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Topografías: Miqueas

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Por Carlos R. Alberty Fragoso

Publicado: miércoles, 6 de junio de 2018

     Este escrito, disculpen, es una impertinencia, pero ocurren cosas que uno debe aceptar y contar como llegan, con ironía y cariño. Hace unos días, mientras caminaba fantaseando por la playa, encontré a mi amigo el poeta. Suelo verlo así o así a él le gusta aparecerse: columbrando la lejanía como atento a una gran visión o como si se hubiera vuelto tonto. De inmediato, me habla de un libro suyo que, a juzgar por lo que cuenta, es muy raro. Me dice: “Imagínate una obra de ficción, no te digo novela porque todavía no sé lo que es, que casi se escribiera a sí misma, sola, poco a poco, con el menor esfuerzo, en fragmentos escritos a través del tiempo, con el ritmo de esas olas que trae el mar.” Y empezó a echarme el rollo. Primero, comienza por el verbo “miquear”, lo que me suena sospechoso. Me informa que solo lo encontró en el Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico. Por tanto, es vocablo boricua, ay mi madre. Me ilustra con las definiciones: “No estudiar, vaguear”, “tontear”, “Perder el tiempo en el trabajo por vagancia”; “Actitud de ocio, algo fácil de hacer. Coger todo a vacilón. Coger las cosas con calma. Vacilar. Vaguear.” Entonces le pregunto qué tiene que ver la palabra con el libro. Contesta: “Mucho, el verbo es el origen del nombre del protagonista, Miqueas.” Y rápido me habla de Wittgenstein. “Según el pensador austríaco, todo lo que puede ser dicho debe ser expresado con claridad, y lo que no se puede decir no debe intentarse decir. Lo que está más allá del límite de lo decible es el sinsentido y el disparate. Y eso puede ser cómico, ¿no? Pues en ese límite, en esa orilla de extraña playa habla Miqueas a través de metáforas, pleonasmos y circunloquios, etc. Donde Filosofía calla, Fantasía goza. ¿Me entiendes?” No, pero callo, y él continúa con su discurso. “Será un texto paródico y cómico que invite a pensar. El protagonista es un ‘sabio’ que, por razones contradictorias o ambiguas, será desterrado a una islita. Allí tendrá visiones del pasado remoto de su isla natal. Hay una relación humorística con los modelos de vidas de sabios antiguos y libros sagrados como los fragmentos de los presocráticos, la Biblia, el Tao Te Ching etc. El juego con los temas de la sabiduría, el conocimiento, la espiritualidad, la creación, entre otros, será obvio. 

Habrá varios prólogos. Uno establece que un personaje, aquí, recibe el manuscrito desde la lejana isla de Chipre. En una carta, los remitentes, una pareja de profesores retirados, de origen griego, (que habrá perdido a su hijo en las luchas políticas) le encomienda la protección del texto que, a su vez, habrá llegado a sus manos de manera azarosa. El antiguo manuscrito, como un niño huérfano, habrá sobrevivido los avatares del tiempo incluyendo el torbellino de violencia de la historia de Chipre en el siglo veinte que hasta conecta con el líder religioso Makarios.” Mi amigo se entusiasma y añade: “Desde ahí ya encontraríamos el tema de una isla dividida y en lucha consigo misma por ideologías, etc. El destinatario del manuscrito deberá ser su guardián y lector, y deberá haber algún juego de palabras con su nombre y su doble función, por ejemplo, algo así como Héctor -protector de Troya- y su apellido Léctur.” ¿Cómo Aníbal Caníbal? le digo pero no hace caso. 

“El manuscrito será una colección de fragmentos de hechos y dichos estrafalarios y contradictorios de y sobre Miqueas que incluiría los comentarios del editor, los discípulos y de un falso discípulo. Uno podría ser “fiel” y entusiasta seguidor (el Sublime), otro, su negador (el Renegado), y otro sería un proponente de la incoherencia (el Indiscípulo K). Al final, la desaparición física del ‘Maestro’ deberá ser motivo de diversas interpretaciones cerrándose el libro con una pluralidad de epílogos, a semejanza del comienzo.

En la historia se barajarían tres tiempos. 1. En el presente estaría el editor y el “héroe” lector que deberá proteger el manuscrito. 2. En una especie de época antigua tendríamos a Miqueas en la cueva donde tiene visiones etc. en la islita del destierro. 3. En otra época, en el remoto pasado de la isla natal de Miqueas, a la cual el visionario tendrá acceso, estarían los “primigenios”; en ese tiempo prevalece la convivencia entre sabios y sabias. Sus nombres deberán sugerir la imaginación libre que huye de los simples simbolismos. Por ejemplo, algunos nombres azarosos podrían ser Ataraxia, Cadencia, Nimia, Triquis, Piques, Costras, Síncope etc. En esa época, deberá aparecer misteriosamente –casi de la nada– una gigantesca masa a modo de cordillera, como gran plasta viscosa, con forma de sandalia, entre otras, que atraviesa la isla y que será nombrada como el Enigma. Los personajes se dispondrán a entrar en la Gran Masa para descifrarla, pero su ruta se podría bifurcar bruscamente hacia otros caminos, por ejemplo, la búsqueda de alguien muy querido que ha desaparecido y cuyo nombre, ese sí, sugeriría el Comienzo o Primer Principio de la Realidad. Algo así como Arjé o Arjeo. El punto es que al final se llegará al mismo sitio. Ese Arjé podría ser el viejo encargado de limpiar las plazas de encuentro de los remotos primigenios. El resultado de tal expedición coincidirá con una catástrofe natural causada por la “Virazón del Ser” que a su vez coincidiría con la desaparición o transformación de Miqueas. El tal ‘Ser’ podría ser un inmenso e inocentón mamífero marino sobre cuyo lomo descansaba la remota isla. La desaparición de la ínsula y de Miqueas impedirán la comunicación entre los tiempos. Sin embargo, hay un puente al porvenir: una sabia primigenia, Ataraxia, será salvada por sus amigos escualos y cetáceos. Al final, circularán versiones contrarias del ‘sabio’ y su descendencia que podrían incluir al editor del libro. (También, en el presente, regresará del clandestinaje el hijo de los remitentes del manuscrito. Su prole llevará los nombres de los sabios primigenios. Ja.) ’Miqueas’ deberá ser un texto que nunca termine ya que gran parte de su sentido o razón de ser es el acto mismo de leer e interpretar.”

Le pregunto por el título, y me contesta: “ Mi favorito es ‘Evangelios para Miqueas’, por las muchas voces que dan noticia de este personaje de pura palabrería. Pero no me decido.”

Sí, es un enredo de islas, sabios, temas y épocas. Pero se trata de un querido amigo y eso me basta. Entonces le digo, ¿ya has escrito esos “Evangelios”? Él, muy tranquilo, levanta una mano y con el dedo índice tocándose la cabeza dos veces contesta: “Lo tengo todo aquí.” Vaya, no has escrito nada. Y él riposta, “ni tanto, hermano, que tengo algunos apuntes”. Finalmente, termina diciendo: “Si la vagancia lo permite, algún día veré escrito el libro y proclamaré su buena nueva”. A lo que yo añado burlón, ¡si Moira Krataia lo dicta! (o sea, el Destino Poderoso, en el idioma de la Ilíada). Él se ríe y asiente. Así, me despido deseándole suerte al poeta mientras sigo por las arenas de mi isla natal fantaseando frente al mar.

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