todos nuestros asuntos fundamentales. Pero, como todos los imperios, temprano decidieron que, en lugar de velar por el bienestar de nuestro pueblo, darían rienda suelta al expolio y la explotación de nuestros recursos. Por más de un siglo han sostenido una serie de políticas económicas dañinas que han empobrecido a nuestro país, y han permitido que una larga cadena de gobiernos coloniales, algunos nombrados por ellos y otros electos por la buena fe del pueblo puertorriqueño, hayan hundido a Puerto Rico en la peor crisis de su historia moderna. Ahora, pretenden obligarnos a todos y todas, sobre todo a los que menos tienen, a pagar por estas décadas de políticas abusivas y de explotación, incompetencia, negligencia, corrupción e irresponsabilidad en el manejo de los haberes públicos, que han desembocado en una deuda de tamaño monumental, que nuestro país no puede pagar sin hundirnos en el sacrificio. Esa es la coyuntura en la que estamos en estos momentos.

Los planes fiscales recién aprobados por la JCF son el cadalso al que se pretende llevar a nuestro pueblo: a los trabajadores y trabajadoras del sector público, y ahora también los del sector privado-quienes ven evaporarse los derechos adquiridos por un nuevo contrato de explotación donde el patrono puede hacer lo que le venga en gana- los pensionados del gobierno y de la Universidad de Puerto Rico (UPR), quienes verán recortadas sus pensiones, y por ende, su poder calidad de vida; los estudiantes de la UPR, ahogados con el aumento astronómico de la matrícula; los maestros y las maestras del sistema público, y también los niños, niñas y jóvenes, y sus padres, quienes enfrentan la incertidumbre de un cierre masivo y atropellado de sus escuelas. Puro veneno neoliberal inyectado de una sola dosis a una colonia en ruinas.

Por eso, esta jornada del Primero de Mayo ha sido de indignación. Indignación por el atropello, el abuso y la injusticia. Indignación ante unos poderes insensibles que quieren seguir, a costa de nuestro sacrificio, manteniendo su sistema de privilegios para ellos y sus amigos, y alimentando a los buitres que nos han despedazado. Esta jornada ha sido la voz y la acción de un pueblo harto de abusos, y que no está dispuesto a rendirse; un pueblo que sigue luchando por su derecho a una vida y un futuro dignos, en la tradición de lucha y resistencia que nos han legado las mujeres y hombres más preclaros, valientes e ilustres de nuestra historia.

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