Opinión / Editorial

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Un voto por la paz en Venezuela

Publicado: miércoles, 2 de agosto de 2017

El pueblo venezolano le dio el pasado 30 de julio una nueva oportunidad a la paz y la gobernanza civilizada en su país tras respaldar masivamente la convocatoria del Gobierno Bolivariano para la elección de 537 de los 543 miembros de la Asamblea Constituyente. Más de 8 millones de venezolanos y venezolanas acudieron a las urnas a elegir a sus representantes. Según las actas del Comité Nacional Electoral (CNE) de Venezuela, exactamente 8, 089, 320 electores participaron en el evento, para un 41.53% del registro electoral. Sin duda, una demostración contundente de respaldo al proyecto bolivariano y un mentís rotundo para quienes proclaman que el gobierno de Nicolás Maduro ha perdido legitimidad y apoyo entre su gente.

Por supuesto, la oposición hizo todo lo posible, primero para que la elección no se celebrara, y al no poder detenerla, para sabotearla. Durante todo el día, los grandes medios de comunicación de Venezuela y sus fotutos en Estados Unidos y otros países estuvieron desinformando sobre la afluencia de público a las urnas, y promoviendo un clima de histeria, confusión y confrontación que provocó disturbios y violencia. Esto venía desde las semanas anteriores a la consulta, pero las Fuerzas Armadas de Venezuela ni el pueblo se intimidaron y protagonizaron una jornada ejemplar de participación responsable.

 Fuera de Venezuela era prácticamente imposible conocer lo que realmente estaba pasando, tras tanta desinformación y mentiras, hasta que el CNE ofreció los resultados oficiales, respaldados por las actas de votación. La respuesta de la oposición y del gran aparato mediático ha sido intentar esconder y desacreditar la contundencia del resultado. 

Ciertamente, la sociedad venezolana está profundamente dividida. De un lado, existe una amalgama de intereses que conspiran contra el gobierno democráticamente electo por el pueblo: la oligarquía, sus herederos, los dueños del gran capital del país y extranjero, los emporios comerciales y los grandes conglomerados mediáticos, los sectores de ingresos altos y medio altos e incluso algunos elementos populares, sobre todo entre los sectores marginados y enajenados que siempre confrontan problemas para integrarse positivamente a los procesos sociales. Estos están apoyados por los carteles del petróleo y los grandes intereses industriales y comerciales, representados por el gobierno de Estados Unidos y las fuerzas neoliberales de España y otros países de América, que quieren regresar a los tiempos en que tenían acceso irrestricto a los considerables recursos naturales de Venezuela, y se los repartían entre unos y otros, igual que, entre unos y otros, ocultaban sus fechorías. 

Con el ascenso al poder del proyecto bolivariano dirigido por el Comandante Hugo Chávez Frías –mediante elecciones libres y altamente elogiadas por los observadores internacionales que participaban en las mismas, entre estos el ex presidente estadounidense Jimmy Carter– los trabajadores y trabajadoras venezolanos obtuvieron, por primera vez en la historia, el acceso a los recursos de todos, traduciéndose en proyectos de libre acceso en las áreas de salud, alfabetización, educación pública a todos los niveles, viviendas, electricidad y agua potable y, sobre todo, un programa masivo de inserción y participación ciudadana en todos los niveles de la estructura de gobierno y sus entidades paralelas. 

La consolidación de una ciudadanía madura y libre pensadora atenta contra los intereses de los buitres que acechan a Venezuela. Por eso, el gobierno de Nicolás Maduro no ha tenido tregua ante la embestida desestabilizadora de una oposición díscola y fascinerosa que ignora las reglas del juego limpio pero domina el arte de la manipulación. Dicha oposición cuenta, además, con considerables recursos financieros- recordemos que se trata de ricos que se defienden entre ellos- para comprar el apoyo de gobiernos, instituciones, políticos y funcionarios en distintos países para quienes venderse al mejor postor se ha convertido en una carrera muy lucrativa. Por eso, se alzan en negación de los resultados del 30 de julio y le dan la espalda a las ofertas de diálogo y paz que les ha hecho el Gobierno Bolivariano. Continúan activamente su gestión para promover el aislamiento regional e internacional del gobierno legítimo de Venezuela y se unen jubilosos al reclamo de sanciones económicas contra su pueblo desde Estados Unidos. ¿Es esa una conducta cónsona con los valores democráticos que dicen defender y el amor a Venezuela que alegan profesar? 

Los resultados de la votación del 30 de julio en Venezuela han hablado claro, y deben servir de clarinada para quienes tengan oídos para oír y ojos para ver. A pesar de la brutal ofensiva de la oposición y de sus reiterados intentos de deslegitimarlo y aislarlo regional e internacionalmente, el gobierno del Presidente Nicolás Maduro tiene un respaldo popular amplísimo y así ha quedado demostrado. Le toca a la oposición reconocer la fuerza popular tras estos resultados y sumarse a las propuestas de diálogo y paz. 

Los resultados del 30 de julio demuestran que las amenazas de intervención directa en Venezuela del gobierno de Estados Unidos y demás acciones desestabilizadoras solo han servido para fortalecer la voluntad del pueblo venezolano, de sus fuerzas armadas y de su gobierno legítimo de continuar, en democracia, el camino trazado para su país. Toca entonces a la oposición- hasta ahora la principal promotora del caos- asumir su parte de responsabilidad por evitar el derramamiento de sangre y la guerra fratricida entre venezolanos.

Desde CLARIDAD, Periódico de la Nación Puertorriqueña, felicitamos al pueblo venezolano por su demostración de civismo y patriotismo en la votación del 30 de julio y le reiteramos al Gobierno Bolivariano de Venezuela nuestro respaldo a sus gestiones en pro del diálogo y la paz. 

 

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