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¿“Apenas” un 48 por ciento?

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Por Manuel de J. González

Publicado: martes, 22 de mayo de 2018

Antes del 20 de mayo, previo a las elecciones presidenciales venezolanas, la prensa internacional (y la puertorriqueña) hicieron todo lo posible por presentar un país que se “despedazaba”. La gente, decían, carecía de comida y casi dedicaba el día a buscar qué comer. Las largas colas agobiaban a la mayoría. Los que no buscaban afanosamente algo para comer, huían por las fronteras de los países vecinos. Venezuela se vaciaba, decían. 

Días antes también se anunció con gran despliegue que la empresa estadounidense Kellogg abandonaba Venezuela. Al anunciar su partida sus directivos denunciaron al gobierno de Nicolás Maduro como responsable y se quejaron del “deterioro” del país que dejaban. Al reseñar la noticia la prensa destacó la lista de otras empresas que también se habían ido del país suramericano. 

Ése era el ambiente previo a unas elecciones que los principales partidos y grupos de la oposición habían decidido boicotear, tachándolas de “ilegales”. A los candidatos que se presentaron contra Maduro, los tachaban de “traidores”. Igual calificativo usaban para los que se atrevieran a votar.

Con esos truenos todos daban por seguro que la participación electoral sería mínima y que una buena parte de los que se arriesgarían a votar rechazarían a Maduro. En Puerto Rico algunos auguraban que en Venezuela ocurriría lo que sucedió en el plebiscito que Ricardo Rosselló organizó en junio de 2017 en el que “apenas” participó el 23% de los electores.

El día antes de la cita electoral, en una reseña del diario español El País (que llega hasta lo bochornoso para oponerse a Maduro) se colaban algunos indicios de que la cosa no era como la pintaba la prensa. La noticia hablaba, claro está, de las colas inmensas para buscar comida y exponía los comentarios de algunas personas de la fila. Una de las entrevistadas, opositora al gobierno, decía que aún no sabía por quién de los candidatos opositores votaría. También decía que esperaba “un milagro” para que la gente no votara una vez más por Maduro. 

Como esos comentarios El País nos daban un cuadro muy distinto del que pretendía. La opositora se proponía votar, lo que refutaba la historia del “rechazo” masivo a la consulta. En segundo lugar, la misma persona reconocía que la mayoría de la población efectivamente había elegido el gobierno actual y reclamaba “un milagro” para que eso no volviera a ocurrir. No hablaba de fraude electoral del pasado ni lo esperaba en el presente. Tan solo rogaba porque una mano divina revirtiera la tendencia cambiando la intención de voto de la gente.

Escondido en la propia noticia aparecía un dato aún más relevante. Se hablaba que en “los sectores populares”, es decir, en las comunidades y pueblos donde vive la población trabajadora, se notaba mucho entusiasmo por las elecciones. En otros sectores ése no era el caso. Ese comentario, que retrata la evidente y no siempre reconocida lucha de clases, nos ayuda a entender lo que está ocurriendo en Venezuela

A fin de cuentas, en las elecciones del pasado 20 de mayo votó el 48% de la masa electoral y alrededor del 60% por ciento de éstos lo hicieron por Nicolás Maduro. Cuando ya se conocía ese resultado, y antes de que a presión mediática lo llevara a gritar el consabido “fraude”, el principal candidato de la oposición se lamentaba de que el llamado a la abstención de los otros le había impedido ganar, lo que significaba un reconocimiento a la legitimidad de la consulta. 

En las elecciones de 2016 de Estados Unidos no hubo llamado alguno a boicot, más bien lo contrario. El interés por ellas se había disparado una vez el energúmeno Donald Trump ganó la nominación por los Republicanos. Aun con ese ambiente, la participación llegó al 55%. ¿Alguien, como hizo ahora El Nuevo Día puertorriqueño, utilizó la palabra “apenas”?

El único evento electoral relacionado con Puerto Rico parecido al del 20 de mayo venezolano, fue el plebiscito de 2017. Allí casi toda la oposición hizo un llamado al boicot y, en algunos casos, la oposición fue militante, como fue la de la oposición en Venezuela. En el caso puertorriqueño la efectividad del boicot se vio en la participación que arrojó la consulta, de apenas (y aquí si es correcto ese “apenas”) 23%. En Venezuela la participación electoral más que duplicó esa cifra, llegando casi a la mitad de los electores. 

Tiene razón el candidato opositor Henry Falcón cuando dice que sin el llamado al boicot electoral tal vez hubiese ganado. La simple aritmética apoya su comentario, pero él y sus amigos tendrán que vivir con esa especulación de ahora en adelante. Lo cierto es que hubo elecciones, que fueron limpias y que el candidato que ellos llaman del “chavismo” obtuvo la mayoría. 

Acá en Puerto Rico, el mismo gobernador que proclamó su triunfo en el plebiscito con una participación electoral de 23%, emitió varias declaraciones condenando lo ocurrido en Venezuela y denunciando las elecciones. A su lado estaban algunos “opositores” que viven aquí y que cada día, con su apoyo a Rosselló y a la anexión de Puerto Rico a Estados Unidos, nos enseñan su propia naturaleza. 

Después de estas elecciones a Venezuela, claro está, le esperan años difíciles. El estado de su economía, obviamente maltrecha, es su principal reto. Difícilmente el gobierno recién reelecto podrá permanecer mucho más tiempo si no logra mejorar a corto plazo las condiciones de vida de la población. El reciente aumento en el precio mundial del petróleo puede ayudarlos a enderezar el rumbo. 

Además del reto económico se enfrentarán a la creciente hostilidad de Estados Unidos que, con Donald Trump de presidente, no tendrá escrúpulos a la hora de planear conspiraciones. Ante esos retos, como sucedió en Cuba, tiene que levantarse un pueblo unido junto a un liderato capaz.

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