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Opinión / Siete días

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El Gran Prestidigitador

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Por Manuel de J. González

Publicado: martes, 28 de julio de 2015

El 25 de julio de 2015 miles de personas se reunieron en Sábana Grande para celebrar la creación del Estado Libre Asociado. Así con mayúsculas, como si fuera un nombre propio. En los días previos de la "efeméride" todos los medios de comunicación dedicaron tiempo y espacio a hablar de la ocasión, no sólo porque la fecha se considera importante, sino porque entienden que conmemoran "algo" que efectivamente existe.

Si ése es el caso, si 63 años después de la "creación" todavía se habla de la criatura y miles de personas se juntan para aplaudirla, es forzoso reconocer que aquel grupo de líderes puertorriqueños que proclamaron ser sus creadores fueron exitosos al vendernos su "invento". Dicho de otra forma, que Luis Muñoz Marín tuvo un enorme éxito, no en acabar con el colonialismo, sino en vender la ilusión de su final y creerse él mismo el cuento de que había nacido algo nuevo.

Para atestiguar que no hubo tal cambio sólo tenemos que fijarnos en cuál era la norma jurídica vigente antes de los eventos de 1952 y cuál es la de ahora. El marco de derecho a mediados del siglo XX había sido establecido por el Tribunal Supremo de Estados Unidos a principios de la centuria en lo que todavía se conoce como "los casos insulares". Esa norma se resume en una frase que abarrota los oídos de aquellos que quieran oír: Puerto Rico "pertenece a, pero no es parte de, Estados Unidos". Éramos, dijeron entonces, una simple posesión obtenida como resultado de una guerra y sometida a los "poderes plenarios" del poder legislativo del imperio receptor.

¿Y cuál es la norma jurídica que está vigente ahora, 63 años después? Recién nos la acaba de repetir otra instancia de ese mismo poder judicial, el Primer Circuito de Apelaciones con sede en Boston. En el caso donde declararon inválida la legislación de quiebra aprobada por la Legislatura de Puerto Rico nos repitieron, por si a alguien se le había olvidado, que el Congreso de ellos sigue teniendo "poderes plenarios". Por tanto, si el Congreso decidió no incluir a Puerto Rico en su legislación de quiebra es porque no quieren que tengamos esa protección. Así de simple es la cosa, si aquéllos no quieren lo único que podemos hacer es rogarles. Es, como vemos, la mismísima norma de los "casos insulares" que nunca fue alterada por el hecho de que hace 63 años nos autorizaron a escribir una constitución para asuntos estrictamente locales.

Lo que pasó con la constitución que redactamos hace 63 años confirmó que la norma de los poderes plenarios no cambiaba. Luego de redactarla, ¡y después de que nuestro pueblo la aprobara en un referéndum! el Congreso la enmendó, eliminándole toda una sección. Como vemos, desde un principio nos dijeron dónde seguía residiendo el poder.

Y entonces, ¿por qué un grupo grande de personas se reunió en Sábana Grande a celebrar? ¿Por qué seguimos hablando del Estado Libre Asociado, con mayúsculas, como si de verdad existiera? ¿Por qué se habla de la necesidad de que esa "criatura" crezca, si para crecer hay que primero existir?

Esa celebración surrealista de algo que no existe lo que confirma es el gran éxito de Luis Muñoz Marín, Antonio Fernós Isern, José Trías Monge y otros, para vendernos como verdadera una cosa que nunca lo fue. Si algo tenemos que reconocerle a ese grupo, sobre todo a Muñoz, es su gran poder prestidigitador. Como un mago de feria, fue un maestro a la hora de vender ilusiones. Tanto lo fue que hasta él mismo se las creyó.

Cuando aquel grupo comenzó a trabajar, primero con la administración de Roosevelt y luego con la de Truman, efectivamente querían buscar el fin del colonialismo en Puerto Rico o, al menos, lograr reformas profundas que alteraran el carácter de "posesión colonial" impuesto en la realidad y confirmado en los casos insulares. Pero muy pronto se dieron cuenta de que, tras el fin de la última guerra mundial y con el inicio de la nueva Guerra Fría, Estados Unidos no estaba dispuesto a soltar amarras. En lugar de enfrentarse a esa realidad, luchar contra ella -no hasta el grado de la inmolación heroica como había hecho Pedro Albizu Campos, porque de eso no eran capaces, pero al menos denunciarla–, optaron por ir acomodándose al nuevo ambiente. Poco a poco fueron reduciendo sus miras hasta llegar al autoengaño.

Un ejemplo dramático es lo que ocurrió con las enmiendas a la constitución que ya había sido votada por los puertorriqueños. Muñoz pensaba que lo de someterla al Congreso, aunque de por sí indicativo de que el colonialismo subsistía, sería un mero trámite, algo que pasaría más o menos desapercibido. Cuando el Congreso la enmendó a fondo y hasta estuvo a punto de rechazarla porque en aquellos tiempos del macartismo parecía progresista, Muñoz chocó de frente con la realidad de que la "posesión" continuaba. Entonces, como gran prestidigitador, salvó cara volviendo a someterla a votación en Puerto Rico. Así nuestro pueblo "confirmaba" la acción del Congreso.

¿Y qué hubiese pasado si el pueblo rechazaba la constitución alterada? Muñoz sabía que eso no ocurriría, dado el poder político que conservaba, pero de haber ocurrido sencillamente no había constitución. Ése hubiese sido el paso correcto, pararse de frente al poder abusivo. Tal vez más tarde, tras plantarse a luchar, se hubiese logrado algún cambio verdadero, pero se optó por "salvar cara" mediante el autoengaño.

De ese juego ha vivido el ela (con minúsculas, por favor) desde entonces. Poco tiempo después del referéndum "ratificatorio", corrieron a la ONU a decirle a ese organismo que Puerto Rico había dejado de ser colonia y que Estados Unidos debía ser relevado de la obligación de rendirle informes a la entidad mundial. Lo triste del caso es que esa manipulación engañosa no fue promovida inicialmente por el beneficiado, Estados Unidos, sino por los propios líderes, los puertorriqueños, buscando encubrir sus vergüenzas. Uno de los participantes de aquel sainete, José Trías Monge, cuenta que fue Fernós Isern quien primero promovió la idea, luego apoyada por Muñoz. Como el propio Trías reconoció años después, de esa manera Puerto Rico perdió un mecanismo de presión que pudo haber ayudado a lograr el tan cacareado y nunca alcanzado "crecimiento" del ela.

A 63 años de aquello, en la celebración de Sábana Grande, el actual gobernador Alejandro García Padilla dijo, reaccionando a la última decisión del tribunal de Boston, que el ela "tiene que crecer". Como pequeño discípulo del gran prestidigitador, anda buscando votos para las próximas elecciones. Llevan más de 6 décadas viviendo de eso.

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