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Opinión / Editorial

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EDITORIAL: Erika y nuestros recursos naturales

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Por Dirección de CLARIDAD

Publicado: martes, 1 de septiembre de 2015

El paso de la tormenta tropical Erika por las aguas al sur de Puerto Rico ha vuelto a poner de manifiesto la vulnerabilidad de nuestra infraestructura de energía y de agua, temas de incesante preocupación para importantes sectores del País. Al cierre de esta edición, aún hay en Puerto Rico personas sin servicio de energía eléctrica por complicaciones asociadas al paso de una tormenta de capacidad mínima, cuyos vientos más fuertes ni siquiera se nos acercaron. Por otro lado, y a pesar de las pulgadas de lluvia registradas sobre las cuencas de nuestros embalses, aún no puede dejarse sin efecto el racionamiento de agua para los cientos de miles de puertorriqueños que se sirven de los embalses de Carraízo y La Plata. Y es que, la estabilidad y continuidad del suministro de energía eléctrica y de agua potable a los hogares en Puerto Rico tiene menos que ver con sequías y eventos climatológicos, como el paso de una tormenta, que con el colapso de una infraestructura que se nos tornó decrépita por la falta de la inversión adecuada y las mejoras necesarias y continuas para mantenerla al paso con las necesidades de la población.

Con sequía o sin sequía, con tormenta o sin tormenta, la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) y la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) se han convertido en dos dinosaurios pesados y obsoletos, solamente transformables mediante un ejercicio profundo y patriótico de pensamiento, estudio, voluntad y compromiso con el desarrollo de una visión estratégica basada en la realidad de nuestros recursos económicos y naturales. Puerto Rico es una isla tropical y caribeña con una extensión geográfica de sólo 100 x 35 millas, con una población de 3.5 millones de personas y recursos naturales de una gran biodiversidad, pero limitados por nuestro entorno y tamaño.

Por lo tanto, si nuestro país quiere aportar a su desarrollo sostenible como herramienta de su progreso futuro, tiene que priorizar en la conservación y sabia utilización de sus recursos naturales. No se tendría que empezar de cero, ni inventar la rueda. Puerto Rico ya cuenta con las políticas públicas, los planes, los reglamentos y los leyes suficientes como bases para el desarrollo de una visión integral y abarcadora de utilización de nuestros recursos que sirva, no sólo para conservar aquéllos de importancia estratégica hacia el futuro, sino también para poder resolver las necesidades que, en este momento tiene nuestro pueblo, sobre todo en las áreas de energía y agua potable.

Muy cerca de nosotros está el ejemplo resplandeciente de Costa Rica, la llamada “República Verde”, un país pequeño, con una cultura, biodiversidad y características naturales muy parecidas a las nuestras que, mediante el establecimiento de políticas consolidadas, unidas a un sentido de propósito nacional, han convertido la protección y la utilización inteligente y reglamentada de sus recursos naturales no sólo en motivo de unidad para su pueblo, sino en un negocio muy lucrativo y beneficioso para sus intereses nacionales. La experiencia acumulada le ha permitido a Costa Rica satisfacer las necesidades de su población, mediante la inversión continua en fuentes renovables de energía y en una moderna infraestructura de agua, y transformar sus recursos naturales en una gran industria, con varios pilares como lo son: el desarrollo masivo del ecoturismo; la investigación científica hacia la conservación y el desarrollo de productos comerciales derivados de especies autóctonas; la imposición de tasas especiales a ciertas industrias como medida para desincentivar la sobreutilización y contaminación del ambiente, y una amplísima red de consorcios entre el llamado Sistema Nacional de Áreas de Conservación con organizaciones no gubernamentales, cooperativas y empresas privadas para desarrollar diversos tipos de actividad económica reglamentada en las áreas protegidas.

En Puerto Rico se han desarrollado una conciencia y un activismo ambiental crecientes, que se han ido manifestando cada vez con más vigor a través del tiempo, especialmente cuando nuestro pueblo ha sentido que confronta la amenaza real de un desarrollo o iniciativa industrial avariciosa y dañina. Pero aún queda mucho por hacer, y debe intensificarse la presión sobre el Gobierno y los grupos de intereses que, en su afán desmedido de lucro, o por prebendas políticas, o promesas económicas efímeras, se prestan a comprometer y hasta destruir nuestros recursos naturales y, con ello, el futuro de las próximas generaciones. Aquí hay que parar definitivamente el afán desarrollista; hay que impedir la aprobación de más proyectos dañinos al ambiente, que terminan en Puerto Rico después de haber sido rechazados en otros lugares, y obtienen el favor de los políticos, sabe Dios a cambio de qué.

Al igual que todos los países, Puerto Rico tiene que tener el derecho a resolver, como mejor entienda, las necesidades de energía y agua de su población, y a apuntalar cualquier progreso futuro sobre la base sólida de nuestros recursos naturales. Tenemos que tener los poderes y la libertad para examinar cuidadosamente nuestras opciones energéticas y para resolver abastecernos por nosotros mismos con la energía que nos viene del sol, del viento y del mar, complementados sólo por aquellos combustibles importados que menos daño ambiental y destrucción a nuestros recursos acarreen. Por otro lado, tenemos que ser enérgicos en fomentar la sabia utilización del agua, que es nuestro mayor recurso. Hay que implantar el cuido y siembra de árboles en nuestras cuencas hidrográficas; mantener limpios y libres de basura los embalses; aprender a reutilizar el agua de lluvia para no tener que abusar de las cisternas y otros medios de acaparar agua que sólo le ponen más presión al sistema de acueductos, y ahondan la escasez y el racionamiento.

Tenemos que salvar nuestro País todos los sectores juntos, individual y colectivamente, como un pueblo civilizado y comprometido con su futuro. Si los costarricenses lo han hecho y han podido poner en marcha su país hacia la sostenibilidad ambiental, nosotros también podemos hacerlo, con la voluntad y la militancia necesarias para rescatar el poder político que nos lo permita.

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