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Organizaciones No Gubernamentales: A ocho meses de María

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Por Cándida Cotto

Publicado: miércoles, 6 de junio de 2018

Luego del paso de los huracanes Irma y María, las organizaciones del llamado tercer sector, las organizaciones sin fines de lucro (OSFL), o conocidas como organizaciones no gubernamentales (ONGs), no están exentas de ejercer un proceso de reflexión que las lleve a preparar mejores planes de contingencia para atender futuras emergencias.

En entrevista sobre el particular la psicóloga industrial, consultora en desarrollo institucional, Dr. Astrid Morales Jiménez, quien se especializa en OSFL señaló lo que entiende fueron las deficiencias principales de las organizaciones. Para Morales, los principales errores a la hora de enfrentar el desastre es que se concentraron –y sus planes se concentran– en la política típica de proteger más los equipos y materiales, pero no había –ni hay– un plan que estableciera quién se comunica con quién y cuáles son esos pasos para la respuesta inmediata después de un desastre. Al no existir ese plan encontró que las organizaciones tuvieron que responder a la crisis sin una planificación, actuaron de manera reactiva a lo que se iban encontrado dentro de las comunidades. Sobre todo en esas primeras semanas fue un proceso caótico porque no se tenía ni siquiera una infraestructura de comunicación y alineamiento del funcionamiento.

Un segundo desafío que enfrentaron las ONGs fue la situación económica. Aunque las organizaciones respondieron a las necesidades de nuestras comunidades, reparó en que ninguna organización en el país estaba preparada para tener que enfrentar una crisis como la de tener que correr su operación con un generador, por lo que no había los recursos económicos planificados para ese gasto. Acotó que hoy a ocho meses más tarde ese gasto ha puesto a las organizaciones en una situación de mayor vulnerabilidad económica ya que ante la crisis económica del gobierno, el estado les ha reducido los fondos y hay organizaciones que se están cuestionando si tienen la capacidad económica para continuar. Indicó que una alternativa que deberían considerar las ONGs es comenzar a levantar un fondo no restricto que les permita responder a un desastre sin poner en riesgo su operación.

Un tercer aspecto que se tiene que considerar previo al huracán tiene que ver con el desgaste físico del recurso humano de estas organizaciones. Aun cuando reconoció que hay un sector solidario que nunca va a decir que no y que fueron los primeros que salieron a dar respuesta a las necesidades del país, incluso que no han parado desde la semana después del huracán, el desafío es que a ocho meses se tiene “gente quemada, agotada” y sin recursos económicos para seguir operando. “Eso pone en términos generales a un tercer sector debilitado, en una situación de mayor vulnerabilidad sobre todo cuando estamos pensando que ya nos toca la próxima temporada”, afirmó.

 

Cuáles medidas son necesarias

En esa dirección contó que desde la organización Coordinadora Paz para la Mujer (CPM), ya se ha tenido diálogos y capacitado entre 50 a 60 organizaciones. Lo primero señaló es que las organizaciones puedan entender la complejidad de prepararse y que no solo es un plan de manejo de riesgo. Esa primera fase tiene que incluir: uno, entender cuáles son las necesidades que se vieron más apremiantes en las comunidades para poder prepararse para atenderlas en una próxima; dos, un plan de comunicación –ya se sabe que las comunicaciones del país se pueden caer– es necesario un plan interno para mantener a empleados y empleadas comunicadas; incluyendo un plan alterno por si las facilidades de la organización por x ó y razón no pueden ser habilitadas, dónde encontrarse, quién se comunica con quién, dónde comenzar el proceso.

La consultora explicó que hay una etapa en la gestión de riesgo que se llama respuesta inmediata. Eso significa identificar, cuáles son esas respuestas, o cómo se organizan, cómo se atienden las necesidades que tiene la población de agua, comida, acceso a servicios de salud, incluyendo servicios de salud mental. Estas son las áreas primarias que, dependiendo del tipo de servicio de la organización, se deberían atender, incluyendo la posibilidad de organizar una red solidaria de organizaciones. Ante el reconocimiento de que el gobierno no tuvo la capacidad de responder, recalcó que no se puede seguir esperando por el gobierno porque las necesidades de las comunidades van a seguir estando ahí.

Las dificultades para enfrentar el desastre varían dependiendo del servicio que ofrezca la organización, cómo sería garantizar el acceso y continuar los servicios de salud mental con personas antes y después del desastre, en particular cuando la organización tiene que coordinar los servicios con otros sectores.

 

Puerto Rico y Haití ante el descrédito internacional

Morales Jiménez, quien tiene experiencia como consultora de ONGs en Haití tras el terremoto y en Tailandia, luego del sunami, dijo que uno de los grandes desafíos en Puerto Rico en cuanto a la organización del gobierno fue que decidió centralizar la ayuda, creando un embudo en la movilización del auxilio. “Ya se sabe, está científicamente probado, que en la medida en que tu regionalizas o municipalizas las ayudas estas llegan mas rápido a las gentes que lo necesitan”. Observó a que esto también crea menos oportunidad de corrupción.

Continuó que el proceso en Puerto Rico -el del gobierno- se parece mucho al proceso de Haiti post terremoto. Describió los paralelismos entre Haití y Puerto Rico a la hora de enfrentar el evento natural, un país que no estaba preparado para el desastre, con una mala situación económica, una situación de vulnerabilidad grande en su población que hizo que el desastre se magnificara. “No necesariamente lo que nosotros vemos hoy como desastre es resultado de María, María lo que hace es visibilizar una serie de problemas que ya tenía nuestro país, la pobreza que existe de la cual no necesariamente queremos hablar”.

Frente a esta realidad destacó que luego del huracán, tras la ayuda inmediata recibida, el país aun está en proceso de estabilización y que todavía no se puede hablar de reconstrucción. La sicóloga industrial fue enfática en que todavía se está en la primera respuesta de proveer agua, comida, salud, incluyendo salud mental. Agregó que los modelos de gestión de riesgo dicen que esa primera respuesta se debe dar en no más de tres meses y nosotros a ocho meses todavía estamos en la primera, por lo que aun quedan muchos retos que enfrentar.

Le preocupa en particular la exposición de Puerto Rico a nivel internacional con donantes extranjeros. “Cuando seguimos la crónica de Haití sabemos que mucho de lo que ha afectado sobre todo el proceso a largo plazo de la recuperación es la credibilidad del país ante los donantes extranjeros sobre el uso del manejo efectivo de los fondos”. Morales Jiménez advirtió que de seguirse el tracto de lo que está pasando en nuestro país con las ayudas recibidas del exterior se levanta un signo de interrogación sobre el uso adecuado de esos recursos. Las interrogantes que se puedan levantar a nivel internacional respecto a si el país está usando de manera adecuada los fondos recibidos puede provocar que desde el exterior no se quiera continuar ofreciendo ayuda a Puerto Rico en su proceso de reconstrucción a largo plazo.

Un ejemplo de lo anterior es precisamente la noticia del estudio de la Universidad de Harvard que reveló que la cifra de muertes en la isla provocadas por el huracán María sobre pasan las 4,600 en contraste con las 64 que el gobierno insiste en reconocer. Morales Jiménez apuntó a la necesidad de que tanto el gobierno como el tercer sector del país genere datos creíbles y confiables

 

Un ejército de voluntarios

Morales Jiménez trajo a la luz que una red de ONGs ha comenzado a levantar datos para un estudio que revela que unas 200 mil personas se movilizaron de manera espontánea para prestar servicios voluntarios al paso del huracán. Eso incluye desde personas que se lanzaron a abrir paso en las calles, caminos, recoger escombros, repartir comida, empacar comida, repartir agua, etc. Reclamó que el gobierno mínimamente debería reconocer esta aportación, a la vez que señaló que por parte de las ONGs una asignatura pendiente es el cómo gestionar de manera más efectiva el reclutamiento de ese voluntariado y que no haya que esperar el próximo desastre, para movilizarse. Lo deseable debe ser que previamente estén capacitados, identificados y que sea mas fácil la ubicación y comunicación. Narró su experiencia de que se encontró con mucha gente que quería ser voluntario pero no tenia claro a dónde ir, ni cómo se conectaba con alguna organización.

 

Necesarios los espacios de reflexión

Por otra parte la preparación no se limita a planes de contingencia, sino que además es necesario luego de la atención del desastre, tener espacios de reflexión. De acuerdo al modelo de intervención en desastres de la ONU después de un desastre toda organización, grupo organizado de comunidad, tiene o debería hacer un análisis que le ayude a identificar cuáles son las necesidades que aprendieron del desastre y cuáles han sido sus vulnerabilidades.

Morales Jiménez resaltó que parte de la preparación para futuros eventos lo es la reflexión y el compartir las experiencias de lo aprendido. Apuntó que queda mucho trabajo por delante y lo mas importante es cómo hacemos los procesos de reconstrucción a mediano y largo plazo, gestionar una preparación que sea más ágil y de alguna manera más profunda, más compleja, a todos los niveles del país, desde el gubernamental hasta la individual, “esas son las conversaciones que deberíamos estar teniendo a todos los niveles del país, desde el sector gubernamental hasta el comunitario”.

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