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Entre sotanas y desobediencia civil: De Antulio Parrilla a “Felo” Torres

Padre Felo
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Por José Enrique Laboy Gómez

Publicado: miércoles, 2 de agosto de 2017

Dentro de la jerarquía católica puertorriqueña, monseñor Antulio Parrilla Bonilla se situó como un defensor de la desobediencia civil pacífica, y visualizaba ésta como una herramienta indispensable para enfrentar los problemas que traía consigo la colonia. Desde su teología, en muchos casos radical, el uso de la desobediencia civil venía desde su concepción de independentista, socialista y desde un discurso entroncado en el pacifismo. 

De entrada, este prelado de la Iglesia Católica vio la desobediencia civil como una herramienta imprescindible para la verdadera transformación de Puerto Rico. Al respecto, nos dice: “En Puerto Rico, para comprometerse con el cambio hay que desobedecer leyes arcaicas, cerradas, inflexibles, mantenidas en los códigos por pura pereza intelectual y falta de dinamismo imaginativo”.1 

Uno de los problemas que llevó al obispo Parrilla Bonilla a plantear el uso de la desobediencia civil pacífica fue la presencia de la Marina de Estados Unidos en Culebra. En ese sentido, en su batalla antimilitarista, uno de los resultados políticos y cristianos del discurso del obispo Parrilla fue su defensa acérrima a favor de la paz de Culebra. Sin duda, la participación activa de este jesuita le inyectó a la lucha de Culebra un elemento religioso importante. 

De modo que este sacerdote puertorriqueño desarrolló un discurso a favor de la integridad física y sicológica del pueblo de Culebra. Para éste, las condiciones que enfrentaba el pueblo de Culebra eran adversas a su vida económica, social, cultural y política. Es por ello que creyó necesario utilizar su posición jerárquica para sustentar el reclamo contra la Marina de Guerra de los Estados Unidos. Su defensa a favor de la paz de Culebra fue tan firme que en una ocasión le envió un telegrama al Papa Pablo VI, en el que explicaba breve, pero dramáticamente la situación por la cual atravesaban los culebrenses:

Coordinador Marcha Washington pro Rescate Culebra Nueva York, señor GERENA-Valentín, escribió Su Santidad 13 de noviembre corriente, solicita entrevista personal Su santidad tratar angustioso problema creado puertorriqueños isla Culebra por bombardeos Marina de Guerra Estados Unidos. Progreso humano, social, espiritual, individual y colectivo ochocientos cristianos detenidos. Obligados pobreza material e intranquilidad espiritual abandonar lugar de origen, viven doce mil fuera Isla. Agradeceré Su Santidad conceda entrevista apoyo moral. Pide bendición hermano en Cristo2. 

El telegrama enviado a la ciudad del Vaticano representaba un claro mensaje de repudio a las prácticas militares de la Marina. Esta militancia de Parrilla lo llevó a sufrir represión y un abuso directo por parte de las autoridades policíacas de la Isla. Durante una demostración de desobediencia civil frente a la base naval de Miramar, Parrilla Bonilla fue macaneado por la fuerza de choque de la policía.3 

En esa misma manifestación, celebrada el 10 de junio de 1970, Parrilla Bonilla exhortó a los presentes a: “que con serenidad mantengan la mayor militancia posible, ya que con ésta será posible sacar la Marina no solamente de Culebra y Vieques sino de todo el territorio nacional”.4 También afirmó lo siguiente: “que ni las vistas públicas ni los políticos serán los que saquen la Marina de Culebra, Vieques [sic] y Puerto Rico, lo que va a sacar la Marina es la militancia de los puertorriqueños”.5 

En una conferencia de prensa en la Ciudad de México, donde se encontraba un gran número de reporteros y corresponsales extranjeros, y el mismo día en que un grupo de 200 manifestantes (entre independentistas, pastores protestantes y sacerdotes católicos) invadía una zona de maniobras de guerra, Antulio Parrilla Bonilla difundía la situación lastimosa de Culebra:

Culebra es una isla al noroeste de Puerto Rico, donde viven 800 personas y 12 mil culebrenses han tenido que abandonarla porque la isla es una base naval donde la marina tiene maniobras de guerra. Es una isla que era un santuario de pájaros y de vegetación exuberante, pero la ecología está siendo destruida y la Marina de EU ha ido acaparando las tierras. Y hoy los culebrenses jóvenes tienen que emigrar porque no tienen medios de vida y pasan los días con el terror por las maniobras de guerra; los bancos de corales están siendo destruidos, los nidos de aves destruidos y por ende hay una situación bastante confrontativa entre Puerto Rico y la Marina de Guerra de los Estados Unidos.6

Durante los primeros meses del año de 1971, un grupo diverso de manifestantes invadió Playa Flamenco para entorpecer la operación naval Springboard. Allí se encontraba Parilla Bonilla y ante los arrestos que se suscitaron dijo lo siguiente: “La fe cristiana, el testimonio cristiano y la posición cristiana respecto a Culebra, que representa también la situación colonial de todo Puerto Rico, se ha manifestado auténticamente por estos trece jóvenes puertorriqueños…quienes han actuado formados y sostenidos por principios del Sermón de la Montaña…”7

Para este jesuita, la desobediencia civil partía de un compromiso pacífico que contemplaba una acción directa y frontal contra las estructuras. Con esta cita monseñor Parrilla calibró la fuerza e importancia de la resistencia pacífica: “… frente a la arrogancia de poder de la Marina, la única alternativa es la desobediencia civil”8. En definitiva, a la luz del pensamiento antimilitarista del obispo Antulio Parrilla Bonilla, la desobediencia civil pacífica se convertía en bandera de justicia, paz y libertad.

Antulio Parrilla Bonilla dejó esa semilla de la desobediencia civil. Años más tarde, cuando estaba el proceso de la lucha por sacar la Marina de Guerra de Estados Unidos de Vieques, esa semilla dio frutos de manera significativa. Y es que distintos sectores de la Iglesia Católica, desde diversas estrategias, se entregaron en cuerpo y alma para sacar la Marina de Vieques. En otras palabras, la llama de la desobediencia civil recobró fuerza durante este período.

Fueron muchos los sacerdotes, religiosos, monjas, diáconos, seminaristas y laicos que desarrollaron un discurso y praxis de liberación durante este proceso de lucha en Vieques. Conviene destacar aquí al padre Rafael Torres Oliver, mejor conocido como padre “Felo”. El 3 de agosto de 2001, padre “Felo” junto a la hermana de Notre Dame, Socorro García, y los laicos, Daniel Colón Ramos y María de los Ángeles Fonseca, penetraron en la zona restringida de la Marina, luego de haber recibido la bendición del obispo de Caguas, Rubén González.9

El cura “Felo Torres, en aquel momento sacerdote de la Parroquia Santiago Apóstol de Fajardo, entró a la zona restringida leyendo pasajes de la Biblia y, mientras le colocaban las esposas, dijo: “Si vienen golpes y cárcel, bienvenidos sean”.10 Luego de tres días de encarcelamiento, Torres Oliver fue conducido, con cadenas en los pies y en las manos, a una Vista de Detención, y allí dijo: “No acepto fianza pues desde mi vocación de religioso misionero redentorista y sacerdote de la Diócesis de Caguas, quiero acompañar a todos/as aquellos/as que luchan desde las cárceles por la paz y la justicia…”11 

 Desde la cárcel, y en medio de un proceso de profunda reflexión, padre “Felo” se expresó contundentemente a favor de la desobediencia civil: “Soy feliz rompiendo una ley injusta. Si esa ley alambrada dice “No trespassing-U.S. Navy Territory”, yo soy feliz rompiéndola…”12 Más adelante dice: “No callaré hasta que, de la mano de Jesús, los pescadores tiren y llenen sus redes de Vida, las madres arrullen sin temor a sus hijos y los niños corran y bailen en las playas de un Vieques liberado”.13 

Hemos visto cómo la desobediencia civil pacífica fue una respuesta eclesial histórica en Puerto Rico. Desde los tiempos del cura cooperativista Antulio Parrilla hasta al padre misionero “Felo” Torres, la Iglesia Católica en Puerto Rico ha contado con figuras que practicaron una pastoral de liberación, cuyas raíces provienen del propio Evangelio. En definitiva, para estos sacerdotes de la liberación la desobediencia civil traerá consigo un evangelio lleno de esperanza, dignidad y paz. 

 

El autor escribió el libro Católicos rebeldes en Puerto Rico durante la Guerra Fría 

 

NOTAS

1 “En el 103 aniversario del Grito de Lares”, Homilía de la misa de la conmemoración del Grito de Lares dedicada a los presos políticos (Lares), Claridad, 23 de septiembre de 1971, pág.  10.

2 Telegrama a Paulo VI (Río Piedras), en Puerto Rico: Iglesia y sociedad 1969-1971, V, pág.  96.

3 “Policías macanean Obispo Parrilla, abogados y prensa, disolvieron piquetes frente base naval”, Claridad, 14 de junio de 1970, s.  núm.  pág.

4 Dulce María Rodríguez, “Incidentes frente base naval SJ”, El Mundo, 11 de junio de 1970, pág.  22-A.

5 Ibíd.

6 “Los puertorriqueños presionan que la Marina de EU salga de la Isla de Culebra, municipio de Puerto Rico”, Boletín de Cencos (México), 21 de enero de 1971, núm. 5029. Fondo Documental Mons. Antulio Parrilla Bonilla.

7 “Homilía en los servicios ecuménicos frente al presidio con motivo del encarcelamiento de trece patriotas el 21 de febrero de 1971”, Claridad, 28 de febrero de 1971, s.  núm.  pág.

8 “Obispo Parrilla insta escalonar lucha de Culebra”, Claridad, 29 de abril de 1970, pág.  1.

9 Dennise Y. Pérez, “Desobedientes una monja y un sacerdote”, El Vocero, 4 de agosto de 2001.

10 bíd.

11 Revdo. Rafael “Felo” Torres Oliver, C.Ss.R. “Alocución en su juicio por desobediencia civil”, San Juan, 27 de agosto de 2001.

12 Rafael Torres Oliver, “Escrito desde la cárcel federal en Guaynabo”, 15 de agosto de 2001.

13 Ibíd.

 
 

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