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De los orígenes de los partidos políticos en Puerto Rico al Partido Republicano Puertorriqueño y Don José Celso Barbosa (1)

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Por Elma Beatriz Rosado Barbosa

Publicado: miércoles, 2 de agosto de 2017

A José Enrique Ayoroa Santaliz, por su amistad.

 

“Adiós, hermanos, yo me voy, pero me llevo la bandera de la autonomía que con mis amigos seguiremos tremolando.”

José Celso Barbosa

 

Hasta 1870 no existían los partidos políticos en Puerto Rico. La Isla, en su condición de colonia de España, conocía muy bien la falta de libertades fundamentales. Muchos de sus gobernantes descansaban en la impunidad que les brindaban las llamadas facultades omnímodas, y se ocupaban, tanto de la administración de la Isla como de impartir la justicia, sin que hubiese un sistema de pesos y contrapesos.

Montesquieu, el famoso filósofo francés, hubiese repudiado estos sistemas de gobierno que todavía en el siglo XIX se manifestaban como formas de gobierno despóticas. En su famoso tratado, El espíritu de las leyes, publicado en 1748, Montesquieu expone la doctrina de la separación de poderes. Considera que para que haya equilibrio político tiene que haber la separación de las tres clases de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Cuando el poder judicial no está separado del poder legislativo y ejecutivo, entonces no hay libertad, dice Montesquieu, quien ha tomado como base el modelo político inglés.

Según el profesor Ignacio Fernández Sarasola, en España, “la primera referencia extensa de los partidos se halla en la obra de Ibáñez de la Rentería Reflexiones sobre las formas de gobierno (1783), en la que seguía muy de cerca las teorías plasmadas por Montesquieu en su De l’Esprit des lois”.1 Sin embargo, la situación en Puerto Rico era muy distinta; se vivía un gran atraso. En 1837, España había eliminado la representación de sus colonias americanas en las Cortes Españolas, disponiendo leyes especiales para Cuba y Puerto Rico, conocidas como las Leyes de Indias. Muy lejos estaba el Gobierno español de extender a la Isla los mismos derechos de los ciudadanos españoles en la Península.

En el siglo XIX, España había atravesado por varias rebeliones, viendo su Constitución ir y venir, y el sistema monárquico destituido, y nuevamente restituido. En septiembre de 1868, los revolucionarios españoles, en lucha por sus libertades fundamentales, se rebelan y logran deponer el gobierno absolutista de la Reina Isabel II, en lo que se conoce como la Revolución de Cádiz, o la Revolución Gloriosa. Al igual que en España, en Puerto Rico los revolucionarios se rebelaron exigiendo libertades, llegando incluso a demandar la independencia absoluta y a proclamar la República, en la sublevación del 23 de septiembre, conocida como el Grito de Lares. Apenas tres semanas más tarde, el 10 de octubre, los revolucionarios cubanos se levantaban para proclamar el Grito de Yara.

En Puerto Rico, las condiciones represivas se recrudecieron. Los rebeldes fueron perseguidos y castigados con la cárcel, el destierro y hasta la muerte. Sin embargo, el gobierno provisional de España, fundamentado en la corriente liberal, concedió una amnistía a los revolucionarios y el reestablecimiento de la representación de Puerto Rico ante las Cortes. 

Ésas eran las condiciones que reinaban en Puerto Rico en 1869, cuando se convocaron las elecciones para los diputados a las Cortes. El separatismo había sido duramente golpeado y asomaban otras dos corrientes de pensamiento –una liberal y la otra conservadora–, aunque, según Reece B. Bothwell, todavía no contaban con programas definidos.2 Ambos grupos habrían de evolucionar hasta constituirse en partidos políticos plenos.

El escenario político había cambiado marcadamente. Emergían factores importantes que establecían condiciones apropiadas para el surgimiento de las nuevas estructuras políticas de las cuales derivarían los partidos. La nueva Constitución liberal de España extendía a Puerto Rico las inauguradas libertades, como la libertad de asociación y una cierta libertad de imprenta. Además, se notaba un adelanto en la organización social de los puertorriqueños y en su desarrollo político y cultural, destacándose una generación de hijos del país quienes asumirían posiciones de liderato.

Hacendados criollos, pequeños agricultores, ganaderos y comerciantes nativos que apoyaban el gobierno constitucional de España y veían con beneplácito la representación de la Isla en las Cortes Españolas acogieron el liberalismo como su vía de expresión y organizaron el primer partido político en Puerto Rico: el Partido Liberal Reformista, en 1870. Inicialmente, en su programa se identificaban a favor de la unión política, económica y administrativa de Puerto Rico con España, apoyaban la Constitución, y reclamaban igualdad con los españoles, favoreciendo la representación en las Cortes. Muchos eran de ideas abolicionistas.3

Al año siguiente, los llamados incondicionales, entre ellos españoles, comerciantes y funcionarios de gobierno que apoyaban el sistema monárquico español, constituían el Partido Liberal Conservador. Al igual que los reformistas, también se pronunciaban favor de la asimilación política, económica y administrativa de Puerto Rico con España, pero defendían extremadamente el vínculo político. Se oponían a la abolición de la esclavitud.4 Según la apreciación recogida por Bothwell, el partido se denominaba “liberal en todo lo que significa progreso económico y social para Puerto Rico, pero conservador en lo político, y procede a subrayar su agudo y exagerado españolismo”.5 

En 1873, se proclama la República en España, y el Partido Liberal Reformista en la Isla se declara republicano federal, cambiando su nombre a Partido Federal Reformista. Sin embargo, la duración del sistema republicano de gobierno en España resulta ser fugaz. Con la restauración de la monarquía, y eliminada la Constitución de 1869, en Puerto Rico los liberales se hallan desmoralizados, mientras los conservadores dan pasos de avance.

En 1880, varios líderes liberales, entre los que se destaca Román Baldorioty de Castro, abogaban por un gobierno autonómico para Puerto Rico, mientras otros se acogían al asimilismo. Baldorioty se identificaba con la corriente que proponía un gobierno propio y mayor descentralización económica, mientras que José de Celis Aguilera se identificaba con la corriente que proponía las reformas, pero en asimilación. Por su parte, el Partido Conservador mantiene la misma línea, cambiando su nombre a Partido Incondicional Español.

En 1883, un joven médico, José Celso Barbosa, inicia su participación en la política. Según la observación de Antonio S. Pedreira, “frente a los españoles incondicionales de Puerto Rico había que oponer un ideal americano sin condiciones”.6 Barbosa se afilia al Partido Liberal Reformista. 

Influenciado por las palabras de Baldorioty, a Barbosa “se le iban formando las entrañas autonomistas”.7 “Barbosa fue un autonomista convencido”, asegura Pedreira, quien afirma que “ni en aquella época jamás alentó ideas separatistas porque el ideal de independencia nunca encontró justificación en sus razonamientos...”.8 El 25 de diciembre de 1886 se constituye el Comité Liberal Autonomista de San Juan y el médico es elegido como uno de los delegados a la asamblea que habría de celebrarse pocos meses más tarde.

En marzo de 1887, Barbosa acude a la asamblea del Partido Liberal Reformista, celebrada en Ponce. Esa asamblea resultó ser, entonces, la Asamblea Constituyente del Partido Autonomista Puertorriqueño, del cual Baldorioty resulta elegido presidente. Irónicamente, la propuesta del modelo de autonomía de Baldorioty no resulta la favorecida y se adopta una de corte menos radical.

El año de 1887 ha sido bautizado como “el año terrible del ’87”, por haber sido un período de gran represión política. Cercano a ese período, Barbosa habría participado en una sociedad secreta llamada La Torre del Viejo. Las sociedades secretas eran movimientos muy radicales que tenían como propósito boicotear los comercios españoles y respaldar a los puertorriqueños, con el objetivo de lograr un cambio en las condiciones económicas en el país.9 Los participantes que eran detectados por las autoridades enfrentaban fuertes acciones represivas, incluyendo la práctica de los compontes. La participación de Barbosa en La Torre del Viejo representa una pieza de información clave para conocer el compromiso del médico con la ideología política con la que se identificaba. 10 

El 17 de febrero de 1891, el poeta, orador, periodista y miembro del Partido Autonomista, Luis Muñoz Rivera, propone una alianza entre el Partido Autonomista Puertorriqueño y algún partido español que tuviese posibilidades de llegar al poder en España. La propuesta surgía de la intención de buscar un mejor acomodo de los autonomistas con un partido triunfante en España, aunque ello significara aliarse a un partido identificado con el régimen monárquico. Muñoz insiste en una alianza con el Partido Liberal Fusionista, dirigido por Práxedes Mateo Sagasta. Barbosa no habría de aceptar el pacto con Sagasta. “A un lado los pactistas monárquicos; al otro los autonomistas republicanos,” decía, manteniendo la defensa de la pureza del ideal. Barbosa no objetaba un pacto, pero debía ser con un partido republicano, o de ideas avanzadas, y no con un partido monárquico.11

Finalmente, se establece una comisión para iniciar los acercamientos. La comisión viaja a España, entablando Muñoz Rivera conversaciones con Sagasta. A su regreso a Puerto Rico deben someter el texto del pacto a la asamblea del partido. El 12 de febrero de 1897, se reúnen con ese propósito y la propuesta del pacto es aprobada por una abrumadora mayoría. Barbosa se retira, diciendo “Adiós, hermanos, yo me voy, pero me llevo la bandera de la autonomía que con mis amigos seguiremos tremolando”.12

 

Continuará…

 

NOTAS

1 Se refiere a José Agustín Ibáñez de la Rentería. Ignacio Fernández Sarasola, “La idea de partido en España: de la Ilustración a las Cortes de Cádiz (1783-1814)”, en Biblioteca Virtual Cervantes, http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/hist/00365085489969551867857/p0000001.htm#I_0_ (accedido 5 de mayo de 2010).

2 Reece B. Bothwell, Orígenes y desarrollo de los partidos políticos en Puerto Rico, 1869-1980, (Río Piedras: Editorial Edil, 1987).

3 Jorge R. Schmidt Nieto, “Tendencias políticas del siglo XIX”, en http://academic.uprm.edu/jschmidt/id103.htm (accedido 25 de abril de 2010).

4 Schmidt Nieto.

5 Bothwell, 4.

6 Antonio S. Pedreira, Un hombre del pueblo: José Celso Barbosa. San Juan: Imprenta Venezuela, 1937, p. 25.

7 Pedreira, 26.

8 La Voz del Centro, “Luis Muñoz Rivera, José Celso Barbosa y el pacto con Sagasta: ¿Oportunismo o Idealismo?” Programa #31, con la participación de la Dra. Ivonne Acosta Lespier y Ángel Collado Schwarz, (San Juan: La Voz del Centro, 13 de julio de 2003), en http://www.vozdelcentro.org/?p=222 (accedida 5 de mayo de 2010).

9 En posteriores escritos firmaba con el seudónimo “El viejo de la Torre”. Pedreira, 54.

10 Pedreira, 94-96.

11 Pedreira, 111.

 

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