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Burundanga City

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Por Rafah Acevedo

Publicado: martes, 22 de mayo de 2018

¿Qué son startup societies? Es un experimento de autogobierno en territorios pequeños. Una especie de enclave para escapar de las “barreras institucionales”. La ideología detrás de ellas utiliza de ejemplo a las Trece Colonias, formadas por quienes huían de la persecución religiosa. Y de los impuestos. ¿Características de estas ciudades privadas? Son pequeñas, experimentales, enfocadas en la tecnología, responden a los intereses de los socios, son útiles si fracasan porque proveen información y, por último, pueden generar mucha prosperidad cuando tienen éxito. Por supuesto. Uno gana cuando gana y pierde cuando pierde. Lo cierto es que estas ciudades privadas operan sin redes de solidaridad o apoyo lo que, por supuesto, aumenta las posibilidades de que fracase por la falta de conexiones, recursos e información compartida con otras comunidades. Vaya a la página electrónica de Startup Societies Foundation y mírelo por sus propios ojos.

Las startup societies son también conocidas como eco villages, micro states, intentional communities, seasteds y smart cities. Depende de la creatividad de los inversionistas, que generalmente son jóvenes que tienen alguna experiencia en Goldman and Sachs y el mundo financiero en general. 

El tipo de ideología de los fundadores y voceros de las startup societies es algo así como el empresarismo (una suerte de enfermedad infantil del capitalismo, parafraseando a Lenin). 

Dice Balaji S. Srinivasan, un asesor de Statup Societies Foundation:

Don’t argue about regulation.

Build Uber.

Don’t argue about monetary policy.

Build Bitcoin.

Don’t argue about it.

Build the alternative.

No es un poema. O quizás sí. Es una especie de mantra del positivismo, un seudo-misticismo del capital. Ni siquiera suena demasiado mal. Se proponen, al menos al nivel del discurso, construir alternativas a los modos de hacer política, negocios, cultura y tecnología.

¿Algunos ejemplos? El Paseo Cayalá, en Guatemala. Apartamentos y boutiques caras. Parques, una iglesia, clubes nocturnos y restaurantes, encerrados todos dentro de un muro blanco de estuco. Una especie de ciudad amurallada. 

O Liberstad: “¿Anarquía capitalista con soporte para 27 criptomonedas? Sí existe: Liberstad. En Noruega este caso interesante de ciudad 100% libre de casi todo ya cuenta con una importante inversión de ciudadanos de diversos países, que han comprado tierras en la “ciudad privada” de Liberstad. Este curioso emplazamiento está ubicado en el Sur de Noruega.

Gracias a que sus promotores aceptan hasta 27 criptomonedas para recibir como medio de pago por los lotes de terreno, Liberstad esta atrayendo a más y más personas de todas partes. Según su sitio web, 112 personas han obtenido terrenos en esta ciudad y otros 500 inversores están en lista de espera; todos provienen de 28 países distintos, y los terrenos gozan de precios como 9,400 $ por 1,000 m2 y 47.000 $ por 5,000 m2. Como dijimos anteriormente, se aceptan pagos en 27 criptomonedas diferentes y tienen pensado entregar las tierras en 2020, para entonces los primeros residentes podrán mudarse”. (https://www.crypto-economy.net/es-AR/liberstad-ciudad-privada-27-criptomonedas/)

En Honduras hay una, desde el 2012, en la que comprar una casa supone tener un sueldo 20 veces superior al promedio de los ciudadanos de ese país. Pero es que las ciudades privadas, las startup societies, no discuten esos asuntos. Ellos construyen.

¿Y Puerto Rico? Burundanga, o más bien ¡Eureka! Según la gaceta de la burguesía colonial (sí, es un concepto que amerita discusión) la Startup Societies Foundation pretende usar los terrenos de la antigua base militar de Roosevelt Roads para crear una ciudad privada en la que una corporación se hará cargo de los servicios que usualmente provee el estado. Digamos que seguridad, infraestructura, agua, electricidad, serían contratos con los residentes. Los inversionistas, claro, estarían disfrutando de las exenciones contributivas amparados en las leyes 20 y 22. 

Las ciudades privadas no son ilegales. Tampoco lo es que la “conferencia” en la que se anuncia esta propuesta tenga como conferenciantes a Annie Mayol, directora ejecutiva de Foundation for Puerto Rico y que fuera ayudante de Fortuño; o que también estuviera ahí Luis Dávila, el hijo de Luis Dávila Colón, primera trompeta de la estridencia PNP. Luis Dávila, hijo, fue subdirector de PRFAA hasta hace unos meses y ahora está en el bufete de DLA Piper. Es la firma que antes se conocía como Verner Lipfert, el bufete de Alvaro Cifuentes, Manny Ortiz etcétera, que tanto “trabajaron” con Rosselló, padre. También hay exanalistas financieros de Goldman and Sachs (perdonados en el 2008 de sus pecados) y asesoras del presidente del BGF. No es ilegal que merodeen alrededor de las oportunidades que provee la tragedia del paso del huracán María. Nada de eso es ilegal. Que hayan estado vinculados a las administraciones de Rosselló o Fortuño no es un problema legal. Quizás ético. Sin embargo, la ética ha sido privatizada hace tiempo.

El problema es otro. Pero si no ven el problema, ahí está el problema. Una pista. ¿Quiénes tendrán acceso a ese experimento? En caso de que el experimento sea fallido, cosa que hasta los mismos propulsores reconocen que es altamente probable, ¿quién se hará cargo de la infraestructura abandonada, de los costos ecológicos, de los contratos no finalizados y no pagados? ¿Quienes se harán cargo de la seguridad? ¿A qué entidad jurídica responderá esa seguridad privada? ¿Gozarán de la impunidad de los mercenarios que trabajan en la isla durante las protestas ciudadanas? Preguntas y más preguntas. Pero no pregunten. Construyan. 

A mí lo de las ciudades estado, los micro estados, las comunidades autosustentables, partiendo de las propuestas de Leopold Kohr no me parecen malas ideas. Sustentar propuestas similares en la enfermedad infantil del capitalismo, en el seudo misticismo empresarista, y el milenarismo, ése sí es un problema.

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