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La dignidad del trabajo en el mundo de la desocupación

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Por Marcelo Barros

Publicado: miércoles, 2 de mayo de 2018

Este 1º de mayo, las clases trabajadoras van a conmemorar su día, en un mundo siempre más dominado por la desocupación y por la precarización del trabajo. Las perspectivas son de que, dentro de cinco años, en todo el mundo quince millones de empleo van a desaparecer. En una sociedad más justa, eso provocaría hasta una vida más libre para la humanidad. Las máquinas podrían hacer el trabajo más duro y las personas quedarían con el ocio creativo, como propone Domenico de Masi. Sin embargo, lo que resulta de esa situación en un mundo injusto como ese en que vivimos es una masa de gente desechable y puesta al margen de las mínimas condiciones de una vida digna. Y aún los trabajos que todavía sobreviven son precarizados para garantizar siempre ganancias más grandes a las corporaciones financiarias. 

El mundo actual es dominado por lo que el economista brasileño Ladislau Dowbor llama “capital improdutivo”. Los bancos e instituciones financieras que, antes estaban al servicio del sistema productivo, ahora, dominan el mercado y viven de rentas. En un tiempo en que todo el mundo habla de crisis económica, recesión y desempleo, los bancos registran intereses y gaños multimilionarios. Eso explica por qué el mundo llegó a una situación en la cual ocho familias tienen más riquezas que mitad de la humanidad. Y los medios de comunicación al servicio de esa desigualdad predican que eso es inevitable. 

En el mundo, una minoría de la sociedad civil organizada y los movimientos sociales luchan en contra de ese sistema. Inventan alternativas creativas y transformadoras, como experiencias de economía solidaria, cooperativas de producción y gestión comunitaria del trabajo. Ya desde años, en Argentina y otros países, decenas de industrias en falencia fueran asumidos por los trabajadores que las administran colectivamente. 

El papa Francisco ha insistido que ese sistema económico dominante es inicuo y cruel. Sostiene que los pobres y trabajadores pueden ser constructores de una sociedad más justa y más humana. En su reciente carta sobre la santidad, el llama a los cristianos a vivir el espíritu de las bien-aventuranzas de Jesús. Eso significa no conformarse con un sistema injusto y excluyente, sino, como dice el apóstol Pablo, transformarlo. 

Al luchar pacíficamente para cambiar ese mundo, los/las trabajadores/as saben que son testigos de que el reinado divino está llegando y Dios está presente en las luchas del pueblo por la justicia y la paz. 

 

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

 

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