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¡Hasta siempre, Carlos Gallisá Bisbal!

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Por Eduardo Villanueva Muñoz

Publicado: miércoles, 12 de diciembre de 2018

Otra vez ante el misterio de la transubstanciación que es la muerte. Mucho se ha especulado qué es la muerte. Cesa la actividad celular, dicen que el cerebro sigue trabajando un rato mientras mueren los demás órganos vitales. Los materialistas dicen que la materia no se extingue, sino que se transforma. Los creyentes en un ser superior, en una divinidad, dicen que salimos como un desprendimiento de ese espíritu superior y que a Él regresamos, junto a la comunidad de espíritus que lo componen, como una energía eterna. Luces, sombras, vacio, energía que fluye y memoria eterna de los que conocieron al ser que se fue, de la capsula que es el cuerpo, hacia el universo misterioso. Carlos Gallisá era un líder. La sociología describe al líder como aquel que va al frente, que dicta pautas, que asume riesgos, que influye en la formación ideológica de otros, que sugiere y dicta normas para el área que liderea.

Ningún líder es perfecto porque no deja de ser humano y esa es la medida continúa de lo que es ser imperfecto. En todo líder hay rasgos de vanidad y algún grado de autoritarismo que les viene de la seguridad íntima que quieren proyectar con los grupos y personas que quieren influir. Cuando la vanidad se convierte en exceso, me decía un líder, es pecado. En ese proceso de cometer errores y a veces injusticias, el verdadero líder las reconoce y trata de enmendarlas. Una vez se trasciende de la vida a otra esfera, el líder que se va debe ser juzgado por su obra, por su ejemplo y contenido. Hay que ser justo y mirar la totalidad de esa vida que se entregó a una causa.

Ser dirigente o voz pública de un país sometido al coloniaje es algo muy complejo. Un camino preñado de dolores. Un Golgota que se abre para que se rechace o se acepte gozosamente. Creo que Carlos lo vio así y lo aceptó. Habló y escribió defendiendo la libertad patria. Se peleó con los suyos buscando oponer su idea a las demás. También se entregó a sus amigos y le fue fiel a su círculo íntimo. Bohemió, bromeó, instruyó e hizo suya la misión de la ideología libertaria. Era un polemista culto, feroz en la defensa de lo que pensaba e irónico frente a los argumentos que no satisfacían su intelecto. Sirvió como legislador, como dirigente independentista, como defensor de Vieques libre. Como amigo y gestor de los prisioneros políticos, una vez liberados, colaboró para que se reintegraran a la Nación Puertorriqueña, con una vida digna hacia la transición de vivir en una sociedad transformada y distinta a la que dejaron al ser encarcelados. El balance de su vida y su obra fue positivo y de entrega a la Patria. Es justo que lo recordemos por lo que aportó a la patria irredenta. Que descanse en paz Carlos Gallisá, que su lucha para que seamos libres, siga viva para honrar su memoria.

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