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La ñapa del En Rojo: Las aventuras secretas de Kofresí

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Publicado: martes, 22 de mayo de 2018

Por Fernando Silva Caraballo

Especial para CLARIDAD

 

Eso de escribir novelas y cuentos para niños es muy difícil, dijo José Saramago Premio Nobel de Literatura, en una entrevista en la que relataba su proceso creativo, previo a la publicación del cuento para su nieta, La flor más grande del mundo. Escribir literatura para niños y jóvenes no es para principiantes. Los hermanos Grimm, Jacobo y Willhem, autores de autores de los dos volúmenes de la literatura infantil de donde provienen “Blanca Nieves”, “El rey cuervo”, y una versión de “Pulgarcito”, entre cientos de otros, son  también los autores de la Gramática alemana y de los primeros 4 volúmenes de su gigantesco proyecto del Diccionario Alemán de 32 volúmenes. John Roland Tolkien, quien escribió los 4 volúmenes de aventuras de El Señor de los anillos, El Hobbit y más de una docena de otras, lo hizo siendo profesor de idioma anglosajón y literatura inglesa en Oxford. 

El autor de Las aventuras secretas de Kofresí, Samuel Silva Gotay, mi padre, es Profesor Distinguido de la Universidad de Puerto Rico, donde hace más de cuatro décadas enseña, investiga y publica sobre historia y sociología de la religión en Puerto Rico y América Latina.

En los últimos años he sentido, dice el profesor en alusión a sus motivos, una urgencia por escaparme de la obligatoriedad que impone el rigor académico de las notas al calce, para ejercer la libertad que nos permite la literatura, y adentrarme en la fantasía y la curiosidad que caracteriza las historias para niños y jóvenes.

El profesor Silva Gotay insiste en una novelística para niños y jóvenes en la que los héroes sean niños puertorriqueños para que sus lectores desarrollen orgullo y autoestima frente a la condición colonial en que viven. En consecuencia, procura que el escenario sean los acontecimientos políticos y sociales de la época, con respecto a los cuales, nuestros héroes y heroínas protagonicen sus aventuras y de donde el autor saque, como conejos de un sombrero, los elementos de fantasía que son posibles destilar de la realidad histórica, como ocurre en el realismo mágico. 

Cuenta cómo los niños se expresan en sus conversaciones cuando es invitado a una escuela donde lo han leído. Éstas son algunas de sus anécdotas: “Qué interesante que un nene puertorriqueño haya descubierto la ciudad de Angkor Wat en Camboya, maestro”. “A mí lo que más me impresionó fue su valentía cuando se perdió en la selva.” 

El uso de referencias y alusiones históricas en esta novela, bajo el manto fantástico de su narrativa es un recurso literario poderoso, enriquecedor y estimulante. Su valor no reside en la didáctica. Se trata de narrar la historia con ayuda de la técnica y la función poética del lenguaje literario para capturar a los más jóvenes. Esta fusión puede aportar muchísimo a la experiencia del lector, como lo ha demostrado magistralmente Silva Gotay, en este libro y en su primera novela Las Aventuras de Juan Cecilio en la Ciudad Perdida, Premio El Barco de Vapor del 2012“. En ambas obras, el autor ha conseguido incorporar la historia en una narrativa fantástica sin que los jóvenes lectores sientan que les acecha la lectura obligada de un texto escolar. El uso de la historia en su narrativa logra lo que también  consigue  la música clásica en los dibujos animados para niños y jóvenes, que tanto aporta a la experiencia fantástica de sus audiencias. La integración del relato histórico y la música clásica, ambos provocan el misterio y la fascinación a través de sus dos formas de relatar y encantar a sus respectivas audiencias. 

De aquí que en la novela sobre las aventuras secretas de Kofresí podamos encontrarnos con fragmentos de historia política real, como la invasión de los ingleses en 1795, la rebelión de los esclavos en la Española para establecer la República de Haití y la invasión de Napoleón para aplastarlos, la participación en esa guerra del capitán del navío Don Ramón Power y Giralt, la petición de las Cortes de Cádiz a las colonias convertidas en provincias y la respuesta del Cabildo de San Germán, reservándose la independencia de España, si Napoleón llegaba a aplastar la resistencia, la participación de Kofresí en las guerras de la independencia de Hispanoamérica y en la “conspiración de San Germán”, dirigida por su tío Ramírez de Arellano, entre otras, hasta que el autor lleva a Kofresí a Constantinopla a buscar los manuscritos originales de “Las mil y una noches”.

El autor deja a Kofresí en su viaje a Persia, en búsqueda de la lámpara maravillosa de Aladino, la alfombra voladora y el tesoro de Ali-Babá. Termina la novela, con su capítulo final titulado “Doscientos años más tarde”, cuando un niño que volaba una chiringa sobre el filo de los acantilados rocosos, junto a Playuela en Cabo Rojo, mete el pie en un hoyo, se desprende la tierra y cae, hasta dar abajo, en un viejísimo barco medio hundido en un lago de mar, que entraba a una inmensa cueva escondida. Sólo los que lean la novela se enterarán del origen de este escondite subterráneo y también, de las aventuras del niño Kofresí en Punta Guaniquilla, su relación con Juanita, sus compras en el Mercado de Magias, Objetos Históricos y Curaciones, y de su viaje al Mar Egeo en busca de los restos de Enríquez, el escurridizo navegante puertorriqueño del siglo XVI. Y únicamente los que lean esta novela y asistan a la presentación conocerán la relación de todos estos acontecimientos con la identidad de este niño que volaba una chiringa doscientos años después. 

Este libro abre una puerta a los más jóvenes, y por ella les lanza un cabo del cual podrán tirar y continuar descubriendo y conociendo más, un hilo al que podrán, con el paso del tiempo, atar más cabos a nuevos conocimientos y nuevas formas de imaginar y de indagar. Y de eso puedo dar fe personalmente, porque llevo una vida muy cerca de las historias del profesor Samuel Silva Gotay, a lo que puedo atribuir mi fascinación por entender el presente, con la historia como recurso indispensable para su interpretación, y también vivir con la certeza de que es posible transformar la realidad cuando ésta carece de justicia.

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