Opinión / Siete días

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Un fenómeno fraudulento

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Por Manuel de J. González

Publicado: martes, 31 de marzo de 2015

Sobre el allanamiento que la pasada semana efectuó el FBI a las oficinas de las empresas que ofrecen servicios de tutoría al Departamento de Educación (DE), la pregunta que cabe es: ¿por qué esperaron tanto? Por tratarse de fondos que provienen de Estados Unidos la jurisdicción penal pertenece a los federales y, por tanto, es el FBI el obligado a actuar. La intervención se produjo finalmente la pasada semana luego de que las alegaciones de fraude se discutieran intensamente en la prensa en los días previos.

Realmente las imputaciones y los comentarios sobre el posible fraude llevan años. Se sabe que figuras vinculadas a distintas administraciones de gobierno, como el tristemente notorio Félix Plaud, exmilitante del PNP en la UPR, se han embolsado millones de dólares ofreciendo supuestas tutorías a estudiantes de escuelas públicas. Cualquier pelagatos con contactos políticos incorpora un nombre corporativo, consigue los contratos gracias a sus padrinos y, tras asegurarse la ganancia, contrata algunos profesores y "orientadores" para que den una apariencia de trabajo, mientras ellos se dan vida de millonario. En el proceso se han desperdiciado más de mil millones de dólares en apenas diez años.

Lo terrible del asunto no es sólo el desperdicio de dinero, sino que el objetivo para el que éste fue asignado, que resulta ser loable, nunca se logra. El programa de tutorías pretende combatir el terrible rezago de nuestros estudiantes en materias claves como ciencias, matemáticas e idioma. A pesar de la millonaria inversión que se hace años tras años, el rezago no sólo se mantiene sino que aumenta. La única explicación para ese resultado es el fraude. Muy pocas de esas empresas realmente se esfuerzan por realizar un trabajo efectivo porque su objetivo es el lucro al menor plazo posible.

Entre las empresas intervenidas por el FBI está la de una joven abogada que hace algunas semanas buscó notoriedad proclamándose "candidata independiente" a la gobernación, una tal Alexandra Lúgaro. Según las informaciones de prensa que surgieron al anunciarse su candidatura, parecía que estábamos ante una repentina salvadora, una especie de Juana de Arco que se lanzaba al combate de las fuerzas del mal.

Ávidos de noticias frescas casi todos los medios de prensa corrieron a entrevistar a la nueva candidata y hubo un profesor universitario que la bautizó como un "fenómeno". El término está reservado para boxeadores pero el mentado profesor, sociólogo estudioso, para decir lo menos, lo rescató para la joven abogada.

El calificativo de "fenómeno" se le asignó a pesar de que ya se sabía que ella y su familia habían acumulado más de $40 millones en contratos públicos, casi todos con el DE para las supuestas tutorías. Cualquier persona que acumule esa cifra en contratos, precisamente con el gobierno que ahora pretende dirigir, debía ser inmediatamente descalificada para cualquier candidatura. Está pegada a la teta pública y, para colmo, quiere administrarla. Para mi sorpresa, algunos la alabaron y hasta la llamaron "fenómeno".

Volviendo al fraude de las tutorías –que es un tema más importante que el de la autoproclamada candidata-  existe una experiencia que dramatiza cuán necesario es un programa de apoyo bien implantado y lo mucho que se podría hacer con sólo parte del dinero que se está desperdiciando. Me refiero al Centro Universitario para el Acceso (CUA) que opera en el Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico (UPR).

El programa está dirigido a estudiantes de residenciales públicos del área oeste con el objetivo de mantenerlos en la escuela, mejorar su aprovechamiento y facilitar su ingreso a alguna institución universitaria. Las tutorías las dan estudiantes del Recinto coordinados y dirigidos por profesores. Se financia con una dotación de sólo $125 mil aportados por la Fundación Francisco Carvajal que, pareada en tiempo y esfuerzo por el RUM, da para las tutorías a más de cien estudiantes desde la escuela intermedia, campamentos de verano y hasta para un programa de apoyo y seguimiento a los que se gradúan e ingresan a la universidad.

El resultado de ese esfuerzo ha sido extraordinario. En un sistema golpeado por la deserción escolar como es la escuela pública puertorriqueña, se ha logrado una tasa de graduación de 90 por ciento y, gracias al CUA, 35 jóvenes de los caseríos mayagüezanos están cursando estudios universitarios, muchos de ellos en el propio RUM. Esos estudiantes son ahora mentores de los que vienen subiendo. El programa se implantó ante el dato alarmante de que, a lo largo de muchos años, casi ningún joven de los residenciales públicos de Mayagüez ingresaba al RUM.

La educación, bien llevada, es la mejor vía para romper el círculo de pobreza que persiste en un sector importante de nuestra población. La experiencia del CUA demuestra que los cientos de millones que se malgastan en el programa fraudulento que administra el DE, pudieran ser de gran utilidad para alcanzar ese objetivo. Para lograrlo debiera existir la voluntad de sacar el programa de las manos de vividores que sólo buscan enriquecerse en tiempo récord con fondos públicos.

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