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Un hombre dispuesto a luchar y reir

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Por Rafah Acevedo

Publicado: miércoles, 12 de diciembre de 2018

Cuando yo era un niño escuchaba que Carlos Gallisá se comía a los niños crudos y que odiaba a los americanos. Lo de odiar a los americanos no me resultaba tan absurdo porque siempre fui curioso y me sabía dos o tres razones para que, por lo menos, no resultaran extremadamente confiables. Odio nunca hubo. Pero la verdad es que vi que defendía a los presos y era abogado y amigo de Carlos La Sombra, un pilluelo que tomo conciencia política y organizó por vez primera a los presos. Para mí era un héroe y el abogado me caía bien. 

Ya un universitario encontré a Gallisá escuchando música y dándose un palo en una barra cerca de Suiza Dairy en la que ponían la mejor música posible. Había mesas de billar y algunos instrumentos de percusión. Con el bongó alcancé mis mayores logros. Verdaderos músicos me hacían señas para sustituir al que los tocaba malamente. Una vez vi llegar a Carlos y pensé que era la primera vez que veía a un líder independentista haciendo vida normal, pasándola bien. 

Andando el tiempo Graciela Rodríguez Martinó confió en mí y me permitió colaborar en Claridad, en el suplemento cultural En Rojo Ahí pude conocer a un montón de gente valiosa. Gallisá era miembro de la Junta del periódico, lo dirigió, colaboró siempre, y ahí conocí a un tipo con una seriedad y compromiso inquebrantable y que, de manera simultánea era capaz de conservar el sentido del humor y las ganas de vivir. Los cuentos de terror de mi niñez no tenían ninguna base que no fuera la ideología dominante y la prensa comercial al servicio de la oligarquía.

Gracias a mis “malas amistades” tuve el honor de conocer muy joven a gente de otra liga. Los héroes nacionalistas, Lolita, Irving, Collazo, Rafael, Carmín, y Claridad me permitió entrevistar y conocer, hasta el día de hoy, mujeres y hombres de gran valor humano. Sin embargo, a mí me gustaría destacar que aparte de esa fulguración abstracta de la Patria, la vida concreta, la vida diaria, el abrazo, las ganas de vivir, la trinchera de la alegría, el error y la certeza, la calidad humana de tantos y tantas que he conocido es lo que me convence de que la libertad y la defensa del agua, el aire y la tierra, son los modos de ser feliz. Entre esos que vi mostrar compromiso, seriedad, tristeza, felicidad, ganas de vivir y respeto a los que dieron la vida por lo que creían, está Carlos Gallisá. Mi recuerdo es el de un hombre dispuesto a luchar y a reír. 

Mi abrazo a Sofía.

 

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