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Contra el “ivazo” cultural

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Por Manuel de J. González

Publicado: martes, 24 de febrero de 2015

Luego de que se conocieron los detalles de la reforma contributiva que propone el actual Gobierno, en Puerto Rico no se habla de otra cosa desde hace dos semanas. El debate se centra en el elemento más novel y de mayor impacto del nuevo sistema, el impuesto al valor añadido (IVA), que sustituiría el vigente impuesto de ventas y usos (IVU). Lo que más impacta no es dicha sustitución, sino que el nuevo impuesto gravaría prácticamente toda transacción económica, aun aquéllas que ahora están excluidas del IVU. Además de su extensión, el IVA sería de 16%, más del doble del impuesto actual.

Portavoces de muchos sectores se han lanzado al debate reclamando exclusión. Los operadores de escuelas y universidades privadas, donde ahora no se paga IVU, son uno de los grupos más activos en el debate público, junto a los profesionales de la salud y los constructores de hogares. Para no quedarse atrás, hasta los dueños de restaurantes se han lanzado al ruedo con el dudoso argumento de que comer fuera de la casa es una necesidad, más que una diversión.

En medio de esas voces, sorprende la poca atención que se le da a un sector crucial para la vida pública y para nuestro desarrollo como nación: la cultura. Según el proyecto de ley, todas las actividades ligadas a la creación y promoción cultural, estarían obligadas a pagar un impuesto de 16 por ciento, que es el mismo que pagarían los que van a restaurantes o compran ropa cara. Quien compre un libro, acuda a un concierto musical o a una obra de teatro tendrá que pagar ese aumento al adquirir la taquilla. También lo pagará quien compre una obra de arte o quiera aprender algo o distraerse en el cine. Ninguna de esas actividades culturales está excluida ni tampoco recibe un tratamiento especial en el proyecto de ley.

Esa amplitud llama la atención porque quienes defienden el IVA argumentan que se trata de algo que ya probó ser exitoso en Europa y en la mayoría de los países del mundo. Al afirmar lo anterior, sin embargo, pasan por alto que en Europa, el lugar donde más experiencia se ha acumulado con ese tipo de carga impositiva, le dan un tratamiento especial a las transacciones relacionadas con la cultura. Según un reciente artículo del diario El País, en prácticamente todos los países de Europa, con la excepción de Portugal y, más recientemente de España, las actividades culturales pagan un IVA especial que en muchos casos es menos de la mitad del que se paga en los otros sectores de la economía. La más baja de esas cargas es la de Francia donde el IVA cultural es de 5.5%, y la más alta, excluyendo a los dos países ibéricos, es la de Italia, que es de 10 por ciento. En medio de esas dos cifras están Holanda y Bélgica, con 6, Alemania con 7 e Irlanda con 9. En Portugal la tasa es de 13 por ciento.

En el caso de España, hasta el 2012 el IVA cultural era de 8%, menos de la mitad del que se imponía al resto de la economía. En ese año, el entonces nuevo gobierno conservador presidido por Mariano Rajoy, respondiendo a la política de austeridad y de más cargas impositivas impulsada por la Unión Europea, aumentó el IVA general a 21 por ciento y lo extendió a toda actividad cultural, eliminando el tratamiento ventajoso que tenía.

El impacto de esa carga comenzó a sentirse de inmediato. Según el antes mencionado diario, el patrocinio a espectáculos culturales se ha reducido en alrededor de 30 por ciento, ¡casi una tercera parte!, y el número de conciertos descendió un 22%. El resultado ha sido, por tanto, empujar a la recesión o a la depresión la actividad económica relacionada con la cultura – que también es importante para toda economía – y, peor aún, intensificar empobrecimiento educativo de la sociedad.

En nuestro caso, el nuevo IVA cultural le añadiría más sal a la herida porque desde que comenzó la interminable recesión económica, allá por 2006, el sector cultural ha sido uno de los más golpeados. El presupuesto gubernamental y todos los estímulos del estado se han reducido, demostrando una vez más, que en tiempos de crisis la cultura se convierte en algo accesorio. Junto con la reducción del apoyo público, ha menguado también el respaldo del sector privado porque las empresas que antes dirigían donativos hacia actividades culturales, los han reducido o eliminado.

Si a ese cuadro se añade ahora un nuevo impuesto de 16 por ciento, el efecto puede ser devastador. Precisamente por eso sorprende el poco interés que la cultura está recibiendo en el debate sobre la reforma contributiva y el IVA. En España se ha levantado una ola de protestas contra lo que allí llaman "el ivazo cultural". Recientemente, la ceremonia de entrega de los premios Goya, relacionados con el cine, se convirtió en escenario para esas protestas. Para el mes de mayo está programado "un día sin música", en el que los instrumentos musicales enmudecerán en protesta por el impuesto.

Nuestros trabajadores de la cultura y todos los que sabemos que esa actividad está directamente unida al fortalecimiento de la nacionalidad, estamos a tiempo para salir a la calle a luchar contra el "ivazo cultural" boricua. Si el Gobierno de Puerto Rico se copió de Europa al concebir el IVA, que copien la lección completa, porque en la mayoría de los países del viejo continente se trata con respeto la actividad cultural resguardándola del impacto de ese impuesto.

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