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En Memoria: RADAMÉS

Publicado: miércoles, 28 de junio de 2017

Tenía nombre de personaje operístico y a veces se destacaba en los dramas del diario. Era fácil de identificar en cualquier multitud, ya fuera piquete, huelga, marcha o concentración sindical o patriótica. Solía llevar mahones desteñidos y camisas playeras, de ésas estampadas con amapolas verdes, pájaros azules, palmas negras y hojas amarillas; rematadas a un extremo por unos tenis o unas chancletas de cuero gastados, y al otro por un sombrero de enea. Para quienes lo conocieron, su altura se medía del cuello hacia arriba: un gigante, honrado e insobornable.

Sabía que mucha gente se burlaba de su facha y lo tildaba de loco, vulgar o poco profesional. No le importaba: su compromiso y su felicidad eran luchar por los derechos de los trabajadores en la mesa de negociación, en el tribunal, en el Capitolio y en la calle. 

Ejerció de enfermero anestesista en varias instituciones hospitalarias del suroeste y, con el mismo empeño, asumió el liderato de la Unión Laboral de Enfermeras y Empleados de la Salud (ULEES). Dedicó años a organizar trabajadores en hospitales privados, pero defendió siempre el sistema de salud pública y criticó firmemente los intentos de privatización, culminados por la Administración del primer Rosselló para beneficio de las aseguradoras; “el acto de corrupción colectiva más importante” en Puerto Rico desde 1898, según sus palabras.

Murió con las chanclas puestas: con el tanquecito de oxígeno al hombro, el 16 de junio acompañó a los trabajadores del Hospital de Damas, que protestaban por recortes en puestos, salarios y beneficios. El día 21 esos trabajadores y muchos más hicieron guardia de honor a sus restos en una funeraria de Ponce. 

Hay quien nace fuera de tiempo. Radamés Quiñones Aponte murió fuera de tiempo, porque va a hacer falta y lo vamos a extrañar en estos tiempos de recortes, penurias y vacas flacas para los trabajadores, y de beneficios para los buitres gordos. A ver quién sobresale ahora en las multitudes con un sombrero de enea y un corazón de oro.

 

Margarita M. Asencio López

 

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