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Balance de una huelga y de un plebiscito

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Por Félix Córdova Iturregui

Publicado: miércoles, 28 de junio de 2017

La pasada huelga estudiantil de la UPR y el plebiscito del 11 de junio de este año son dos acontecimientos que tendrán efectos duraderos. El pasado histórico tiene varios acontecimientos semejantes, pero tanto la huelga como el plebiscito tienen perfiles completamente nuevos. Ambos ocurrieron en un contexto social único, sin precedentes: bajo la tutela de una Junta de Control Fiscal (JCF) que ejerce poderes dictatoriales y le responde al Congreso de Estados Unidos. En un país caracterizado por una prensa e instituciones de gobierno que han celebrado históricamente la existencia de una supuesta democracia, sorprende observar tanta debilidad y servilismo institucional ante una dictadura tan descarada y vergonzosa.

En este contexto social de pérdida de libertad, con gesto de alarmante aceptación, el Partido Nuevo Progresista se lanzó a una sospechosa empresa plebiscitaria. Cumplía con una promesa de campaña. Lo hizo bajando la cerviz ante señalamientos de la Secretaría de Justicia federal. La vulgar actitud colonial del PNP provocó un movimiento general de boicot al engendro plebiscitario. De políticos que desean proyectar la estadidad como una posibilidad muy cercana, se hubiese esperado una postura de protesta ante el desnudamiento del abuso imperial. Pero no hubo nada parecido. Por el contrario, presentaron el plebiscito como una consulta fundamental en el proceso de acceder a la estadidad. “Ahora es el momento”, se oía con euforia en su propaganda. Lo sucedido en la consulta hay que verlo en este contexto de lucha inminente, presentando el plebiscito al borde del logro de convertir a Puerto Rico en un estado. Visto así, en el interior del “ahora es el momento”, el resultado fue un fracaso estrepitoso. Con una participación electoral de apenas un 23%, con más de 150,000 votos menos de los que obtuvo el PNP en las pasadas elecciones, hace poco más de siete meses, el plebiscito se ha convertido en un espejo donde puede verse el gobernador y su partido.

¿Qué reflejó ese espejo plebiscitario? Nada menos que la debilidad de un movimiento de retórica anticolonial inmerso en una práctica política totalmente colonial. El gobernador y su partido, incluyendo algún bocón con silla presidencial legislativa, sólo han demostrado ser dóciles y serviles ante la JCF. Pero la cosa puede ser aun peor. Es probable que hayan usado el poder de la Junta para atacar de manera hipócrita y cobarde a la UPR. Con este ataque, bajo la sombra dictatorial de la JCF, muchas figurillas heridas en el PNP han sacado sus garras. No contaron, sin embargo, con la complejidad de la comunidad universitaria. Uno de sus componentes, apoyado en decisiones de sus asambleas, no titubeó ante la amenaza de destrucción de la UPR. Fue más allá de las palabras y se lanzó a la acción.

No será fácil evaluar el impacto de la pasada huelga sobre todo el país. Hay mucho humo en la atmósfera y tardará en despejarse. Pero algo puede reflejar la duración del conflicto. El cierre de la UPR fue decisivo: los estudiantes cerraron y abrieron cuando lo consideraron pertinente. Frente a la debilidad del gobierno, resultado de una victoria electoral en condiciones de extrema fragilidad, los estudiantes y los sectores de la comunidad universitaria que los apoyaron demostraron una fuerza relativa inesperada. Pero no podemos silenciar algo clave: los estudiantes han sido la fuerza social más decidida y audaz que ha enfrentado la JCF y un gobierno dócil ante ese siniestro cuerpo. Si hubo instituciones importantes que comprendieron el reto estudiantil, fueron los medios masivos de comunicación: prensa, televisión y radio. Era necesario detener el ejemplo universitario. Los estudiantes, a su vez, enfrentaron el ataque mediático sin que les temblara el pulso. 

Los medios tenían razón en tratar de contrarrestar el impacto de la huelga. Pero el costo de atacarla fue enorme: se quitaron la capucha de falsos defensores de una democracia desmantelada por una JCF dictatorial. Mientras se daba la guerra mediática, los estudiantes llamaron al país a celebrar el primero de mayo. Dos cosas pasaron ante la propuesta estudiantil: 1) frente al recinto de Río Piedras se reunió la marcha más grande en la historia de la UPR; 2) el primero de mayo de 2017 fue el más monumental y concurrido en la historia de Puerto Rico. Más concurrido que el de 2009 contra la Ley 7 del desafortunado gobierno de Fortuño. No se limitó a la masa inmensa que se presentó en las cercanías de la Milla de Oro. También hubo protestas concurridas en Humacao, Cayey, Ponce y Mayagüez. Podía verse en esa marcha una imagen, en escala menor, de lo que fue la huelga del pueblo del verano de 1998 contra el padre del actual gobernador. ¿Alguien puede pensar que una protesta de esa magnitud, como imagen de fuerza, no tuvo efectos sobre el plebiscito fatulo del PNP? Los efectos de la huelga lastimaron aun más a un PNP debilitado.

¿No dice mucho que la única fuerza social que ha podido reunirse con la JCF han sido los estudiantes? ¿No representa nada que los dirigentes de la Junta, que quedaron muy mal parados ante los dirigentes estudiantiles, sólo tuvieron elogios y reconocimientos para los estudiantes? Esta situación se repitió en todas las ocasiones, que fueron varias, en que los estudiantes se reunieron en La Fortaleza. Sólo han recibido elogios y reconocimientos. ¿Cómo es posible, entonces, que tantas voces, incluyendo algunas del personal docente, acusaran a los estudiantes de destruir o querer destruir la Universidad. Todas las asambleas estudiantiles hicieron un despliegue de madurez, de competencia intelectual en los debates, y manifestaron una cultura más sólida que la asamblea celebrada por el claustro del recinto de Río Piedras antes de la huelga. Las asambleas de estudiantes no tuvieron que enfrentar políticos desgastados y deteriorados, como Garriga Picó, con sus vulgares insolencias y amenazas, presentando mociones que no encontraron un solo docente que las secundara.  

Debilidad en el gobierno y fuerza en la comunidad universitaria, esa ecuación se desprende del balance de los dos acontecimientos: huelga estudiantil y plebiscito. Atacar la UPR de una forma tan brutal y desnuda, tratando de esconder los colmillos de políticos profesionales, ha significado escoger el camino de la derrota política. Las más de 300,000 personas que han abandonado la estadidad desde el plebiscito de 2012 hasta el del pasado junio, son un síntoma de lo que le podría suceder al gobierno si sigue el curso de acción que lleva. Hace falta una ceguera enorme para no percibir en los exabruptos e insultos de personajes como Saldaña otra cosa que no sea impotencia, rabia y desesperación. Sin embargo, sorprendió que a esta comparsa se sumaran figuras inesperadas, como Díaz Olivo y Luis Avilés.

Alguna escritora de mentalidad simple, con chapuzones de poder mediático, vio el PPT detrás de las acciones estudiantiles. Hay espejismos fáciles que propician la vagancia del intelecto. El PPT le propuso al país, entre muchas otras cosas, resistencia ante la JCF, la auditoría de la deuda, y enfrentar las leyes draconianas propuestas en la campaña por el PNP. Tales propuestas fracasaron electoralmente. Si los estudiantes han adoptado algunas, lo han hecho desde criterios propios, con total autonomía intelectual. Los políticos y periodistas adictos a viejos paternalismos, se estrellarán contra la realidad. Si algo impresionante se manifestó en la fuerza estudiantil fue su madurez, su independencia de criterio y un sentimiento democrático profundo. Ingredientes que faltan en los partidos de gobierno y en la mayoría de la prensa de nuestra sociedad colonial que se relame con las ventajas fáciles de una sociedad en severa crisis. La democracia, nos ha enseñado que el movimiento estudiantil, exige compromisos serios.

 

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