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CLARIDADES: La huelga de los muelles de 1938

Publicado: miércoles, 2 de mayo de 2018

El disgusto de los trabajadores de los muelles con el convenio firmado en 1936 y 37, y la imposibilidad de lograr un nuevo convenio que significara un aumento en los jornales, hizo que estallara la huelga del 1938.

Además de lo antes señalado, durante el período huelgario, se plantearon los siguientes problemas: el conflicto por quién poseería la representación obrera, la F.L.T. o la nueva organización obrera Comité de Organizaciones Industriales, que tenía su epicentro en Estados Unidos y que en estos momentos tenía gran injerencia en los asuntos de los trabajadores de los muelles, ya que éstos se sentían traicionados por la U.T.M. Además, el conflicto colocó en entredicho las prácticas burocráticas, sobre todo, en la contención de los conflictos sociales.

Una vez comenzó el conflicto, los navieros de inmediato envían una carta al Gobernador Interino, Rafael Menéndez Ramos, y al Comisionado del Trabajo, Prudencio Rivera Martínez, pidiendo que el gobierno realizara, “cuanto antes las gestiones pertinentes” para detener el conflicto huelgario. Estas gestiones debían traducirse en la solicitud de que la Guardia Nacional o el ejército federal interviniera para resolver o apaciguar la situación social del país.

La huelga portuaria enfrentó al aparato colonial y a los viejos funcionarios socialistas con una nueva amenaza: la participación y el apoyo de uniones obreras norteamericanas a los trabajadores de los muelles. Esta nueva situación complicaba el panorama para las autoridades estatales. La “internacionalización” de la huelga aportaba a los trabajadores puertorriqueños nuevas fuerzas, lo cual perturbó profusamente el ánimo de la jerarquía social. En cierto sentido, el Gobierno de Puerto Rico estaba indefenso para controlar la situación porque los tripulantes de los barcos que venían a Puerto Rico rehusaban proveer de vapor a los barcos para la labor de carga y descarga, y el Gobierno Insular no podía echar mano de leyes federales, si alguna, para obligar a las brigadas a trabajar en esas condiciones.

La situación era nueva e inesperada, pero sobre todo amenazante para las fuerzas políticas imperantes en el aparato administrativo. Expresar que la intervención de la Guardia Nacional ya no bastaba. Por eso se solicitó constantemente la intervención del ejército federal.

Las estrategias del Estado fueron desde intentar dividir a las uniones obreras que dirigían la huelga, declarar ilegal la huelga por no estar dirigida por líderes de la F.L.T., hasta promover una tregua en negociaciones con el objetivo de apaciguar a los huelguistas en los momentos más acalorados del conflicto. Fracasadas estas gestiones, el gobierno de Blanton Winship se preparó para acometer la represión militar, invocando para ello la ley marcial.

Sin embargo, tanto el gobierno metropolitano como el insular, optaron por la negociación, ésto a pesar de Winship. El viejo general norteamericano propuso un plan para resolver el dilema huelgario y luego, cuanto éste no tuvo fruto, auspició el Plan Travieso, que a fin de cuentas, acabó con la huelga. Es decir, de la amenaza de la espada de Damocles se pasó a la diplomacia como táctica operativa. Una nueva base de operatividad para las estrategias de control. Los nuevos signatarios puertorriqueños tendrían que re-educarse en los próximos años para estar al tono con estas nuevas estrategias.

Nuevas condiciones de control se usaban a la altura de 1938. No eran las prácticas represivas de 1934 y del 36. El Estado colonial había transformado su estrategia debido a que continuaban vigentes las condiciones sociales que hacían posibles los conflictos sociales. Se había destruido una rama política de éstos (los nacionalistas), pero afloraba por doquier el fenómeno huelgario y sobre todo la violencia en las estratas sociales continuaba. La represión como operación de emergencia no podía ser utilizada como táctica perenne de control. La huelga portuaria le demostró al Estado cuán a flor de piel estaba el estallido social y cuán enajenado estaba el Estado Colonial del pueblo.

 

Fuente: Luis Muñoz Marín y las Estrategias del Poder – 1936-1946

Luis A. López Rojas

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