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Me huele a prejuicio

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Publicado: miércoles, 28 de junio de 2017

Por Irmalyn Falcón Cepeda

Bateadora Designada

 

En estos últimos días se ha hablado mucho en Puerto Rico sobre las demandas que mutuamente se sometieron el estelar campocorto de los Astros de Houston, Carlos Correa y su exrepresentante en la Isla, Frankie Higginbotham. Según los medios de comunicación y después de 5 años de estrecha relación, este último demandó en junio al pelotero por una cifra cercana a los $6 millones por incumplimiento de contrato, difamación y daños.

Confieso que cuando leí las alegaciones de ambas partes me asaltó la tristeza. Basta sólo leer algunas de las imputaciones, que cualquiera pueda sospechar que en algún lado hubo deslealtad, envidia, traición, y mala comunicación. De lo contrario esa “tiraera” no estuviera publicándose como noticia de ¡Última Hora! 

Desconozco la realidad del caso, pero sí me imagino por el calvario que han de haber pasado las partes, puesto que por más de siete años trabajé como asesora y publicista de varios atletas populares y reconocidos en Puerto Rico. El día en que esta noticia explotó leí curiosamente bastante de los comentarios que los lectores publicaron en transitadas páginas mediáticas. Admito que me impactó ver como más del 95% estaba a favor de Correa. 

“Claro, como ahora está en su mejor momento y está más ‘pegao’ que un chicle en la brea, vienen ahora a demandarlo. Si eso no es busconeria que baje Dios y lo vea”, comentó un usuario.

 

“Frank, buscón, charlatán...”, escribió otro

Tras leer mucho más que eso me preguntaba ¿Cómo puede el público estar tan prejuiciadamente en contra del representante sin saber un pepino de lo que en realidad pasó entre ellos? ¿Qué sabemos sobre si fue Correa quien obró mal durante sus años bajo contrato con Higginbotham? ¿Y si es el pelotero quien solicitó servicios quien nunca pagó? Tampoco sabemos si fue el representante quien intentó enriquecerse a costas del pelotero. ¿Pero, por qué le tiramos piedras a Higginbotham y exaltamos hasta la troposfera a Correa si no fuimos testigos de nada?

Como dije, luego de leer numerosos comentarios me di cuenta de que en Puerto Rico no se valoriza la profesión del representante deportivo. Los atletas son expertos lanzando, corriendo, saltando, nadando, etc., pero obviamente cuando están en sus pininos desconocen totalmente lo que es la industria, y por eso buscan desesperadamente a un representante que maneje sus negociaciones, los medios y la publicidad que son la base de su posicionamiento como figura pública emergente. Es común que soliciten ayuda en la redacción de propuestas de auspicios y apoyo en reuniones de negocios y cierres de contratos. En ese momento de sus vidas el representante es un “Dios del Olimpo”, pero esa valorización en la mayoría de los casos (agraciadamente siempre hay excepciones) cambia una vez el atleta se acerca a su estrellato. 

Vuelvo y repito, NO ME PARCIALIZO ni con uno, ni con otro, lo que escandaliza es que la inmensa mayoría se revele despiadadamente contra el representante, porque eso sí denota que existe un prejuicio colectivo hacia la profesión. Esto lo que amerita es una reflexión sobre qué factores podrían marchitar una relación como la que nuestro ídolo Carlos Correa y el reconocido representante Frankie Higginbotham tuvieron en antaño. 

 

De lo que afecta al representante

Existen muchos factores que pueden deteriorar la confianza en la relación atleta-representante, entre ellas la intervención de los familiares. Esto porque a pesar de que los familiares los aman incondicionalmente y procuran por su bien, tampoco saben del mercado. Sin embargo, usualmente intervienen en la toma de decisiones cosa que limita la labor del representante y desenfoca al propio atleta que se confunde entre sí. Dejarse llevar por la familia que no conoce la industria o por su representante. Me parece que es vital reconocer el rol del representante desde un inicio para evitar confusiones. 

Además, detrás de la mayoría de los atletas famosos hay un grupo de amigos genuinos y fabulosos, pero también existe otro grupo de “amigos” de ésos que en Puerto Rico denominamos como “buscones”. El peligro de los buscones es que tienen una sorprendente habilidad para desarrollar una amistad casi de hermano/a con los atletas famosos, y valerse a través de ella de tratos y accesos especiales que les alimentan su ego personal. Esa realidad también desenfoca al atleta quien mientras más joven es, más propenso es a envolverse en este tipo de amistad a la que usualmente le gusta el faranduleo. Sí, faranduleo aunque se afecte el itinerario de descanso y entrenamiento del deportista en cuestión. Esto obviamente incomoda no sólo a la familia, sino que también afecta directamente al representante. 

De otra parte, según el deporte profesional se ha proliferado en el mundo entero, también los representantes y las firmas de agentes deportivos han aumentado, haciendo que se intensifique la competencia entre ellos. Es por eso que ofrecimientos de otros representantes van a llegar una vez el atleta llegue a la cima, y aunque éste esté bajo contrato con otro representante. Depende de cuán sólida sea la relación atleta-representante se supone que los acercamientos de terceros no afecten el pacto contractual. Si lo hace es porque hay falta de confianza y un fallo grave de comunicación que evolucionará en algo no tan bueno.

 

De lo que afecta al atleta

De otro lado, hay factores que también afectan al atleta en su afán por establecer una relación exitosa con un buen representante. Muchos escogen al representante que más conocido les suene, sin cerciorarse de su nivel de profesionalismo, preparación, credenciales, de sus resultados anteriores con otros deportistas y los más importante: de su honestidad y ética de trabajo.

Un atleta cuando busca a un representante debería evaluar los candidatos como si estuviera buscando a su “media naranja”. Porque la realidad es que ese profesional estará día y noche velando sus pasos y esa relación no es incondicional, es condicionada a que se manifiesten conductas de confianza, respeto y administración sana del dinero negociado. Eso no es fácil de encontrar hoy en día.

Atleta que falle en su selección puede terminar fácil en un caso como el de Correa vs Higginbotham y perdiendo, además, millones de dólares. Aunque cualquiera de las partes obtenga una jugosa indemnización, ambas sufrirán un deterioro en su reputación, y ni hablar de la llegada sin invitación del estrés y otros tipos de sufrimientos que todos queremos evitar.

Que si la razón la tiene Correa, no, que la tiene Higginbothan... eso no lo sabemos, lo que es obvio es que el público se precipitó prejuiciadamente a juzgar al representante y a menospreciar las virtudes de esa profesión de la que tanto se benefician todos los atletas famosos del mundo entero. 

 

La autora posee una maestría en periodismo, se destacó como publicista en Puerto Rico de destacados atletas como el gimnasta olímpico Tommy Ramos, los voleibolistas Héctor “Picky” Soto y Edgardo Goas, el piloto Bryan Ortiz, la bodyboarder Luz Marie Grande y los baloncelistas J.J. Barea y Carmelo Anthony, entre otros.

 

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